lunes, 1 de junio de 2015

El drama de la irrelevancia

"(...) Las masas avanzarán. Con los dirigentes a la cabeza... o con la cabeza de los dirigentes. (...)" 
(Juan Domingo Perón)

A principios de marzo, cuando publicamos, aquí y en Facebook, este tweet del amigo Nestor Sbariggi, muchos compañeros plantearon, legítimamente, temores en cuanto a la conveniencia de un hipotético triunfalismo de nuestra parte. 

Les sonaba excesivo lo allí dicho, obviando que se trataba de información, que no de opiniones. Y, en igual sentido, siguen dudando a propósito de la ecuación costo/beneficio que implicaría para el Frente para la Victoria una renuncia de Sergio Massa a su carrera presidencial, que a esta hora es cada vez más probable. Va de suyo que toda presencia electoral que coseche --siquiera mínimamente-- en territorio opositor es bienvenida. Y Massa fue eso, durante un buen tiempo. En proporciones difíciles de precisar, porque en 2013 se sustentó tanto en voto gorila como en una división del acompañamiento que plasmó el PJ-PBA en 2011. Sumando lo obtenido por el ex intendente de Tigre y por Martín Insaurralde en las PASO de hace dos años, y comparándolo con el desempeño bonaerense de la presidenta CFK en su reelección, se advierten fácilmente insignificantes las diferencias. Pero, de todos modos, allí estaba el marido de Malena Galmarini para dividir el campo adversario.

En cualquier caso, ni entonces ni ahora existió ese 70% de impenetrable antikirchnerismo que tanto agitó el establishment, primero para sentenciar el cada día más inverosímil fin de ciclo, y luego para impulsar amalgamas electorales imposibles. Ahora bien, conforme el massismo se fue diluyendo, creció --primero-- la candidatura de Maurizio Macrì, aunque en una magnitud que no le permite todavía alcanzar al kirchnerista mejor posicionado, Daniel Scioli. Y que ahora, luego de un salto considerable a principios de año, se ha amesetado. Lo que hace pensar que ya ha succionado todo lo que podía de lo que Massa había sumado entre las elecciones primarias y las generales que lo consagraron diputado nacional en 2013: poco menos de 25% de aquel 44%, lo más duramente disconforme con el proceso histórico inaugurado en 2003. 

En cambio, cuando se estudian las fugas de los intendentes que fueran pilares del Frente Renovador (la propia inteligentzia massista hoy abjura de ello, que antes agitaba, y centra en Massa la única razón de todo, derivando a una fase carismática, que en realidad refleja el vaciamiento progresivo), rápidamente comprende que, salvo Jesús Cariglino y Gustavo Posse, que ya no formaban parte del FpV en 2011, el resto ha emprendido el retorno hacia el dispositivo organizado por CFK. Humberto Zúccaro argumenta que ello se debe a que 8 de cada 10 de sus militantes rechazaban la posibilidad de acabar en un acuerdo electoral encabezado por Macrì. Casi las mismas proporciones que contaba el ingeniero experto en rosca. Lo que remite tanto a cuestiones ideológicas como a la sobreabudancia que supondría una mega confluencia opositora en términos de armados de listas subancionales. Y, por supuesto, al riesgo distrital que supone un ancla al tope de las boletas.

Cuando se entiende que en política, si bien no puede negarse el impacto específico de las individualidades, éstas resultan en última instancia el emergente de estructuras sociales, que son las que en realidad litigan intereses, y a cuya significación institucional se debe corresponder, nada en este desarrollo puede extrañar. Y no hay trompadas que puedan solucionar esto.

El massismo se instituyó sobre varias razones, pero que en el fondo respondía fundamentalmente a una tensión interna mal resuelta con la conducción nacional del FpV, siendo en cambio la pertenencia sociológica de ambos segmentos, en lo general, compartida. No se trataba --no mayormente, que se entienda-- de un acompañamiento a Massa per se, sino de una combinación de situaciones que elaboraron una nueva mayoría. Que, a la vista está, fue meramente coyuntural. La pavada del business del país dividido que inventaron los dadores de materia gris del FR, que a su vez prohijó la ancha avenida del medio como pretexto del espacio, nunca tuvo el menor anclaje popular real. Conforme esto fue quedando claro, Massa se angostó entre los extremos de la polarización, porque el voluntarismo no basta para torcer la dinámica de la Historia.

"Nada, nada queda en tu casa natal.
Sólo telarañas que teje el yuyal."

(Nada. Julio Sosa)
Con la continuidad del kirchnerismo como perspectiva cada vez más consolidada, en el marco de una discusión que tiene al programa de reivindicación histórica de la esencialidad peronista en el eje de la disputa (con las derivaciones que ello puede suponer para las bases de cada dirigente), la realidad está empujando las piezas del tablero hacia su cause --digamos-- natural. Y cada uno de los jefes comarcales ejecuta en consecuencia, según entiende que mejor puede interpretar esas realidades, de las que son producto. Las PASO, por su parte, ordenarán lo relativo a los apetitos. 

Massa habrá creído, equivocadamente, que todo se debió a una elaboración exclusivamente propia, y por ende perdió el pulso de los acontecimientos tanto como la posibilidad de maniobrarlos en su provecho. No dio la talla.

En conclusión, si el tigrense decide insistir en su aventura nacional, bien; y si no, también. Ya resulta indistinto.

3 comentarios:

  1. "Nada" no es de Julio Sosa, sino de -ya lo googleo- José Dames (música) y Horacio Sanguinetti (letra). En el tango, a diferencia de otros géneros "musicales", el trabajo está especializado: le que escribe letra, el que compone música, el que canta, el que toca, el que arregla.

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  2. Otro sí digo: este post apareció en http://tallerlaotra.blogspot.com.ar/ el 31/05. ¿Cómo puede ser?

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    1. Lo escribí en Facebook el viernes pasado con la idea de republicarlo aquí hoy, pero antes me lo pidieron de ese blog para ayer y se los cedí también.
      Pero, ¿quién sos? No me sale tu nombre.

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