viernes, 5 de junio de 2015

Los costos del amateurismo

El domingo pasado, Jorge Lanata volvió con su envío semanal de operaciones cloacales; y el lunes próximo el ex secretario general de la CGT, Hugo Moyano, encabezará una huelga general contra el gobierno de la presidenta CFK, pretextado en la cuarta categoría del impuesto mal llamado a las Ganancias, tal lo acostumbra desde 2012, agenda que le significó su actual derrumbe político.

Estos dos acontecimientos, prima facie y en apariencia inconexos, en realidad pueden ser organizados bajo una única síntesis conceptual, referida hasta el hartazgo en este sitio durante el presente año: se trata de --en este caso-- dos maniobras que se proponen socorrer las deficiencias de las formaciones partidarias regulares en cuanto a la estructuración de un instrumento capaz de derrotar al Frente para la Victoria en el trámite sucesorio de Cristina Fernández. Para peor, conforme se acerca el epílogo institucional de la primera mandataria, y se constata que su centralidad se potencia, el establishment va cayendo en la cuenta del progresivo debilitamiento de las variables legales como elemento determinante de las características del próximo capítulo histórico, designación que de por sí ya resulta de dudosa exactitud.

No se intenta aquí acusar una conspiración de proporciones tales que logre encolumnar todos estos expedientes en función de los caprichos del Círculo Rojo, pero es innegable que cada uno de estos movimientos se insertan en un mapa general que, ineludiblemente, los atraviesa. Al decir de Mao, existen contradicciones principales y otras que son de tipo secundario.

Las cosas no han venido saliendo como se esperaba. Aún en la hipótesis de que finalmente hubiese acuerdo entre Maurizio Macrì y Sergio Massa, el jefe de gobierno porteño estaría sumando un producto ya muy devaluado del mercado comicial. Ello dado el vaciamiento que, a modo de estampida, se ha producido desde el Frente Renovador hacia el FpV en las últimas semanas. Esta deriva confirma a la vez la reconstitución de la robustez del kirchnerismo, que se escenifica en convocatorias masivas y en la entidad intacta de CFK en definiciones electorales aún al cierre de doce años consecutivos de gobierno: por caso, el peronismo mendocino ha agitado bandera blanca, y solicitó a la conducción nacional del peronismo una mano en la tarea de dar vuelta el resultado de las elecciones primarias locales, favorables a la mega entente gorila.

Al margen que el manejo de los tiempos de ambos dirigentes opositores fue deficiente, el dato interesante es el de los corrimientos de bases sociales, que se intentan ocultar en la superficie, pero de los que los jefes territoriales tienen acabada noción, lo que los lleva a ejecutar en consecuencia. La electorabilidad organiza los cierres. Por tanto, hoy en día el ex massismo es un costillar del que sólo quedan los huesos, porque la carne ya se la ha llevado el kirchnerismo.

La incapacidad de observar más allá de lo cupular es lo que induce a impulsar sumas aritméticas que terminan cayendo en saco roto, porque surgen de la desconsideración del fenómeno de la representatividad, pues supone que las mediciones son atributos inmanentes de los individuos y no expresión de una puja social. Fenómeno que linkea a la perfección con asuntos tan escasamente convocantes como el suicidio del ex fiscal Alberto Nisman, cuya conversión a asesinato Lanata insiste en resucitar, sin suerte, porque a posteriori de las "revelaciones” de su emisión no se ha verificado ningún estallido ciudadano; o la protesta por el gravamen sobre los salarios más altos, que por tratarse de una minoría al interior de los segmentos asalariados convirtió a Moyano de pieza a considerar en los armados electorales en 2011 a discutir la interna de la AFA ahora. Dicho sencillo: no todo aquello que genera rating se corresponde en impacto popular significativo.

No debería descartarse, de hecho, que el jefe camionero esté efectivamente pegando para rascar algo en la olla de la rosca. Lo que demostraría que no entendió nada en estos cuatro años en los que por la misma vía retrocedió a su actual esterilidad.

La expectativa registrada en los mercados cuando corrieron rumores de entendimiento PRO/FR, a las mismas horas en que Wado de Pedro no da abasto para posar en fotos con intendentes del conurbano de PBA que le solicitan su reincorporación al peronismo, alcanza para alertar acerca de las pertenencias de cada sector. Es de suponer que Pilar, Merlo u Olavarría aglutinen mayor cantidad de sufragantes que la City. Y, sobre todo, otros intereses. Esto al margen que, bien apuntó Gerardo Fernández, el casi angustiante reclamo a por un acuerdo de ese tipo vuelve lógico pensar que, en realidad, quienes no desean ninguna forma de continuidad del actual ciclo manejan --hacia sus adentros, claro-- escenarios derrotistas.

Las razones del voto son más sustanciales: la sociología kirchnerista, quizá insuficiente para triunfar en una porfía presidencial, pero muy vasta en relación a los porcentajes constitucionalmente necesarios a tal fin como para despreciarla, se relaciona muy fuertemente, en términos de bienestar e identificación cultural, con el proceso inaugurado en 2003. 

Abstenerse de siquiera un intento de intervención de ese vínculo por vía de una oferta electoral seductora que siembre en tales segmentos supone poco menos que un suicidio. Una renuncia a la victoria sin ingresar a la carrera.

Carlos Pagni trazó una sofisticación del concepto clientelista como fundamento de las ventajas del oficialismo en las urnas. Habló de insuficiencias en el programa de la presidenta de la Nación respecto de quienes no necesitan del Estado en el desarrollo de su vida privada, en relación a los que sí dependen de ello. La formulación es ingeniosa, bien que se trata de una de las mentes mejor formadas del establishment. Podría refutarse, eso sí, sólo con la mención de las cuantiosas sumas que destina el gobierno nacional en materia de subsidios a los servicios públicos. Cuya eliminación tal vez alcanzaría para poner en duda la tesis del periodista. Pero también podría uno optar por responder invirtiendo ese razonamiento, preguntando qué ofrecen los adversarios de la jefa del Estado a sus seguidores a cambio de una modificación en tales preferencias.

El interrogante, en definitiva, debería mover a Pagni a reflexionar a propósito de aquello de que los pueblos no se suicidan.

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