viernes, 6 de marzo de 2015

El candidato es el proyecto

La candidatura presidencial del oficialismo será el tema principal del recorrido 2015; antes, durante y después que se defina la estrategia de designación.

Una pregunta organiza la cuestión. La que indaga en cuanto a las características que debiera exhibir el postulante para que la oferta sea destacada. Entre la enorme multitud que copó Plaza Congreso para el acto del 1° de marzo se destacó una bandera, que en realidad ya hace tiempo decora las concentraciones kirchneristas. “El candidato es el proyecto”, reza. A su vez, el cancionero popular de la militancia oficialista viene pidiendo la reelección para, justamente, “el proyecto”, luego del borom bom bom. No se trata de negar que existen todavía ciertas dificultades en cuanto a la selección en comentario.

Pero las alusiones al programa de gobierno en modo alguno suponen apenas una cortina que intenta disimular carencias de electorabilidad en los segmentos más comprometidos con la conducción de la presidenta CFK, como sostienen equivocadamente algunos formadores de opinión que jamás han asomado sus narices más allá de la avenida General Paz.

Siempre ha sido ésa la única condición que ha regido en el Frente para la Victoria para habilitar la pertenencia al espacio.

En cualquier caso, resulta útil, a los fines de despejar la incógnita planteada, hacer un poco de repaso histórico. Remontarse a la campaña que precedió a las elecciones legislativas del año 2013 en provincia de Buenos Aires. Más específicamente, al giro que hizo Martín Insaurralde entre su derrota en las PASO de agosto y la posterior en las generales de octubre, ambas a manos de Sergio Massa. Fue uno para el primer caso, otro luego. Discursivamente, que se entienda. Fidelizado a pleno con la retórica tradicional, inicialmente; perseguidor de ciertos aspectos de la propuesta massista, opositora, después. Con la referencia a la promesa de bajar la edad de imputabilidad como el más doloroso ejemplo de la mutabilidad a que recién aludíamos.

¿Qué enseñaron aquellos resultados? El Insaurralde más kirchnerizado clavó en las PASO 30% de los votos después de haber despegado desde alrededor de un 80% de desconocimiento. Es decir, reflejando casi entero el piso legendario del FpV, fijado por la candidatura de Néstor Kirchner en PBA en el año 2009, cuando fue derrotado por Francisco De Narváez (32% provincial, 35% nacional, aproximadamente). A posteriori de ello, desconcertado gravemente por su incorrecta lectura de lo que había sido un buen trabajo a pesar del segundo puesto, el intendente de Lomas de Zamora jugó a copiar los aspectos adversativos de la apuesta de Massa. Sin advertir que el marido de Malena Galmarini había dibujado, sí, una opción para atraer competitivamente al voto más radicalmente antikirchnerista, pero a partir de, antes, quebrar la sociología que había levantado a cifras astronómicas a Cristina Fernández en La Mazorca apenas dos años antes.

Dicho sencillo: tenía lugar para crecer hacia la recaptura de descontentos del bienio errático 2011/2013, que en modo alguno podían considerarse irremediablemente perdidos. Pero prefirió apostar al núcleo duro gorila. Demencial. No debe sorprender a nadie, entonces, que de cara a los comicios definitivos su acompañamiento casi no haya registrado variaciones.

Sobran quienes, en los últimos tiempos, "recomiendan" al kirchnerismo recostarse sobre la hipotética mayor capacidad de Daniel Scioli, respecto de sus contrincantes en la interna del FpV-PJ, de atraer voto independiente. Sobre la base de dar por sentado que 2009 y 2013 representan el techo y no el piso del dispositivo oficial. Los datos arriba analizados, se insiste, desmienten esa tesis. El consejo, pues, persigue el interés de confundir a la fuerza inaugurada en 2003 con los corrimientos hacia allí donde ya abundan alternativas con Maurizio Macrì y Massa. Para peor en este caso, porque estamos ante una elección ejecutiva, en esencia más polarizada que una de medio término. Y que esta vez lo será especialmente, como de sobra venimos comentando acá hace ya meses. El establishment ya ha decidido acompañar al jefe del PRO.

Conviene examinar, en este mismo sentido, el descuadre que sufre el ex intendente de Tigre en tal coyuntura luego de habersele vuelto imposible domesticar el equilibrio centrista que en principio intentó edificar. Hoy lo eluden tanto quienes aspiran a un cambio como aquellos que desean la continuidad, porque a ninguno logra expresar fielmente.

Luego de largo rato de intentar respecto de Macrì lo que antes Insaurralde experimentó sobre él, ahora lo denuncia por neoliberal. Recalculando. No logró soslayar, como supuso, el eje (continuidad/cambio) que organiza toda disputa de este tipo.

Es evidente que el propio Scioli ha comprendido estas profundas estructuralidades políticas, de las que resulta difícil colocarse al margen. Sobre todo para alguien como él, que carece de construcciones propias considerables que lo habiliten a operarlas. Al final del camino, se verifica que su necesidad de apoyaturas, que lo lleva a aspirar a la consagración del dedo cristinista para heredar la escena del #1M como sustento de su emprendimiento electoral (y más allá, también), le impone el diseño de mensaje, cada vez más en dirección a la significación kirchnerista que espanta a quienes pretenden seducirlo con el centrismo desde veredas opuestas. Debe acelerar en esto, porque sus rivales efepeveistas lo aventajan todavía. La insinuación en contrario implica el deseo húmedo corporativo: la desaparición del kirchnerismo; en esta variante, por efecto de mímesis.

Mientras esto se escribía, el amigo Néstor Sbariggi publicó un tweet que nos facilita el cierre y resume. Esto sucede.
(Esta historia continuará. En todas las acepciones que de esta frase pueden imaginarse. Porque hace falta. E ídem en bis.)

2 comentarios:

  1. Compai, sé que sos de los que no lo asusta Scioli ni macartean. Lo que yo planteo es que o el candidato es "delegado" de Cristina (0 autonomía o iniciativa propia) o es alguien que "sintetice" las contradicciones del movimiento. El otro eje es es el efecto real de la plaza del 1M: yo no creo que haya kirchnerizado ni a massa, ni a macri ni a scioli si eso se entiende por hacerlos hablar nuestro idioma. Massa cuanto más se defina el clivaje peronismo-antiperonismo màs languidecerá, por más que tire un fuego artificial para cada lado. Macri se asume claramente, dejando una puerta abierta al peronismo menemista como hizo siempre. Scioli es scioli. Abrazoooo el resto acá http://conducirespersuadir.blogspot.com.ar/2015/03/que-significa-el-candidato-es-el.html

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    1. Leí tu último post. Yo lo que planteo es que incluso para, aunque más no sea durante un período, consolidar lo conquistado, es necesario, justamente, plantear lo conquistado como base mínima de la discusión. Para nada creo que sea la plaza del #1M la que kirchneriza a Scioli, ni mucho menos a Macrì ni a Massita. Respecto de Scioli lo vengo comentando tiempo atrás de ello: no como falta de autonomía, ni mucho menos, claro. Sino como consolidación del sustento sociológico como paso previo e inludible de la conservación de las conquistas. Entendiendo que no existe un antikirchnerismo del 70%, ir a buscar a los desencantados 2013 que permitan ganar en primera vuelta pero sin abjurar de cierta esencia del proyecto, que la tiene. Y en cuanto a Macrì y Massita, obviamente no me refiero a kirchnerización, pero sí hay que prestar atención (y esto también a propósito del falso '70% anti K') a lo mucho que les cuesta discursivamente el equilibrio para no perder las bases gorilas, que no son 70% pero sí representan un porcentaje vital para cualquier aspiración que tengan.

      Básicamente, lo que planteo es que hay que copiar, calcar, adaptado al contexto obviamente, la sucesión Lula-Dilma. Autonomía pero fidelidad para con el rumbo, al que a lo mejor es cierto que la palabra programático le queda grande porque no es tan específico ni previo en su proyección, pero sí tiene objetivos difusos que no por ello dejan de apuntar en una dirección clara.

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