viernes, 14 de noviembre de 2014

Scioli 2015: sí o no, cuándo y por qué

Daniel Scioli, como muchas veces durante los últimos años, vuelve a ser tema trascendental de discusión al interior del espacio nacional ordenado por el kirchnerismo en la figura de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. 

La proximidad del litigio sucesorio 2015 es el disparador en esta oportunidad.
Un interrogante que circula alrededor del asunto, más precisamente: ¿será Scioli el encargado de ocupar el asiento de conductor en la pole position que a la fecha ocupa el Frente para la Victoria? O bien, complejizado: ¿ya lo es, a casi un año de la cita?

Conviene arrancar recordando el concepto que ha regulado todas las intervenciones que aquí se han hecho acerca del gobernador de la provincia de Buenos Aires, que no fueron pocas, incluso desde antes de la reelección de CFK en 2011. 

Como resulta imposible adentrarse en la cabeza del hombre en cuestión --ni en la de ningún otro--, ni mucho menos predecir el futuro, más vale ponerse a construirlo --al sujeto tanto como al contexto que lo va a interpelar--. Dicho de otro modo, lo interesante en estos negocios no es la evaluación de las características particulares del postulante sino la integración social de su armado. Como dice Oscar Cuervo, en sintonía con esto último, si la candidatura de Scioli resulta ser la de los sectores más dinámicos del encuadramiento efepeveísta; si, por decirlo de modo sencillo, se logra que dependa de esa relación de fuerzas para gobernar, independientemente de lo que pudiesen ser sus hipotéticas oscuras intenciones, no podría concretarlas. A menos que intentase hacerlo a través del acompañamiento opositor: no es lo que más probablemente suceda.

Las señales son cada vez más inconfundibles. Cuando Clarín opera supuestos apuros en el peronismo en procura de cerrar una definición en el ex motonauta, uno puede y debe alertarse por esa manifestación de preferencias del establishment. Pero, también, comprender que se trata de una confesión derrotista del universo adversario que, convencido de que le será dificultoso vencer con candidatura propia, aspira a intrusar el elemento que presume victorioso.

Los más lúcidos exponentes del pensamiento opositor lo vienen advirtiendo a sus dirigentes con creciente frecuencia: se angostan las vías para el desarrollo de una experiencia refutatoria del ciclo histórico abierto en 2003. Ergo, urge concentrar fuerzas. La estrechez que para la repartija de cargos supondría esa alternativa lo impide. Y si se desatendiera ello, los brazos caídos en los niveles subnacionales para trabajar las decisiones superiores, o aún el quiebre de las fracciones rivales tal como las conocemos hoy, harían de la suma una quimera. La construcción del orden en una alianza partidaria requiere de un lapso superior al que nos separa de 2015, tanto que ni siquiera es seguro que las PASO puedan proveer solución adecuada.

La probabilidad de que la presidenta CFK consiga diseñar un esquema de contención de Scioli está demostrada en la creciente kirchnerización del discutido. La observación estructural de la supremacía del FpV lo ha definido en tal dirección.

Más allá de teorizaciones acerca de las distintas sociologías que puedan ser capaces de capturar uno u otro precandidatos, dato aún inmaduro, la condición de organizador electoral del oficialismo es casi indiscutida. Y aún cuando se pueda decir de Scioli que sería, a priori, el más apto para ir en busca de los votos fugados que provocaron la derrota de 2013 (luego habría qué discutir lo que se debe hacer para ello), no puede prescindir del voto duro que consolidó Cristina. Esa especie de empate convoca a la negociación. Pero también hay la circunstancia, el año próximo, de un peronismo creciendo desde, primero, la construcción de competitividad en cada provincia. Es decir, yendo de lo particular a lo general. Y es el ex vicepresidente de Néstor Kirchner quien mayor consenso reúne entre sus pares para que los represente en una coalición de gobierno que no es homogénea a su interior, y que en la etapa venidera deberá reflejar en mayor medida su despliegue territorial nacional.

Así, la candidatura sciolista surge de un acuerdo como el arriesgado, conservando CFK poder expresado en el dibujo del nuevo gobierno (vicepresidente, fórmula en PBA, legisladores nacionales y provinciales) y quedándole abierta la posibilidad de una candidatura competitiva a la senaduría bonaerense en dos años y al PEN de nuevo en cuatro. Una maniobra capaz de contener la enorme amplitud del frente, y con ello su aptitud para la gobernabilidad.

La polarización ya está dada en este escenario, y para afrontarla lo más conveniente es la conservación de la unidad que hace del FpV-PJ el único dispositivo con desarrollo federal: de nuevo, colectivos y no individuos. Peronismo.

Conclusión: falta mucho como para definirse. Pero si sucediera la designación de DOS, no debería resultar ningún problema.

(Va de suyo, pero igual queremos dejarlo en claro: esta historia continuará...)

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