lunes, 18 de mayo de 2015

Urtubey en la dinámica de la humildad

Juan Manuel Urtubey amplió la ventaja que había obtenido en las primarias salteñas y obtuvo su tercer mandato como gobernador en la frontera norte del país.

Hay, en verdad, muy poco para agregar a lo ya dicho hace aproximadamente un mes, cuando se inauguró en Salta la larga marcha de capítulos distritales que desembocarán al final del camino en las elecciones presidenciales de agosto/octubre, pero que a su vez también representa cada una de ellas una especificidad con lógicas propias, multiplicidad de fraccionamientos minoritarios de cuya articulación depende que se pueda hablar verdaderamente de una dimensión nacional. La suma de las partes, en este caso, más que superar al todo lo constituye esencialmente, en una complejidad de difícil organización, máxime para las pretensiones en extremo rígidas del análisis mediático dominante, livianito por definición.

Sin embargo, lo que en términos cuantitativos es escaso, resulta sin embargo un gigantesco dato político, que explica mucho acerca de lo que se ha movido en el tablero electoral durante estas cuatro semanas, y que refleja las variables que se vienen desarrollando mucho mejor que las proyecciones mecánicas de cifras que a menudo se intenta de los comicios locales en una u otra dirección. Fue precisamente el encuadre que eligió el vencedor otorgar a su éxito la nota singular de la jornada.

Urtubey ofreció un discurso triunfal de fortísimo alineamiento con el oficialismo nacional, ponderando la figura de la presidenta CFK --paradójicamente-- mucho más que en sus dos victorias previas (2007 y 2011), justo ahora que ella se acerca a su ocaso institucional; reconociendo además la interna competitiva que se aproxima por la postulación sucesoria del Frente para la Victoria como método de copamiento escénico, más allá de lo conocido de su mayor afinidad con Daniel Scioli --y, vamos, de la ventaja que lleva el gobernador bonaerense sobre Florencio Randazzo--. Y, sobre todo, se insertó comprometidamente en la disputa que se avecina, aún en la tranquilidad de su confirmación como primer mandatario de su provincia.

Se trata, entonces, de la mejor demostración de lo dicho en nuestro último post a propósito de la perspectiva ganadora del FpV y de la enorme valoración de Cristina Fernández como elementos ordenatorios en esta coyuntura, en el marco más amplio de la tibia pero progresiva reconstrucción partidaria general que están operando las PASO en los cimientos políticos argentinos, cuestiones, todas éstas, que seguramente hayan inducido a Urtubey a ratificar su ubicación nacional; habida cuenta que el debate que en particular lo envolvía ayer estaba resuelto desde hacía ya largo rato. 

El mensaje de Urtubey, entonces, se inscribe en la saga de aceleración de los movimientos preparatorios que se verificaron al interior del peronismo desde que la presidenta de la Nación convocó a un baño de humildad a sus compañeros, en función de una apuesta a la racionalidad del espacio que conduce, estipulado ya que ella irá a la cabeza de la empresa continuista.

Podían subsistir dudas, pues las diluidas eran candidaturas inviables; pero hoy se materializó poder territorial en ese sentido.

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