viernes, 20 de marzo de 2015

Maurizio Macrì y el Teorema de Baglini

El doctor Raúl Baglini es un histórico militante de la Unión Cívica Radical. Abogado mendocino, fue varias veces diputado y senador nacional por el partido boina blanca, y un cuadro político de aquellos, según la opinión generalizada entre sus colegas.

Durante alguno de sus mandatos como legislador, en 1985, mientras el entonces presidente Raúl Alfonsín se reconciliaba con lo más representativo de la doctrina radical y proclamaba la economía de guerra y el Plan Austral, desarrolló una teoría política que, de tanto respeto que cosechó en el ecosistema dirigencial, se ganó la denominación de teorema. Reza así: "Cuanto más lejos se está del poder, más irresponsables son los enunciados políticos; cuanto más cerca, más sensatos y razonables se vuelven."

Carlos Pagni, excitado por la noticia del surgimiento del nuevo Frente Conservador (UCR-PRO-Carrió), y extrañamente poco riguroso para lo que acostumbra, le asignó a esa nueva alianza 38% de potencialidad de voto en su comentario al respecto en La Nación. Aún antes que nadie la midiese con humareda siquiera. Más moderado, al debutar esa noche en TN corrigió sus proyecciones a la baja: 35%. En ningún caso exhibió soporte argumentativo.

Promediando la semana que lo involucró como protagonista de quinchos y primeras planas noticiosas, pues a su hipotética consagración presidencial se atribuyó la decisión de la convención radical, Maurizio Macrì, quizá confiado excesivamente en los pronósticos livianos de Pagni, se sintió cómodo para ya ofrecer definiciones de Estado. Que sirven, procesadas a través de la tesis de Baglini, para explorar la mayor o menor veracidad de las predicciones del editorialista calvo. Dijo, el alcalde poteño, que, de resultar electo presidente de la Nación, desactivaría las regulaciones de control cambiario, mal popularizadas con el apelativo cepo, a veinticuatro horas de asumido. Desde el massismo, la murga mayormente perjudicada con la constitución de la nueva entente opositora, salieron a responderle con imputaciones de neoliberalismo

Viniendo esas acusaciones del Frente Renovador, mueven a la risa, pero se comprenden en la desesperación de quienes se derriten sin pausa ni remedio. Lo que debería llamar la atención del ex presidente de Boca Juniors, demasiado acostumbrado a la complicidad periodística que suaviza su tradicional ligereza opinativa, es que su mayor referencia económica, Carlos Melconian, entendió necesario, por lo menos, relativizar (por no desautorizarlo) los enunciados de su... ¿conductor?

En realidad, la remoción del cepo puede, en lo legal, darse el mismo día del recambio presidencial, si se quiere. 
Ése no es el problema. De ahí a creer que, sólo por eso, se podrá comprar dólares sin complicaciones de nuevo, hay un largo trecho. Pues se ajustaría, en vez de por cantidad --dispuesta estatalmente-- como ahora, por precio. Es decir, no se estipularían cupos de compra y venta, pero aumentaría su cotización, a alrededor de $14,30 (hoy; sin control, Dios mercado proveerá). Y entonces no habrá limitaciones legales, pero es todo un acertijo a cuántos les alcanzará para comprar "todo lo que quieran", como pretenden. Con el agravante del mayor impacto que en términos de precios (por el efecto devaluatorio que automáticamente sobrevendría) y reservas (hasta que se calzasen con los ingresos por exportaciones según el nuevo esquema), en una retroalimentación peligrosa, supondría en relación a la situación actual, aceptemos que no ideal.

La conmoción en las arcas del BCRA que tal ejecución drástica implicaría se soluciona rápido y sencillo: endeudamiento. 
De ahí que no puedan tomarse en serio las réplicas de los economistas de Sergio Massa, quien promete lo mismo que Macrì en cuanto al dolar, sólo que en plazo de 100 días desde celebrada la cita electoral de octubre. Insuficiente para otra cosa que el acuerdo de un crédito externo que lo habilite. Disidencias, pues, cosméticas, entre una y otra propuesta.

El debate económico --para el cual, además, no tenemos la suficiente cualificación-- nos resulta, de todas formas, el menos interesante. Antes bien, conviene atender al dilema político que tenemos entre manos. Desistiendo el Estado de sus potestades regulatorias, o bien operándolas a favor de las pretensiones de los sectores más favorecidos de la trama socioeconómica, la controversia tiene casi nada de auténtica. A favor del PRO, eso sí, la sinceridad del senador Diego Santilli, quien a propósito de este asunto explicó que es prioridad de su espacio la desaparición del cepo. Con ese dictamen sí resulta posible polemizar, en tanto reconoce no colocar en el centro de sus preocupaciones el bienestar ciudadano en sí mismo, sino una cuestión cuya carencia de perentoriedad difícilmente podría ser desmentida.

Macrì ingresa a fase proselitista con el acierto de interpelar con fidelidad a sus bases de sustentación más convencidas: el Círculo Rojo, que se congregó en una cena, el último martes en la Sociedad Rural Argentina (cero azar en los detalles), para aportar fortunas al ejercicio divulgatorio que se avecina, en una maniobra que intenta saltar por encima de las estipulaciones fijadas en este sentido por la ley que rige las competencias electorales a nivel federal. El establishment hizo pública, así, su decisión en cuanto al trámite sucesorio. Nada que no se supiera. Y el elegido responde consecuentemente a esa ratificación de confianza. Pero conviene no distraernos, y retomar el intento de dilucidar la probabilidad de la apuesta de Pagni.

En realidad, para no imitar la levedad del analista --que, se insiste, acá nos sorprendió--, lo acertado es dejar todas las puertas, al menos, entornadas. Pero la sentencia de Baglini, de acá en más, latirá fuerte en el archivo declarativo del candidato del Frente Conservador. Mientras tanto, mejor atender a ciertas estructuralidades del voto en Argentina. Al ya tantas veces aquí aludido piso histórico del Frente para la Victoria, ayer Nicolás Tereschuk nos recordaba que, en un contexto socioeconómico dramático, y con una Unión Cívica Radical todavía potente, el peronismo obtuvo en 1999 nada menos que... 38% de los votos. La cifra con la que Pagni, ¿voceando a operadores nosiglistas?, se animó a soñar en voz alta para el nuevo conglomerado.

Eso sí: a la hora en que acá divagamos, jefes conurbanos con experiencia en olfato de estas situaciones emprenden retornos.

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