martes, 12 de mayo de 2015

La ancha avenida del abandono

Apenas el mozo sobreviviría de esta foto.
Las salidas de Darío Giustozzi y de Jesús Cataldo Cariglino del Frente Renovador exponen el grado profundo de descomposición política que por estas horas sufre la fuerza que ¿conduce? Sergio Massa. Drama que, si bien se mira, circula alrededor de las complicaciones estructurales irresolubles de que adolece la oposición en general para darse una alternativa competitiva para afrontar la disputa sucesoria que se aproxima. La proyección nacional le ha significado al esposo de Malena Galmarini agudos dolores de cabeza desde la noche misma de su triunfo de 2013 en provincia de Buenos Aires, con 44 puntos cuya naturaleza parece no haber comprendido, lo que constituye a la vez causa y efecto de sus padeceres.

El massismo se organizó a partir del quiebre con el Frente para la Victoria de un encuadramiento de intendentes bonaerenses con alta electorabilidad propia, que fraccionaron la sociología electoral que en 2011 había sido compartida con la presidenta CFK y el gobernador DOS (pack que voló entonces a alturas que asustaron). Y que se sintetizaron en la figura más instalada del ex intendente de Tigre, que potenciaba la ecuación por su volumen específico como condición necesaria pero no suficiente de la competitividad del espacio. Todo esto sumado a una alianza limitada al distrito que concentra más de 40% del padrón total del país con Maurizio Macri, a otros acuerdos de menor rango, y en el contexto de un clima de antikirchnerismo en su punto de ebullición, otorgarían al FR la categoría de ganabilidad necesaria para succionar voto disconforme entre las PASO y los comicios definitivos en que derrotó a Martín Insaurralde.

Se trataba, pues, el ex jefe de gabinete de Cristina Fernández, de un primus inter pares, que cuando emprendió la tarea de desplegarse federalmente extravió el sentido de las proporciones del cóctel heterogéneo que estaba llamado a equilibrar.

La imposibilidad de acrecer hacia el PJ estuvo dada tanto por la decisión de quienes habían permanecido en el FpV de amurallarlo a través de su reactivación jurídica y operativa en su órdenes nacional y de PBA, como por la incongruencia que le habría supuesto al massismo una jugada tal en el marco de su discurso de pretendida prescindencia en la polarización abierta en torno al oficialismo nacional, con que anhelaba prolongar su siembra transversal. Pero cuya utilidad es acotada a una renovación legislativa, porque un recambio presidencial impone la evaluación acerca del gobierno en curso. Ese laberinto inaugural arrojó a Massa a explorar variantes que supusieron nuevos escollos y contradicciones internas a medida que giraba tácticamente --incontables veces--, que pretendió saldar a través de un decisionismo para el que nunca contó con recursos. 

Esta deriva se expresa en los patéticos actings expulsivos de quienes en realidad ya están idos, en lo que pretende ser una ostentación autoridad, que no impacta popularmente porque se trata de una cuestión escasamente convocante, pero que fundamentalmente es estéril para impresionar al establishment como el diputado desearía. Y que, va de suyo, caen como patada al hígado en dirigentes cuyo largo recorrido no tolera bravuconadas semejantes.

La billetera del Círculo Rojo se hace imprescindible para suplir sus carencias en términos de desarrollo en el interior del país, pero obtiene como respuesta que el anuncio de Giustozzi se efectuó en... el diario Clarín. La angustia, obviamente, empeora conforme se acerca el momento de las urnas. Claro que no se debe sobreestimar la incidencia de los circuitos que rechazan cualquier formato de continuidad del kirchnerismo en las arquitecturas partidarias que dicen proponerse reemplazarlo, pero sí aprovechan estas desinteligencias, que fluyen cada cual según sus particularidades, para insertar sus llamamientos a por un entendimiento Massa/Macrì, basado en un análisis precario del encastre de las fotalezas y debilidades de ambos (PBA para Massa/Santa Fe, Mendoza, Córdoba, Entre Ríos y CABA para Macrì), que agravan la ventaja del FpV.

La encrucijada, para colmo, recrudece a poco que se conocen datos del adentro que gradual y tibiamente van confesando que, de bajarse Massa, la mayor parte de sus electores irían de regreso hacia el kirchnerismo, en relación casi 70/30. Así las cosas, ninguno reúne las condiciones requeridas para imponer al otro una orientación que encima no garantiza mucho. 

El último viraje del abogado de dudosa cualificación denuncia una admisión en cuanto a la caída que le advierten las encuestas, y que, en consecuencia, engendra un repliegue defensivista indesmentible: se ha resignado a competir en las PASO, aunque será un procedimiento testimonial, contra José Manuel De La Sota. Un desplazamiento que busca blindar su bastión principal --suponiendo que siga siéndolo-- y sumarlo a lo que podría aportar el gobernador cordobés desde la segunda densidad demográfica argentina y así tratar de arañar un balotaje que cada vez menos consideran seguro. ¿Algo más? Sí, Jorge Asís escribió acerca de esto que incluso en segunda vuelta es altamente probable un triunfo cristinista.

Demasiados naipes para una sola choza. En última instancia, y más allá de lo que refutan inútilmente desde sus vocerías, sobre todo las digitales, si los caudales renovadores permanecieran intactos no necesitaría de tanto ensayo pactista distinto. 

A cada nueva fuga responden negando a los desertores el "combo electorabilidad+territorialidad" a que atribuían el éxito de la revolución de los coroneles cuando aquella se gestó. Sólo Massa, así, "mediría", con lo que se desvían a una fase carismática que imputaban a la jefa del Estado como móvil de sus excursiones hacia nuevos rumbos.

El contenido tácito del convenio Massa/De La Sota encendió alarmas de temor en los niveles subnacionales del FR a la posible tracción negativa de una postulación en declive. La crisis se perfecciona si a todo eso se suma el descontento por decisiones inconsultas y/o que erosionan los basamentos iniciales del armado, entre las que se sobresale la incorporación de Francisco De Narváez, que entraña una postergación de la utopía municipalista como nueva instancia decisoria. Los que fueran pilares del experimento disparan aterrorizados en diversos sentidos. El desencuadre político de un rompecabezas cuyas piezas no encajan por ningún lado se hizo patente en el discurso delirante con que el ex titular de ANSES pretendió que se relanzaba en el estadio de Vélez Sarsfield, y debido al cual la enorme convocatoria pasó a segundo plano.

Mientras insistió con un rótulo moderacionista, aceleró apelaciones gorilas que golpean con desespero a las puertas del oposicionismo más cerril, lo que evidencia que también ha tomado nota de que la ruptura con Macrì le ha arrancado un pedazo de lo que no le sobra, y manotea para recuperarlo. Pero genera incomodidad en algunas de sus bases, al tiempo que desnuda su fragilidad. Otro tanto de los sectores que lo acompañaran, se dijo, van de retorno al FpV, a medida que el gobierno nacional, si bien corrigiendo en aplicación, sostuvo los fundamentos que le valen la fidelidad popular dura que lo sostiene hace 12 años y con paisaje de continuidad. El cuadro presente muestra a Massa en un no lugar, el peor el que existe.

La última de las novedades inesperadas resulta ser el compromiso de CFK con el triunfo peronista, incluso jugando su propia participación en las boletas, que desmiente la opción Michelle Bachelet y aterra a varios de sus eventuales competidores bonaerenses. Ese dato ofrece una perspectiva distinta a quienes cavilan acerca del rendimiento de su anterior garrochazo.

Luego de prestar atención en detalle a estas idas y vueltas, se comprenden mejor los motivos de tanto machaque a propósito de un asunto tan poco taquillero para el grueso de los votantes como las peripecias de Ricardo Lorenzetti y asociados.  

Es de las pocas formas con que pueden esquivar la atmósfera derrotista que los va acorralando paulatinamente.

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