lunes, 10 de noviembre de 2014

La oposición ideal: la endeble e impotente

Las idas y vueltas en la opinión de Ricardo Lorenzetti acerca de la integración de la Corte Suprema de Justicia, la negativa de la UCR a negociar con el gobierno nacional un acuerdo para completar la integración del máximo tribunal frente al cese constitucionalmente dispuesto del mandato de Eugenio Zaffaroni enunciada por el senador nacional y jefe del partido Ernesto Sanz, el griterío histérico de Daniel Sabsay en el coloquio de (pocas) IDEA(s), las permanentes rutinas de comedia dramática de Elisa Carrió, la deriva gorila del Frente Renovador con recurrentes menciones despectivas al chavismo venezolano, las promesas de derogaciones masivas de la legislación 2003/2014 con que se atropellaron los distintos fragmentos del Grupo A, los insultos que a renglón seguido les dedicó Jorge Lanata con más sus ataques al niño Casey Wander y las cada vez más frecuentes columnas editoriales del diario La Nación en las que se pretende establecer vinculaciones (delirantes, por supuesto) entre el kirchnerismo y los regímenes totalitarios nazifascistas o soviéticos. 

Múltiples expresiones, éstas, pasibles de ser articuladas bajo un único concepto organizativo: se trata, en todos los casos, de discursos opositores. Lo que diferencia al del presidente de la Corte, de todos los demás, es el modo en que instrumenta sus diferencias: no casualmente, es uno de los blancos predilectos de Carrió, emblema del todo/nada antikirchnerista.

Lorenzetti practica un juego de oposición equilibrada, propio de la perfecta vigencia democrática y republicana que indiscutiblemente vive Argentina. Lo que lo lleva a, alternativamente, acelerar y ralentizar su marcha, o acercarse y alejarse de las posturas de la presidenta CFK: publica en concurrencia fallos amables y amargos para con la voluntad oficial. Golpea para, luego, negociar. A los otros guía un maximalismo que supone como premisa negar entidad sistémica al kirchnerismo. Diagnosticarlo como virus intrusivo del Estado de Derecho, lo cual legitimaría a hacer tabla rasa con todo lo que ha actuado en once años, en tanto sería el producido de una situación de nulidad absoluta e insanable. Y que, además, impide dialogar y/o competir en regularidad con el Frente para la Victoria en los espacios correspondientes: así se echaron a perder los marcos pluralistas que concibieron los proyectos de Códigos Civil y Comercial y Penal de la Nación.

Del mismo modo que se hizo ya en Argentina con el peronismo inaugural entre 1955 y 1973; o, más acá en el tiempo, como definió el antichavismo refutar a la revolución bolivariana de Venezuela más o menos hasta la aparición de Henrique Capriles, y que se está reeditando desde sus sucesivas derrotas electorales (también le sucedió a Evo Morales en Bolivia).

Con muy poquito le alcanza al quinto hombre en la escala sucesoria presidencial para diferenciarse cualitativamente de todo el resto. La mayor serenidad, responsabilidad y, vamos, en definitiva, la superior inteligencia de Lorenzetti, ha merecido como contrapartida que Cristina Fernández le habilite mayor entidad como interlocutor institucional. Más allá de ocasionales roces, generalmente han logrado edificar entendimientos cuando los convoca simultáneamente esa necesidad. Y sucederá lo propio con el reemplazo de Zaffaroni. No se intenta aquí convalidar lo que en el caso de Sergio Massa se niega, una avenida intermedia de adversarialidad: Lorenzetti negocia para su sector, lo que le provee consenso mayoritario entre sus pares. Con los matices que se permite ha construido un poder relativo superior al de cualquier dirigente partidario rival.

Ese énfasis que dedica al cuidado de su autonomía lo inhabilita como opositor ideal: no lo consideran hombre propio.

1 comentario:

  1. Interesante blog! Yo laburo en un juzgado laboral, aunque dejé abogacía porque ya tengo otra carrera y si además de quemarme la cabeza en la mesa de entradas sigo leyendo derecho, corro el riesgo de colapsar. Saludos

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