jueves, 7 de mayo de 2015

Arrugue... (por ahora)

(Ineludible, para entender, creemos, leer la primera parte de esta serie, acá.)

El operativo clamor con que Ricardo Lorenzetti pretende reimpulsarse en su carrera hacia rumbo impreciso, pero que en cualquier variante apunta a su inserción definitiva en las estructuras de poder permanente, inmunes a ningún tipo de control popular, ha ingresado, sólo transitoriamente y hasta nuevo aviso, a fase de paréntesis. Aunque de modo desprolijo, debido a que se dificulta indagar allí por el blindaje construido por el presidente de la Corte Suprema de Justicia para resguardar sus zonas de influencia --que los circuitos de antagonismo al gobierno nacional refuerzan por sus propias razones--, los hilos de la jugada quedaron expuestos en su burda obviedad. 

Se trataba de algo tan simple como que alguien pusiera voluntad en el examen de las conductas extremadamente estrambóticas --siendo, de nuevo aquí, en extremo suaves en la adjetivación-- del jefe del PJ (por sus siglas, Partido Judicial).

Armisticio mediante y todo, la humareda difícilmente logre que se pierda de vista la crisis en que se encuentra inmersa la Corte, cuyas dimensiones son aún difíciles de mensurar, pues es muy reciente su desestructuración, imposible de respaldar argumentativamente. Circunstancias desgraciadas (los fallecimientos de Carmen Argibay y Enrique Petracchi), legales (el cese constitucional del mandato de Eugenio Zaffaroni, quien además optó por no renovarlo) y médicas (la definitiva senilidad de Carlos Fayt, y achaques menores pero de todos modos significativos de Elena Highton de Nolasco y Juan Carlos Maqueda) se concatenaron casi a modo de confabulación, y se derivaron en una situación extraordinaria que Lorenzetti aspira a congelar porque de ese modo termina siendo casi el único supremo que ejerce en condiciones plenas.

No hace falta explicar cómo aumenta su señorío en un contexto semejante, en simultáneo con el consenso que ha sabido ganarse al interior del gremio que dirige de una forma que no por sofisticada deja de asemejarse al caudillismo más tradicional. La corporativización de la famiglia crece conforme el rafaelino pelea mayor poder para aprovechamiento de sus colegas. 

Ahora bien, por idénticos motivos a los que relajan los límites a la actuación de los magistrados, se resiente, en paralelo, la calidad técnica de los dictámenes. El deterioro ya se hace notar en fallos como el famoso de los conjueces en que Lorenzetti se contradice en un mismo texto entre los requisitos que estima imprescindible exigir a los suplentes abogados, pero que en cambio juzga descartables en cuanto a los sustitutos provenientes de las cámaras federales de apelaciones. 

Y todo puede siempre ser peor. Hace pocas semanas, la Corte dictaminó que no resulta posible presumir la existencia de relación de dependencia en el caso de un médico anestesiólogo que ejerció durante más de tres décadas bajo el formato de locación de servicios, pese a que siempre facturó al mismo contratante en dicho lapso, cumplía carga horaria (realizaba guardias activas y pasivas) y existía subordinación técnica en el vínculo. El Derecho del Trabajo vigente contiene regulaciones muy minuciosas para evitar los fraudes (camuflaje del contrato de trabajo, verdadero y más costoso, con otro; de tipo civil o comercial, propio de una igualdad de partes que en el territorio laboral no existe), formuladas justamente a partir de notas características idénticas a las que Lorenzetti utilizó para dictaminar por entero al revés de lo que debió. 

Tenía cuatro patas, movía la cola cuando se ponía contento y ladraba, pero la partera, sin embargo, dijo gato. No estamos ante un yerro menor, en la mejor de las hipótesis; por no sospechar algo más grave: la apertura de un portón gigantesco para renovadas maniobras de precarización laboral, por las implicancias doctrinarias del veredicto en comentario.

Se comprende, así, la defensa que el Círculo Rojo hace ahora de quien en ocasión del caso Clarín despedazó. Lorenzetti, a su vez, cuenta con anchuras para manipular giros temporales y de alianzas. Muy afortunadas efectividades conducentes.

Digresión: cuando, entre 2008 y 2009, la Corte, en su integración previa, completa, resolvió dos veces contra los basamentos esenciales del modelo sindical argentino a través de una interpretación con la que es posible disentir pero cuyo rigor doctrinario es incuestionable, Mariano Recalde, en su rol de catedrático universitario, escribió una serie de artículos en los que estimó, criticando tales resoluciones, que la a su ver deficiente reflexión del tribunal se debía, tal vez, a que de la ausencia allí de especialistas en la materia devenía esperable una sentencia precaria. Pareció una conclusión poco sensata, en su momento, y sigue siendo no del todo atinada. Pero al cabo de un tiempo aparece Eugenio Zaffaroni recomendando incluir expertos en distintas áreas del Derecho. Y la decisión de Lorenzetti antes aludida parece confirmar estas tesis.

Volviendo, la ausencia de negociación político-partidaria para completar la integración de la Corte Suprema, que a esta hora supone la única vía de pacificación posible, y que la oposición partidaria deniega --con beneplácito del establishment--, es otra de las diagonales que se cruzaron a favor de este marasmo. Lorenzetti no proyecta operar a favor de un entendimiento que se corresponda mejor con la imagen de garante institucional que cultiva a través de diversos recursos, entre los cuales figura la creación de la agencia noticiosa judicial, que protagoniza cual héroe de telenovela. La razón es sencilla: el eventual ingreso al cuerpo de ministros activos, y más prestigiosos académicamente que él --para lo que no es preciso demasiado, recordar el episodio de la cosa juzgada en la causa Embajada de Israel--, angostaría sus actualmente inmensos márgenes.

Fue, de hecho, mediático el destino de sus mayores enojos en estos días, por la filtración acerca de la salud de Fayt; que no por corregir el dilema, a cuyo agravamiento contribuyó más que nadie con su gestión deplorable del asunto.

He allí el drama: cuando se despeja la viscosidad republicana, nadie todavía se ha atrevido a decir "Verbitsky miente".

2 comentarios:

  1. Buenas Pablo,

    Leí por ahi que se venía un "fallo contundente" de la CSJ. De qué se trata?
    Saludos,

    Andrés

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    Respuestas
    1. Desconozco. Leí lo mismo hoy a la mañana, pero no tengo idea de qué se tratará.

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