viernes, 24 de abril de 2015

¿Y entonces?

Una misma trama subyacente como causa de todo ¿nuevo? episodio: la ineptitud de las fuerzas de oposición al gobierno nacional para afectar decisivamente el curso de los acontecimientos deriva en la intrusión del escenario por elementos ajenos a la competencia específica, cuyos intereses y racionalidad son (y deben, o deberían, ser) distintos a los de quienes participan de la electoralidad de modo regular.

La grieta casi irreconciliable que existe entre la tramitación de un programa de gobierno que sustituya al vigente en la actualidad, y los votos necesarios para sustentarlo es el drama en cuestión. La semana que está terminando, y que se iniciara con la celebración de elecciones primarias en las provincias de Santa Fe y Mendoza, no fue la excepción. Y la duda pasa por la utilidad de publicar si a fin de cuentas uno va a acabar reiterándose tanto en un mismo esquema.

Santa Fe y Mendoza son dos de los distritos en que las peculiaridades locales del sufragio subordinan en mayor medida a las variables nacionales que lo circundan. Pero la proyección de cada cifra provincial de cara a las presidenciales de agosto/octubre es el litigio principal e ineludible de cada debate que a su respecto se abre. Más allá de las complicaciones que tal operación supone, y por ende de lo débil y, en lo más probable, efímero de las conclusiones que de ello se pueda estipular. Sobre todo porque se trata de dos comarcas que, al mismo tiempo, como pocas otras exponen lo caótico del jeroglífico en que ha estallado el sistema de partidos a la salida de la crisis neoliberal en 2001.

En Mendoza salió a la cancha una muestra en miniatura del sueño húmedo del establishment, la mega confluencia antikirchnerista. En su entendimiento, única ruta de escape a la continuidad, mensaje que choca de frente contra el de inevitabilidad inminente del fin de ciclo. Resulta complejo discernir por qué hace falta un entendimiento semejante para enfrentar a un moribundo, pero se sabe que en esos territorios se ha dejado de considerar a la lógica como requisito discursivo. El triunfo, así y todo, fue exiguo. Pero el dato menos decisivo, como siempre, es el numérico. El principal equívoco de quienes aspiran a calcar la construcción en que se apoyó la candidatura de Alfredo Cornejo pasa por la incorrecta lectura que hacen del papel que jugaron allí Maurizio Macrì y Sergio Massa. El apoyo que dieron ambos al vencedor no pasa de lo declarativo.

Las estructuras allí utilizadas pertenecen casi en su totalidad a la UCR. Apenas algo puede haber sumado el alcalde porteño dada la previa captura que había hecho del Partido Demócrata. El rechazo de los jefes radicales a compartir la foto con ambos precandidatos presidenciales es la mejor pauta de las dificultades de combinar allí donde sí todos tengan algo a contemplar.

El peronismo mendocino pretendió, convenientemente, eludir que el crecimiento cerca de los Andes de la restauración aliancista no se explica fundamentalmente en una impugnación a la presidenta CFK, sino a ocho años de gestiones locales evaluados negativamente. Y arribó a las urnas, entonces, con un diagnóstico deficiente. 

Al margen de la disputa interna que hubo, antes bien importa el modo en que discurrió. Aun cuando el candidato de La Cámpora, Guillermo Carmona, fue derrotado ampliamente por el auspiciado por el gobernador Francisco Pérez (y más decisivamente por el vicegobernador y real autoridad partidaria, Carlos Ciurca), el senador Rolando Bermejo --todo modo, un senador nacional sistemáticamente consecuente con el bloque del Frente para la Victoria--, al FpV le alcanzó para dejar sentado que, si bien no bastará con la sigla para la hazaña de dar vuelta el resultado, mucho menos ello será posible sin su concurrencia en la empresa. A tal fin, han sido oportunas las primeras reacciones conocidas tanto de CFK como de su postulante, en el sentido de aportar a la unidad del espacio de cara a los comicios definitivos. Lo que debería, de una buena vez por todas, persuadir a quienes todavía lo duden en cuanto a la voluntad de triunfo peronista de la primera mandataria.

Acerca de Santa Fe, en realidad habrá que celebrar nuestra tardanza en el comentario, siendo que el escrutinio comicial ha quedado envuelto en serias dudas. Tras dos pésimos turnos del socialismo que venían precedidos por otros tantos de desventuras del peronismo de la bota, otrora temible, y en el marco de un serio dilema con el narcotráfico que ha llegado incluso a capturar el Estado, las cosas no han variado desde 2011 más que en lo mínimo que hacía falta para que Miguel Del Sel arrimara lo que no logró hace cuatro años. Tampoco en Mendoza, si de porcentajes hablamos, más allá de que esta vez han evitado la partición que sufrieron cuando se consagrara Pérez en coincidencia con el arrase de Cristina Fernández.

No conviene seguir expandiéndose, cuando todo ha ingresado a zona de incógnita a la espera de recuento. En cualquier caso, parecería que la maniobra estuvo más dirigida a opacar a la oferta kirchnerista, de Omar Perotti, que a Del Sel, cuyo primer puesto no estaría en duda. La escena con que el actual diputado nacional denunció la maniobra en la Cámara de Diputados de la Nación da cuenta de la mayor solidez del armado del FpV. Quienes circulen por este blog a menudo sabrán de sobra que aquí no otorgamos exclusividad al ingrediente mediático. Pero en esta oportunidad es imposible dejar de lado que a partir de estas dos elecciones se intentó dibujar, ya desde la mañana siguiente a ambas votaciones, un gigantesco edificio de humo. 

De acercar a Macrì con Massa se trata, de nuevo, a despecho de lo referido sobre este particular ut supra. Sonaba raro esa editorialización cuando al mismo tiempo se leía que la oposición (escrito así, en general) había aplastado al kirchnerismo. 

Con el correr de las horas, y mientras el gobernador Antonio Bonfatti se enreda en lo inexplicable, queda todo más claro.

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