martes, 13 de enero de 2015

Si ves al futuro, dile que no venga

En diálogo vía Facebook con María Esperanza Casullo, a propósito de su excelente columna en Nueva Ciudad en la que propone repensar lo que fue el fenómeno de la Alianza, este comentarista le señaló a la politóloga que, respecto del texto, disentía apenas en cuanto a que 2015 no alumbrará --entiende, a diferencia de ella-- nada diferente, sino un cuarto período del kirchnerismo. A lo que la autora respondió que, aún en la hipótesis de un futuro gobierno de Florencio Randazzo o bien de Sergio Urribarri, el futuro será distinto, dada la incidencia que, inevitablemente, aún en dosis mínima, tienen las improntas personales de los candidatos en la cuestión.

Aun coincidiendo en parte con MEC, a nuestro criterio, como saben de sobra los pocos lectores habituales de este espacio, lo definitorio a la hora del análisis político no pasa por las peculiaridades particulares de los protagonistas, sino por la arquitectura de los espacios políticos en que se desarrollan. 

La excepcionalidad del kirchnerismo --o su nota distintiva respecto de las administraciones que lo precedieron desde 1983, si se prefiere-- reside, según aquí entendemos, en que ha conseguido (porque se lo ha propuesto, detalle no menor) independizar el diseño de su programa de gobierno de la influencia que pretenden sobre su confección distintos intereses sectoriales de la vida nacional. La referencia no es exclusiva al empresariado, de lo que puede dar testimonio Hugo Moyano, en tanto agente de una parcialidad que, por no haberse entendido tal, acabó expulsada de la liga oficial apenas consumada la reelección de la presidenta CFK. Argentina ha sabido de ciclos históricos distintos, en los que los gobiernos no eran más que meros ejecutores de esquemas definidos fronteras afuera de la juridicidad vigente, a la salida de la última dictadura, cuando se consolidó un bloque que conservó enorme capacidad de intervenir en los cursos decisorios nacionales durante dos décadas. 

Incluso, la fractura de ese conglomerado, dolarizadores versus devaluadores, se saldó a sangre y fuego a fines de 2001. 

En su asunción a cargo interinamente del PEN, el ex senador Eduardo Duhalde dijo que cada dirigente argentino debía funcionar como lobbysta de los --por llamarlos de algún modo-- empresarios locales, en lo que tuvo a Raúl Alfonsín como partenaire. En relación a Carlos Menem resultaría ya imposible abundar. El kirchnerismo es originariamente un desprendimiento del devaluacionismo, pero a partir del conflicto con las patronales agrarias resolvió acelerar en su vocación de independizar las potestades que le son legalmente acordadas a los actores institucionales. Va de suyo que ha sido un proceso no exento de matices, sinuosidades y contramarchas. Pero son los propios beneficiarios de las antiguas fórmulas quienes, en sus berrinches mediatizados, exhiben la distancia que hoy les impone la Casa Rosada. 

Con el kirchnerismo no pueden elaborar más que acuerdos circunstanciales. Se trata de la diferencia entre representación, que no incluye otorgar las herramientas estatales de resolución; y la conversión en sucursal de lo que se intenta expresar. 

Es alrededor de esta novedad --que todavía construye la etapa inaugurada en 2003-- que se tramitarán la discusión sucesoria de 2015, en primer término; y las características del próximo gobierno, en paralelo. Lo que es parecido, pero no idéntico. Maurizio Macrì lo entiende hace rato, y polariza en tal sentido con el oficialismo nacional. Consciente del descuadre que le supuso la ancha avenida del medio para su carrera hacia la presidencial, Sergio Massa profundiza su perfil opositor, ahora con la incorporación de Francisco De Narváez. Al interior del oficialismo, el déficit de Daniel Scioli es su dificultad para somatizar esto en su diagrama de campaña. De todos modos, la relación de fuerzas en el Frente para la Victoria, más allá del candidato, cuenta con recursos para sostener la actual dinámica de gobernanza. Que, por tratarse del elemento singular del mercado electoral, lo hace competitivo aunque cargue con más de una década agitada en el gobierno.

A veces se presumen novedades que no lo son tanto si se las observa a la luz de las estructuralidades, que se continúan.

1 comentario:

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