martes, 24 de marzo de 2015

Los grandes derrotados

Cuando los dirigentes radicales cuya postura había triunfado en la convención nacional partidaria ni habían todavía terminado de huir de las pedradas y las corridas con que los despidió de Gualeguaychú el derrotado (por escaso) segmento que aún defiende el purismo doctrinario yrigoyenista --pese a que a eso le sobran ya más de 80 años de Historia--, la prensa opositora se apuró a calificar lo acontecido en el encuentro de la centenaria confederación como "una durísima derrota para el kirchnerismo".

Eso que, como bien dice Oscar Cuervo, ya forma parte de un reflejo automático de los comentaristas de la política nacional, inmunes a datos de una realidad que rechazan y en cambio intentan amoldar a sus frustradas aspiraciones, en este caso necesitó incluso de silenciar reproches que sonaron bien fuerte, antes, durante y después de la asamblea en la ciudad sede de los carnavales. Y que, en lo sucesivo, se traducirán en la dificultad que implicará bajar el acuerdo con el PRO a los territorios.

No se trata sólo de los pactos que previamente habían sellado con Sergio Massa dirigentes de la UCR que antes de pretender la denominación de territoriales deberían tener al menos la delicadeza de triunfar alguna vez en sus comarcas, sino de aquellos que ya hoy gobiernan en niveles subnacionales, y que a esta hora hacen oír la voz de su disconformidad.

Se ha cumplido apenas la primera semana del anuncio del loteo radical que asignó a Maurizio Macrì las mejores porciones y a Massa otras menos significativas electoralmente en el norte --donde, de todos modos, tampoco se desecha la participación del alcalde porteño--, y ya abunda información sobre desentendimientos y necesidad de paños fríos. Más allá de la licitud de la chicana, que aquí cabría perfectamente, en cuanto a lo que podría ser un hipotético gobierno conjunto si así son las relaciones ahora, lo interesante es descular las razones de refriegas tan prematuras. Nada que no estuviera previsto, forma parte del pichuleo lógico que habrá hasta el cierre mismo de listas. Por mucho que se conceda en cuanto a la carencia de alternativas potables a la opción de Ernesto Sanz, lo cierto es que Macrì obtuvo mucho a cambio de muy poco, y desde esa holgura puede condicionar los ritmos y modos de la confluencia a gusto y piacere.

Menos atención se presta, en cambio, a que el ex presidente de Boca Juniors engrosa sus pretensiones a través de referentes del propio radicalismo. Que no esperaban, ni desean, la posibilidad de concurrir a las PASO colgados exclusivamente de la boleta de Sanz, sino compartiendo ambas, lo que no se descarta, como tampoco está confirmada la interna presidencial. Previsibles dificultades que alberga la construcción de una alianza, máxime una que se encara a nada de iniciarse la campaña y que también integra Elisa Carrió. No da aún para creer que todo se vaya a caer, pero el riesgo de esterilidad existe. Dicho sencillo: que si abajo la cosa no cuaja, la disfuncionalidad trabe el trajinar de las candidaturas superiores.

Demasiado para la hipótesis triunfalista con que Carlos Pagni saludó el nacimiento del Frente Conservador: 38% potencial. Y fundamentalmente, hablamos de una asociación que apunta a un voto que ya no era, y que no será, del Frente para la Victoria, sino, por el contrario, a la elaboración de una alternativa competitiva para tales fracciones sociales, que carecían de ella.

Al costado de un camino en el que ya no quedó avenida del medio, el Frente Renovador observa todo esto mientras se desgaja en diversas direcciones. El intendente de Escobar, Sandro Guzmán, retornó al Frente para la Victoria. En un giro que anticipa a varios otros que pueden producirse en breve, y que responden a la correcta observación, que hacen varios en las filas del ex alcalde de Tigre, de una pertenencia electoral homogénea hacia el peronismo con el FpV. El contexto de polarización en que ha alumbrado una fuerza de neto corte gorila espanta a varios, a la vez que los seduce la reconstitución jurídica y operativa del PJ como herramienta electoral, tanto en su variante nacional como en la PBA. Guzmán sencillamente decidió que los desplazamientos no marchen, como advertía el general Perón, sin los dirigentes a la cabeza.

Jesús Cariglino, en cambio, enfila rumbo al PRO, confirmando la simetría en los tironeos laterales, primero; y que el convenio 2013 entre Massa y Macrì expresaba un universo común, cuyos pedazos, luego de fracturado, ahora fluyen libres. 

La mejor desmentida a la tesis de la derrota kirchnerista que se intentó dibujar a propósito de la convención radical, con tan escaso éxito como soporte argumentativo, fue el diputado nacional massista Gilberto Alegre, quien reconoció que, de aquí en más, su espacio se concentrará en su bastión fuerte, la provincia que concentra el 38% de los votantes. Esa confesión de parte es hija de otra, pretérita: el fracaso de Massa en sus numerosos, y las más de las veces contradictorios intentos de elaborar una red de distribución que lo desplegase federalmente. Como resultado de ello, agotarán sus esfuerzos en el supuesto de que un buen papel en Buenos Aires alcanzará para el balotaje. Detalle: esa hipótesis requiere, además, de tener por sentada la inevitabilidad de la segunda vuelta. Variable que escapa a la posibilidad de control absoluto. 

Azar y defensivismo. "Toda fidelización es, por definición, a la baja", como escribía Luciano Chiconi en noviembre último.
Por si todo fuese poco, la incorporación de Francisco De Narváez hizo su aporte adicional, como frutilla del postre, a los desbarajustes íntimos del FR que llevan a varios de sus referentes a la huida reclamando reglas de juego claras. Lo que resulta indesmentible es la pérdida de centralidad del concepto de territorialidad como organizador de jerarquías en el massismo. Pero la billetera colorada determina cuando el desarrollo nacional no ha llegado.

En definitiva, y volviendo al inicio, entre desinteligencias adversarias y nulidad explicativa sobre la capacidad de tales facciones para intervenir la representatividad kirchnerista, no se termina de comprender cuál habría sido la fuerte caída. 

La serenidad con que estira definiciones la presidenta CFK, entonces, y como se observa, no resulta incomprensible.

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