miércoles, 8 de julio de 2015

Del Partenón a Plaza de Mayo: la trascendencia del caso griego para los desafíos argentinos

<<(…) Desde que se constituyen los bloques extraregionales en el mercado mundial; esto es, (…) la Unión Europea, los EEUU con el NAFTA (…); China, que es una especie de subcontinente propio, la posibilidad de hacer política de verdad, con estas condiciones, supone la Unasur. Sin una estrategia sudamericana vos no tenes nada. Y la Argentina es escandalosamente provincial. Mira el periodismo argentino, todo (...) Mira lo que se llama un analista político: todos creen que es más importante la interna radical de Trenque Lauquen que lo que sucede en el PT o en el sindicato de los metalmecánicos en San Pablo, que es mucho más importante como política sudamericana. (…) De un asunto se ocupan todos, del otro no se ocupa casi nadie. (…) este proyecto, que ellos ejecutan continuamente, (...) no forma parte del debate político argentino. Y esto es lo grave. (…)>>

* * * 

El párrafo con que elegimos inaugurar este texto corresponde a una participación de Alejandro Horowicz en el programa La Historia en Debate, que conduce Eduardo Anguita en la señal de cable CN23, a mediados del año 2012. Y nos viene al pelo para elaborar un comentario breve acerca del desprecio que hizo prácticamente la totalidad del sector adversario al gobierno nacional del debate público argentino --entendiendo aquí tanto a dirigentes opositores como a comentaristas en general, en su conjunto-- del referéndum celebrado en Grecia el domingo último, que acabó con una definición electoral de rechazo al programa de ajuste que la troika europea pretende imponer al gobierno heleno. Obstinados en recetarios del fracaso.

Un desinterés incluso exhibido casi en forma (extraña) de orgullosa convicción doctrinaria. Una dirección disparatada. Veamos.

No se trata, por cierto, ni mucho menos, de coincidir plenamente con el alegato de Horowicz; quien, de hecho, tal vez exagera para el otro lado, en su banalización de los comicios locales. Que son esenciales, cada vez más, en la dinámica de la construcción de poder en Argentina. Y respecto de los cuales, por otro lado, lejos de haber la atención conveniente en cuanto a sus especificidades, hay mera utilización climática en función de la discusión presidencial venidera. Pero eso será tema de novedades editoriales a estrenarse en breve; por ahora, retomemos la huella por la que veníamos. Se intenta, sí, en cambio, argumentar a propósito de los riesgos a equivale amputarse la dimensión cosmopolita en la acción política.

Decía Juan Domingo Perón que la política internacional de un país es reflejo y extensión de su política interna. Es particularmente sugerente que se soslaye el expediente griego de la forma en que se lo ha hecho, sobre todo por la modalidad que Alexis Tsipras escogió para tramitarlo. Habida cuenta el avance indetenible y vertiginoso de la globalización, mal puede pensarse que el impacto de ese sufragio será nulo en términos de las relaciones internacionales. 

Una dirigencia argentina con voluntad de algo más que apenas administrar el statu quo debería interesarse en esas resonancias. El país está actualmente en plena reconfiguración de su tablero geoestratégico, proceso que se inició a partir de confirmado el fallo de Griesa en el litigio por la fracción buitre de la deuda externa en los tribunales de Nueva York.

En la última entrevista que concedió a la Agencia Paco Urondo, Manolo Barge describió de manera cruda la arena en que se cuece la disputa modélica entre el establishment y la soberanía popular: <<(…) ¿Quién es el desacatado? Es alguien que está ante un superior y se le para de mano. (…) se está ampliando mucho la base de sustentación. Ya no hablamos de 1 presidente, 24 gobernadores y los legisladores nacionales. Estamos hablando de 200 tipos en todo el país, que tienen detrás 40, 60 o 100 mil tipos que los votaron. Ese tipo se para frente a un Rocca o un Magnetto y le dice: “vos serás fulano de tal, pero a mi respaldan estos 50 mil tipos que me votaron y a los que tengo que responder”. (…)>>

Tsipras encara el desafío a la bancocracia apelando al espesor que otorgan las urnas en una mesa de negociación, de cuyo mantel --que se entienda-- no tirará (todavía) bruscamente, pero frente a la cual está dispuesto a negociar más que dosis de vaselina. Agitó un recurso que causa pánico entre los mandamases europeos, por su hipotética capacidad jurisprudencial en el contexto de un continente que está a escasas gotas de un desparramo superlativo si esto genera efecto contagio.

El reflejo automático que en relación a cualquier pronunciamiento de la presidenta CFK sufren sus adversarios les impide posar sus miras más allá de la nariz. Ni en beneficio propio, ni de autodefensa, tan siquiera. Entre eso y su dependencia conceptual del Círculo Rojo doméstico, se perfecciona lo que en definitiva termina siendo una renuncia a pensar el país. Y es la misma ceguera que les impide incorporar el dato griego articuladamente en sus estrategias. Por no aparecer coincidiendo con el kirchnerismo. Lo que los condena al suicidio que supone cualquier otra postura que el desacato al decisorio con que los tribunales norteamericanos agasajan a Paul Singer y compañía, en una maniobra a varias bandas, pero que en cualquier caso se pretende un castigo al peligroso antecedente de las exitosas reestructuraciones de deuda argentinas de 2005 y 2010.

La decisión de Cristina Fernández de conjugar, en su respuesta a esa agresión a la soberanía nacional, las novedades que trae al menú de opciones el agotamiento de la unipolaridad de Washington a expensas de las irrupciones de China, Rusia y otros actores de menor rango pero igualmente considerables, proveyéndose de allí lo que hasta aquí se conseguía a través del territorio que se abandona para eludir las sanciones, es suficientemente demostrativa de las distancias que separan a su proyecto político del de sus antagonistas --si es que así se le pudiera llamar a lo que hacen--.

Así, entonces, en el marco de una disputa sucesoria polarizada, las alusiones atenienses de Daniel Scioli no son casuales.

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