lunes, 3 de agosto de 2015

El manual de la mugre se titula desesperación

La última semana de campaña previa a las PASO, como no podría haber sido de otra manera, estará teñida --se espera que no completamente-- por la operación con que el Grupo Clarín, a través de Jorge Lanata, intenta ensuciar al candidato mejor posicionado en la interna del Frente para la Victoria bonaerense, Aníbal Fernández.

Todo este año se ha bailado a idéntico ritmo: la incapacidad opositora para competir respetablemente contra el oficialismo nacional deriva en la intrusión --más de lo que razonablemente se pudiera esperar y aceptar-- del escenario político por el establishment que desea evitar cualquier formato de continuidad del ciclo histórico en curso. Y resulta que la provincia de Buenos Aires alberga treinta y ocho de cada cien electores nacionales; que ponderando comparativamente series históricas de presentismo entre distritos, asciende a algo más de 40% del padrón. Dicho sencillo: allí se cocina el caldo definitorio de la cita que se celebrará dentro de seis días. Se sabe de sobra, pero es ineludible recordarlo.

Desde que el verano se inaugurara con el tristemente célebre episodio Nisman --artefacto prototípico de lo que vendría, sólo que más trágico--, hasta este enchastre, pasando por las acusaciones falsas contra Máximo Kirchner (por supuesta tenencia bancarias en el exterior) y Axel Kicillof (por honorarios que no cobra en YPF), la causa Hotesur o las bóvedas y la secretaria de Néstor Kirchner que finalmente no lo eran, todo forma parte de un mismo libreto, que cumple el rol de correr la discusión del territorio específico en que corresponde tramitarla, el político, hacia el judicial (o cualquier otra ajenidad). Entre que no conviene asumir la verdad, el programa enunciado por Miguel Broda, Carlos Melconian, José Luis Espert y Federico Sturzenegger; y lo ridículo que quedó Maurizio Macrì en su giro kirchnerista, se comprende la necesidad táctica de jugadas de este tipo.

Nada que sorprenda, excepto por el grado de virulencia o los inverosímiles formatos en que puede escalar cada nuevo manotazo de ahogado, de los que sospechosamente nunca falta uno cerca de cada elección; esta vez, a manos del ex periodista que hace algún tiempo prometió hacer lo que estuviera a su alcance para terminar con el kirchnerismo.

Se trata, en definitiva --y para no prolongarnos en cuestiones que ya de sobra hemos estudiado a lo largo de doce años--, de comprender que esto va más allá del actual jefe de gabinete de ministros del gobierno nacional y de la porfía que lo involucrará --y acerca de cuyo desenlace tal vez esto suponga algún tipo de noción--. "Si tocan a uno, nos tocan a todos"; se leyó mucho por estas horas en las redes sociales. Lejos de una pulsión corporativa, significa la comprensión política de la embestida. Que, en esencia, en nada se diferencia de las restantes referenciadas. "El ajuste se hace de golpe o a los golpes", amenazó Broda. Y Lanata ejecuta el disciplinamiento que a tal efecto se requiere. Claro que asumir este recetario no sería rentable en las urnas, de modo que Durán Barba recomienda hablar de la familia en las apariciones públicas.

Conviene entender, luego de desmalezar, que el ataque al funcionario se dirige en realidad a la voluntad popular que construye un rumbo político determinado. Al contrastarlo partidariamente, se expone la contradicción que, de fondo, lo impulsa: en buen romance, a quién privilegiará el próximo gobierno, sea cual fuere, con sus decisiones. Rutina clásica de todo recambio institucional: éste es el aviso para el sucesor de lo que le espera si no se somete a una fellatio incondicional.

Quedan pocas horas para comprobar si una vez más han sido capaces de transfigurarse con el chamuyo ético y republicano.

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