jueves, 11 de diciembre de 2014

El laberinto de la representatividad opositora

La semana se inició con bastante tela para cortar en cuanto a rosca política.

Martín Insaurralde, finalmente, y luego de estirarla más de la cuenta, develó uno de sus misterios: renunció a la Cámara de Diputados de la Nación, y regresará a la intendencia de Lomas de Zamora. El análisis de esto es que, como lo hecho a destiempo es siempre malo, ya sus movidas interesan más bien poco: no hay más quien derrame lágrimas por su permanencia dentro del Frente para la Victoria, sino más bien todo lo contrario. Tampoco ahora domina mucho los tiempos ni los modos respecto de su hipotético salto al Frente Renovador, donde difícilmente lo reciban de buena gana. Allí también ocurre casi 180° al revés de lo que pretendería. 

Abusó de nervios y juego de indefinición; ergo, perdió cualquier sorpresa. Y con ello, dominio de las acciones que lo involucren.

Sergio Massa, que de él también hablamos, quedó, por su parte, envuelto en un juego, a la vez inverosímil y pornográfico, de operaciones y presiones mediáticas que intentan ser políticas. Y que, de hecho, lo son: sólo que de muy baja calidad. Se confirma lo que Sergio Ranieri advierte hace ya rato: el FR cree estar dominando a la UCR, que en realidad se debate entre funcionar como herramienta de la candidatura presidencial de Maurizio Macrì y jugar la propia en distintos niveles subnacionales en los que aparece con buenas perspectivas. Julio Cobos es la última barrera, más o menos seria, que debe derribar el jefe partidario Ernesto Sanz para conciliar ambas diagonales. El resto de FAUnen no cuenta.

Massa, que apuesta a, por lo menos, la PMDBización radical (que se repartan entre él y Macrì) para desplegarse federalmente, termina siendo apenas el profiláctico con que Cobos agita sus porotos en la interna mendocina, que también comparte con Sanz y con otro pesado, el intendente de Godoy Cruz, Alfredo Cornejo, otro macrìfilo. Ése es todo el rol del massismo en Mendoza: ninguno, o instrumental de ajenidades --que vendría a ser lo mismo, sólo que aún más humillante para quien amenazaba pedantemente estar por comerse a los chicos crudos hace nada--. Igual le sucede en Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos y CABA. Demasiado. Necesitado de demostrar algo de músculo, el diputado nacional rejuntador (en uso, de facto, de licencia) apeló a los intereses concurrentes de sus aliados del Grupo América, Daniel Vila y José Luis Manzano, otros mendocinos, que añoran la permeabilidad de Cobos para otorgar negocios petroleros en la provincia. 

Pero no es a través de Jorge Rial, y menos en modo matón, que se intenta intervenir sobre un dirigente que tiene, cuando menos, algún recorrido. Y que conserva restos de territorialidad sobre los que pararse para responder. Massa quiso hacer creer que era él quien movía las palancas de la rosca radical mendocina, y termina, una vez más, viéndola desde la platea.

A todo esto, la todalidad de la oposición pasó, en paralelo con los vaivenes del humor clarinista al respecto, del rechazo liso y llano a la posibilidad de competir por la legislatura mercosuriana, a envalentonarse con la probabilidad de una lista única que aglutinase a toda la oposición para competir contra una supuesta candidatura de la presidenta CFK en ese territorio en 2015. Elisa Carrió, que está chapa pero sabe que la electorabilidad de cada trozo del archipiélago se resentiría en una mega confluencia, hizo volar esa verónica, que apenas despuntaba, por los aires. Hace política: parte escenarios y escoge un pedazo para sí. Y mientras tanto, la presidenta CFK, por cuya futura y ni siquiera anunciada candidatura regional sucede todo este revuelo, no hizo más que callar al respecto. No obstante lo cual, todos bailan al compás del minué que de ella surge. 

Extraño fin de ciclo, éste, con semejante centralidad de aquella que, según se cuenta, ya va de salida. 

Es todo un tema el debate sobre la calidad de este tipo de procedimental político. Cuando dejó una silla vacía en el programa de Bernardo Neustadt durante la campaña presidencial de 1989, Carlos Menem enseñó, con brutalidad, que la hiperactividad de un candidato desnuda sus carencias. Y a decir verdad, a esta hora la jefa del Estado luce bastante calma, casi sobrandola.

Resta, entonces, determinar las razones de las dificultades de posicionamiento en la oposición que se observan a hoy.

* * *  

En el blog Cartoneros de San Telmo se radiografiaron perfectamente las implicancias de la denuncia por evasión, fuga y lavado al HSCB, más allá de sus vericuetos jurídicos. Se trata de un forzamiento operacional del establishment, al límite de lo legal o tal vez aún más allá de ello, sobre el programa de gobierno, a los fines de recuperar la centralidad que otrora se le dispensara en ese distrito: el Estado ejerciendo como gendarme de su rentabilidad; aquello que Cristina prometió no hacer ya el día de su asunción en 2007, disputa que la circunda --no con pocas dificultades-- desde entonces. No ha lugar a la cantinela de las inconsistencias del plan económico, que las hay: cuando no las había, era --el que por estos días es objeto de tramitaciones en tribunales que... las esquivan-- un comportamiento legal. 

El objetivo es recuperar eso que consideran normalidad. Y que, se insiste, alguna vez lo fue. Raúl Degrossi lo sintetizó como tensión entre Estado y mercado, con las derivaciones que en términos de democracia supone: quién define qué se hace. En esta disyuntiva se organiza dominantemente la batalla por la construcción de representatividad. 

Y quienes han intentado abstraerse de ella, fueron absorbidos por una dinámica que los excede como para domesticarla.

Artemio López define al kirchnerismo como “encuadramiento de las fuerzas populares vertebrado en torno a pobres de toda pobreza, sectores medios empobrecidos, minorías diversas, cuentapropistas, la clase trabajadora formal e informalizada, pequeños y medianos empresarios y comerciantes”. Es decir, cuenta con sustento sobre el que expresarse, aún cuando en ocasiones se complique en cuanto a la reactualización de demandas que naturalmente se sigue de sucesos previos. Y resulta que en el dilema arriba comentado se litigan salarios, jubilaciones, hospitales, escuelas; es decir, el bienestar ciudadano. Maurizio Macrì resuelve con un tanto mayor de facilidad este inconveniente: asumiendo como propias las demandas de la cosmovisión involucrada en el enchastre HSBC, plenamente refutatoria de la del oficialismo.

Los votos hay que ir a buscarlos entre los beneficiarios de varias de las políticas que impugnan los soportes materiales del accionar antagonista al kirchnerismo. Pavada de enredo. También... como para no andar a los bandazos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Piense distinto, con pluralidad y objetivamente, aquí: