martes, 23 de diciembre de 2014

Ya nadie escucha tu remera

A principios de diciembre fue tema, una vez más, el mal llamado impuesto a las Ganancias. Ese gravamen se ha convertido en el eje casi único de las maniobras de Hugo Moyano desde que quebró su alianza con el kirchnerismo a fines de 2011. 

A través de su problematización intenta tender puentes que lo proyecten más allá de su ámbito de pertenencia. Ha intentado convertirlo en fundamento de alguna posibilidad de convergencia opositora. Hemos dicho aquí ya infinidad de veces que la apuesta del moyanobarrionuevismo no puede ser impugnada sino desde su efectividad, habida cuenta que no está en discusión la legitimidad de su juego. 

Y los resultados son magros. Constatables en ya muchas medias plazas vacías.

Se anunció una huelga general si no había decisiones del gobierno nacional al respecto. El mismo día, más tarde, fue exceptuado el aguinaldo de tal carga. Ergo, de inmediato se desactivó el paro. Ésa, así, fue la secuencia de hechos.

Para la CGT blue, la resolución oficial fue producto de sus presiones. Dicen otros que fue en cambio la presidenta CFK quien, estratégicamente, aguardó que la amenaza llegara antes de efectuar ella cualquier movimiento, para dejar en evidencia el actual raquitismo programático del gremialismo opositor. Sería difícil adivinar cuál de entre ambas versiones es la correcta. Pero sí es verificable la centralidad, para la agenda de Moyano, de un asunto marcadamente de minorías (Ganancias involucra a, apenas, 10% de los trabajadores). La cuestión social, pareciera, se agotó una vez solucionada la urgencia en cuanto al tributo sobre los ingresos. Va de suyo que no, pero lo cierto es que este activismo reivindicativo no explora otros expedientes que los de sus segmentos menos necesitados. Dicho políticamente: han elegido resignar representatividad.

Desde hace algunas semanas, la rosca electoral 2015 ha atrapado la mayor parte de los espacios de este blog, y en general de la discusión política nacional. Y ya sea que se admita la tesis de la hegemonía en paridad de la trilogía Scioli/Macrì/Massa, o bien que se estimen en más variables alternativas, en ningún caso resultan ya relevantes para las numerosas conjeturas que se arriesgan los pareceres de Moyano al respecto. Entre el desprecio natural que le dispensan sectores a los que no puede ofrecer más que un servicio acotado de veloz consumición --cuya amortización, por ende, tiende a cero--, y su abandono del plexo de mayor perentoriedad, se despeñó violenta y velozmente a una intrascendencia que costaba imaginar hace tres años.

En 2013, a Camioneros le tocó fiscalizar el 5% de votos de Francisco De Narváez en PBA. Julio Piumato, su más leal recluta, no llegó al 1% en CABA; es decir, ni superó las PASO. Ninguna de las listas triunfadoras incluyó tropa moyanista. 

Nada hace suponer que eso no empeorará el año que viene. Y resulta cualquier cosa, menos sorprendente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Piense distinto, con pluralidad y objetivamente, aquí: