lunes, 3 de noviembre de 2014

Poder decir/querer hacer

Han sido verdaderamente extrañas las discusiones parlamentarias por la sanción de presupuestos durante el kirchnerismo. 

Las distintas oposiciones han dedicado sus esfuerzos, a lo largo de 12 años, apenas a intentar demostrar la mayor o menor veracidad de las cifras que ha puesto en debate el gobierno nacional. Resulta gracioso que el radicalismo pueda hacer impugnaciones de este tipo cuando durante el gobierno de Raúl Ricardo Alfonsín las discusiones por el presupuesto eran ex post. Los legisladores se encontraban con los números de lo ya actuado. La cúspide en cuanto a ausencia de límites a la administración.

Pero lo central aquí remite a lo que es el significado de esta norma. Allí se vuelcan, en números, los objetivos y las definiciones político/ideológicas de un gobierno; se cristalizan los intereses que se propone defender. Con lo cual, las diferencias no deberían ser planteadas en torno a la mayor o menor veracidad de las previsiones, sino, más bien, a la decisión respecto del destino de lo invertido y a la calidad en la ejecución de ello. Porque, y volviendo al inicio, la realidad es que nadie que no esté en funciones tiene chances materiales de efectuar cálculos de gasto estatal; ni, por ende, tampoco de impugnar el que proyectan otros. Se trata, sencillamente, de un imposible. Sólo el Estado cuenta con herramientas para esa tarea

Así, entonces, si se concediera que el gobierno nacional falsea datos, cualquiera que pretenda rebatirlo estará, sin dudas, mintiendo enormemente más, por mucho que simule (o aún crea) pretender lo contrario.

En conclusión, la polémica en relación a la veracidad de un presupuesto cumple una función troyana: rechazar los beneficiarios del gasto estatal decididos por la soberanía popular expresada institucionalmente. Como queda mal insultar la AUH, se la agarran con la mayor o menor probabilidad de que el dolar y la inflación sean los que se dice que serán.

Sebastián Fernández reflexiona muy bien a propósito de estas cuestiones, cuando establece una correlación entre programas poco taquilleros y la búsqueda de fundamentos democráticos en cualquier cuestión excepto en el voto popular. 

Sucede eso cuando los intereses defendidos resultan piantavotos. Fácil.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Piense distinto, con pluralidad y objetivamente, aquí: