miércoles, 31 de diciembre de 2014

El hecho maldito goza de buena salud

El primer post de 2014 fue titulado de manera contundente: La derrota más dura en una década (...). Ello a propósito de la devaluación que el gobierno nacional dejó correr --en enorme proporción, alrededor de 23%, para un sólo saque-- a principios de año.

Hubo entonces una pequeña discusión, que pareció semántica pero no lo es en absoluto, sobre la calidad de aquella situación cambiaria: la presidenta CFK había decidido devaluar o se vio forzada, como aquí definimos, a habilitar ello aún contra su voluntad, dado que la alternativa en esa coyuntura se había vuelto definitivamente peor. Y valía la pena dar ese debate porque, se insiste, iba, y va, más allá de cuestiones de mera idiomática: hacen, por el contrario, a la voluntad política. Éste es el primer dato. Dicho de otro modo: sentado que es casi unánime la convicción acerca del recupero de terreno del oficialismo de cara al 2015 que ya se inicia, conviene destacar que eso fue posible sin ceder a cantos de sirena moderacionistas.

Evidentemente, 2014 fue el peor año en lo socioeconómico del proyecto inaugurado en 2003. Pero ello fue debido a déficits de gestión, que por otro lado aquí nunca negamos, y no programático. Tal como ocurriera en 2010, el kirchnerismo recobra impulso desde sus convicciones. No es un tema menor. De hecho, es la polarización ideológica lo que gana espacio como territorio de disputa de la sucesión que asoma. A esta altura, algo que a pocos les escapa.

En ese marco, y restando tan poco medido en relación a lo que 2001 significó en términos de despliegue para las fuerzas políticas nacionales que ya no lo son, que el único instrumento electoral con desarrollo federal satisfactorio esté además definiendo las coordenadas en que se jugará el partido implica un cierre muy por sobre la expectativa inicial. Y es que aunque este año haya sido peor que los dos anteriores del segundo mandato de la presidenta CFK, resulta fundamental destacar que esta vez se ha quebrado la tendencia: el gobierno nacional no finaliza 2014 en retirada ni apagando incendios, como se le auguraba/operaba ya desde fines de 2013, y aún antes también. Por caso, se registran corridas desde apenas reelecta CFK.

Por si todo fuese poco, se trata de un ciclo histórico que lleva más de once años ejerciendo poder no de forma cómoda.

Así las cosas, esto que seguramente será adjetivado como conformismo, por el contrario supone la enormidad de mover a adversarios a modificar planes de acción a casi nada de la hora decisiva, porque habían dibujado las partituras originales sobre la base de presupuestos que no se verificaron. Para un oficialismo, máxime uno que asume a gusto el rol de tal, las cosas son siempre más fáciles. 2014 dejó, con la reelección de Dilma en Brasil, esa moraleja, pese a enormes dificultades.

En definitiva, se verá, pero se está en la lucha. Lo que, vale aquí reiterarse, esta vez no es poco.

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