jueves, 27 de noviembre de 2014

1988

Luciano Chiconi saludó la inauguración del massismo con un post titulado 1985.

Esa referencia al calendario no era ni es inocente. Hacía alusión al momento en que Antonio Cafiero rompió con el PJ oficial, entonces conducido por Herminio Iglesias y Lorenzo Miguel, para, a través de un sello que bautizó Frente Renovador (la originalidad no es precisamente una virtud de Sergio Massa; tampoco la sutileza), desplazarlo en las urnas del lugar de segunda minoría del alfonsinismo triunfante en las primeras elecciones legislativas de medio término de la democracia recuperada. Dos años después, con la renovación ya al mando del peronismo, Cafiero completó su epopeya derrotando a la UCR, con lo que terminó quitándole a Raúl Alfonsín el control de la Cámara de Diputados de la Nación (en el Senado el peronismo fue mayoría ya desde 1983) y la PBA.

Parecía, hacia fines del año 1987, irrefrenable el ascenso de Cafiero a la presidencia de la Nación para dos años después. Lo que siguió es conocido por todos. Antonio no pudo, ni aún luego de su gesto de enorme estadista y cabal demócrata de acompañar a Alfonsín cuando el alzamiento carapintada. Y dicen algunos que tal vez por ello mismo. Incomprobable, claro.

Dicho sencillo, Chiconi intentaba homologar la maniobra de aquella renovación con la de la actual. Esto implicaría la amenaza de desplazar a la presidenta CFK de su actual jefatura del peronismo.

El problema de esa hipótesis era y sigue siendo sus términos. Primero, porque Cafiero, a diferencia del kirchnerismo, era oposición al gobierno nacional y también al interior del partido justicialista. Hizo lo suyo por fuera del Estado y de cualquier otra estructura para adecuar al peronismo a las nuevas tendencias sociopolíticas nacionales. El massismo, en cambio, y por mucho que ha intentado vender una imagen contraria, es un encuadramiento de oficialismos municipales que, principalmente, quebraron el Frente para la Victoria, que integraron hasta 2011, disconformes --según explicaban-- con el reparto de poder que merecían en relación a su electorabilidad, que sólo debieron reconfirmar ya sin paraguas nacional. Por otro lado, y aunque debería ser innecesario aclararlo, Cristina Fernández no es Herminio Iglesias ni Lorenzo Miguel.

Por último, el PJ fue derrotado en 1985 sin llegar a juntar siquiera el 10% de los votos en la provincia de Buenos Aires. El Frente para la Victoria, en cambio, conservó en 2013 su 35% de piso histórico nacional, como ya lo había hecho en 2009.

Seguramente consciente de todas esas disimilitudes, Sergio Massa reconfiguró su estrategia inicial, que era la captura del peronismo oficial (ayudado esto también por la ausencia de garrochazos posteriores a octubre de 2013, contenidos por el PJ reconstituido), y se dedica desde hace más de un año a intentar sus cultivos sobre otros espacios y sociologías. 

Lo que, desde luego, supone resonancias en términos discursivos: la conservación de lo bueno para cambiar lo malo quedó de lado, a favor de un discurso mucho más confrontativo para con la cosmovisión oficial. Eso entre tantos otros constantes recálculos que han decidido. Las dificultades que explora ese viraje, dada la sobreabundancia de oferta de tal tipología, y el estudio del pretérito citado, ayudan a comprender la crisis que atraviesa el FR. Massita no logró incorporar nuevos intendentes (no pudo siquiera cerrar a Martín Insaurralde, por cuya permanencia ya nadie derrocha sudor en el FpV-PJ), el único gobernador que anunció saltar a las filas renovadoras (el rionegrino Alberto Weretilneck) va rumbo a convertirse en cadáver político y el gobierno nacional controla sin mayor esfuerzo la escena política a esta hora. 

Hace poco, los twitteros massistas, habituales voluntaristas del humor ácido --con escaso éxito--, difundían una foto de Daniel Scioli junto a Cafiero, para editorializar lo que, suponen, será un futuro fracaso presidencial del ex motonauta.

Se trata, esa pretensión de agudeza, de un fenómeno que la psicología denomina proyección.

(También esta historia continuará...)

2 comentarios:

  1. muy, muy bueno lo suyo compañero, te felicito.

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    1. ¡Capo! Siempre estoy leyendo Conducir es Persuadir. Ando escaso de tiempo últimamente para, además de postear, engancharme en debates. Pero ya vamos a meter intercambios provechosos. ¡Abrazo!
      Gracias por el elogio, que hago mutuo.

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