jueves, 6 de agosto de 2015

Cuidar el PASO hacia la continuidad

La campaña se cierra con la oposición mayormente girando alrededor de una denuncia falsa que el Grupo Clarín, a través del ex periodista Jorge Lanata y la facilitadora inmobiliaria Elisa Carrió, plantó contra Aníbal Fernández por presunta autoría intelectual de asesinato y tráfico de estupefacientes. Esa operación trajo, por decirlo suave, desarreglos en la interna del Frente para la Victoria en provincia de Buenos Aires. Heridas aún lejos de rangos preocupantes, pero que de todos modos merecen tratamiento urgente a partir del lunes próximo, cuando las urnas las salden.

La reaparición en escena de la presidenta CFK a la centralidad, sin embargo, sirvió para reubicar las discusiones en términos políticos, en el correcto sentido de la palabra: la contradicción de intereses que la impulsa, y a cuyo equilibrio y domesticación debe dedicarse prioritariamente.

El segundo aumento jubilatorio de 2015, que nuevamente superará cualquier cálculo inflacionario que se quiera considerar, pretendió ser contrapesado por la oposición partidaria, como no podía ser de otra manera, en Tribunales: un amparo para evitar la cadena nacional en que se anunció la buena nueva --excepción hecha de lo que al respecto opina el equipo económico de Maurizio Macrì--. Es decir, se pretendió aplicar la legislación electoral sobre la jefa del Estado, que no es candidata a cargo alguno en esta instancia. Pese a que iba por los fueros, decían. El Derecho como pretensión de suplemento político.

Se parece mucho a una subestimación del votante: considerados, de este modo, cual si fuesen una manada de incapaces de discernir qué proyecto político ha sido el factotum de esas realizaciones sólo porque se bloquea una transmisión televisiva.

Conviene recordar, a propósito de esto último, dos cuestiones: primero, que, al debatirse en el Congreso de la Nación la moratoria previsional, la fórmula de ajuste de haberes propuesta por el oficialismo fue contrastada por otra opositora que, en todos los casos, durante siete años de vigencia, habría otorgado cifras inferiores de aumento. Y por otro lado, las polémicas en torno al sustento (de financiamiento hablamos) de un sistema que, además de haber recompuesto considerablemente los montos jubilatorios, hoy alcanza al 97% de los pasivos --merced a dos moratorias que levantan ronchas en no pocos sectores sociales--. No termina de quedar claro si quienes dicen proyectar la sucesión de Cristina Fernández desde la vereda de enfrente acuerdan o no con la ampliación de la cobertura cobertura; al tiempo que, además, agitan el 82% móvil. 

Todo ello en conjunto con promesas a los sectores privilegiados de podar la pauta impositiva que permite hoy al Estado estos reconocimientos. La ecuación no cierra por ningún lado. Y se hace peor cuando a propósito de estos expedientes se menea el Fondo de Garantía de Sustentabilidad, lo que implica poner en riesgo una herramienta formidable para lubricar la actividad económica, mientras se obliga a ANSeS sin atender a la proyección de esa decisión en el tiempo. 

Los asuntos previsionales, a su vez, reconducen siempre a la decisión de reestatizar la administración del esquema en 2008 como capítulo más trascendental en la reconfiguración económica que atraviesa el país desde hace doce años. La cortaremos acá con nuestra ya hartante alusión a la incapacidad de polemizar de que adolece la oposición, que deriva los esfuerzos hacia territorios ajenos a los que deberían ocuparlos. Nadie se alimenta con el Código Electoral de la Nación ni con investigaciones periodísticas: en tanto se comprenda esto, se diseñará mejor la estrategia electoral. Bien, pues, por la conductora del espacio que, sin dejar de responder a infamias, atiende prioritariamente los negocios de que depende el desempeño de su espacio.

No obstante todo, leídas las pasadas en limpio que los cerebros más lúcidos del pensamiento conservador (como Carlos Pagni) hacen de las pedradas que se encargan al personal menos sofisticado (Lanata/Carrió), se entiende que el objeto de esta empresa es el de socavar la solidez del peronismo. Que se expresa en el cierre en la fórmula Daniel Scioli-Zannini como moño de una edificación que se labró con el mayor pacifismo que recuerde la historia del movimiento fundado por Juan Perón en años. Que duró, chisporroteos menores al margen, hasta esta semana. Es lógico: la esterilidad ajena es, presumiblemente, lo que redirige expectativas hacia territorio oficialista.

Las conquistas de la década que hilaron Néstor Kirchner y CFK se elaboraron a partir de una voluntad política firme que encajó en una arquitectura partidaria potente. No hay lo uno sin lo otro. Y si se responde al enchastre con el poco tino de dividir el campo propio se deja campo orégano al establishment que pretende una política débil en relación al statu quo.

Se trata, sencillamente, de no caer en lo que parecería ya una tentación de los mejores ratos en el FpV: chocar la calesita.    

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