jueves, 5 de febrero de 2015

El angostamiento de la avenida del medio

Sergio Massa hizo esfuerzos evidentes para contestar al pacto Macrì-Carrió. Una encuesta propia de 450 casos en conurbano PBA/CABA y el anuncio del apoyo que le brindará para la elección presidencial el sector del MPN que viene de doble derrota interna frente al oficialismo local del gobernador Jorge Sapag. Se le llama crisis.

La edición del lunes pasado de Ámbito Financiero vino abundante en rosca. La contención que todavía intenta Ernesto Sanz --ahora en persona-- de la candidatura de Massa otorga crédito a Sergio Ranieri en cuanto a su análisis acerca de los acuerdos que el ex intendente de Tigre anudó en el norte argentino. Massa creía estar conduciendo la interna de la UCR, pero resulta ser sólo un instrumento de algunos territoriales de ese partido para avanzar en pago chico. Y, mirando más ampliamente, de la necesidad del radicalismo de conservar su condición de segunda minoría nacional: a tal fin, empuja sus propios límites, por vía de la PMDBización, allí donde y mientras le resulte posible.

Ahora bien, en cuanto a la reciprocidad de esos pactos a nivel federal, la apuesta es Maurizio Macrì, cuyo vacío estructural supone horizonte en términos de caja más allá de la elección: cuatro años, luego de un hipotético triunfo del jefe de gobierno porteño. Massa, en cambio, se sustenta en PJ; escasísimo, pero lo suficiente como espantar al radicalismo.

Cuenta Mr. Wolf, informante estrella de la hora: "Si gana Massa, se va con el PJ (...) Macri tiene mucho lugar para repartir."

Y es que mal puede pensarse la posibilidad de tender alianzas cuando la construcción propia no está sólida. El Frente Renovador ha girado demasiadas veces en su ruta estratégica desde que alumbró en 2013 bajo la promesa de "conservar lo bueno y mejorar lo malo", en un programa delirante de modificaciones indoloras que José Natanson demolió con brillantez el pasado domingo en Página/12. El último capítulo de esa saga es a la vez el más resonante, habida cuenta que la incorporación de Francisco De Narváez impacta de lleno en aquel mensaje: se trata de un antikirchnerista visceral histórico. Además, y fundamentalmente, implica el abandono definitivo de la territorialidad como concepto organizador del espacio, en tanto el recién llegado no se apoya en ello sino apenas en la prepotencia de su billetera, sobreestimada demasiado excesivamente.

La retirada de intendentes, mayormente de la primera sección electoral PBA, respondía, se explicó, a la nula correspondencia representativa que, entendían, les reconocía seccionalmente el kirchnerismo en comparación con segmentos de menor electorabilidad pero más afines a la conducción nacional. En concreto, tirria con La Cámpora. Reprochaban, pues, defectos de contención. Resulta, a fin de cuentas, que ahora terminarían igual, sólo que detrás de... ¡De Narváez!

A esta hora, el massismo registra ruido en Almirante Brown, Escobar, Hurlingham, Pilar y, muy especialmente, Malvinas Argentinas. San Isidro y Vicente López ya se fueron; Lomas de Zamora no irá. Incluso el único gobernador que habían sumado, el rionegrino Alberto Weretilneck, ahora relativiza esa decisión. En este caso, el análisis es per se la descripción. Conviene incorporar también que se debilita la estimación fatalista que hacía el massismo de desembocadura inexorable del Frente para la Victoria en la postulación presidencial de Daniel Scioli. El contexto de un Florencio Randazzo competitivo, y siendo que en realidad el problema de quienes emigraron era más con el gobernador bonaerense que con la presidenta CFK, convoca a una probable reconfiguración de alineamientos, que incluso ya han comenzado, y de manera oficial.

Se llega a igual conclusión incluso a partir del estudio numérico. El FR concurrió a los comicios pasados, en que triunfó, junto al PRO, con el que ahora deberá competir. Ahora queda relativizado por el ruido de la causa Nisman, pero el año se había iniciado con descascaramientos en esas zonas. Gustavo Posse atribuyó a Macrì 18 de los 43 puntos con que venció Massa en PBA hace dos años. Que son 17 proyectados nacionalmente sin la defragmentación que propone el sanisidrense, con la que se reducen a escasos 9,5. Eso en el contexto de la nada que los renovadores ostentan en CABA, Santa Fe, Córdoba, Mendoza y Entre Ríos, sólo por mencionar los distritos más numerosos, que se podría seguir.

En paralelo a esto, que son en cifras los duros hechos, emerge el dato político: ninguna otra cosa explica mejor la inocultable mimetización que Massa persigue hace bastante tiempo con un discurso de corte netamente polarizador y contradictorio para con el kirchnerismo. Como anticipamos, la realidad lo empujó a un lado de la grieta.

La Historia suele imponerles sus condiciones a quienes suponen que para torcerla alcanza con voluntarismo y marketing.

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