martes, 7 de octubre de 2014

Los enigmas del sufragio brasileño

Pasó el primer turno de las elecciones en Brasil.

Vamos rumbo a un ballotage en el que, nos comimos, Dilma Rousseff competiría contra Marina Silva, y que ahora será contra Aécio Neves. Es todo lo que diremos acerca de encuestas fallidas (pongámosle), operaciones y otras yerbas por el estilo porque aquí no nos gusta hablar de cosas que, como acabamos de comprobar una vez más, no existen. Sepan disculpar la cuota de sarcasmo. La jornada eleccionaria la vivimos con mucha intensidad, vía Twitter, sobre el transcurso mismo del recuento, en frondosos intercambios con Gonzalo Bustos y el periodista de Ámbito Financiero (que sabe) Marcelo Falak. Provechosos.

Sin embargo, cuesta todavía descular bien el significado de este episodio. De todos modos, para salir a la cancha rápido, vamos con algunas cuestiones propias de toda instancia como ésta, con los matices particulares y específicos del caso.  

Lo que más se ha comentado es el llamado fenómeno Marina Silva. Ya poco importa si se pinchó, o bien nunca existió.
Dilma perdió 6 puntos respecto de su consagración en 2010. Ahora bien, ¿adónde se fue eso? El PSDB y Marina crecieron apenas dos puntos cada uno en cuatro años. Se trata, entonces, más de un desgaste propio del PT que otra cosa. Claro: por decepción de los desempobrecidos para con su representación política. No obstante lo cual, no parece Silva haber resultado catalizadora de ese descontento. Veremos, habrá que esperar que transcurra, por lo menos, la primera semana de cara a la segunda vuelta para establecer correctamente a qué respondió su representatividad. Está hoy menos claro que hasta ayer. Atención: si esto ya se advertía desde hace 4 años, y el PT aún no ha podido resolverlo (se diría, en cambio, que empeoró), las chances de lograr el retorno de quienes le huyeron en las urnas, presumiblemente, se resentirían. 

Casi 8 puntos a favor de Dilma. Diferencia conocida como el umbral de los balotajes. 
No va a ser sencillo lo que se viene, pues Aécio anduvo mejor de lo que se esperaba. Pero el PT prefería polarizar con él que con Marina. Confunde menos y Dilma tiene muchas mayores chances de capturar de allí que de Neves, un voto netamente antipetista, que requiere de hacerse de casi el 80% del sufragio que esta vez fue marinista para dar vuelta el asunto. La nueva arquitectura de decisión brasileña de seguro encierra muchos de los interrogantes de cara al segundo turno. Hace falta determinar el peso de la grieta antigubernamental, si la hubiere. A partir de todo esto se organizarán las nuevas estrategias.

En adelante, será clave el papel de Lula. Es una coincidencia casi unánime. También el de Fernando Henrique Cardoso, si es que decide intervenir. Pero, fundamentalmente, esto depende de si el PT conserva el rol de agente de transformaciones.

Y tanto o más que eso, de cuánto(s) cambio(s) y, más aún, qué tipo de tales aspira la sociedad vecina.

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Brasil es, por buenas razones, un motivo de especial atención para nuestro país.

Desde que José María Rosa escribiera libros de Historia nacional, en los que analizó como pocos la estructuración elitista del antiguo Brasil esclavista (que, con lógicas reconfiguraciones, deriva rémoras de desigualdad hasta el día de la fecha), que influyeron en nuestra política interna al punto de jugar un rol decisivo en las caídas de los gobiernos de Manuel Dorrego y de Juan Manuel de Rosas; hasta que a partir de las recuperaciones democráticas con Alfonsín y Sarney, pasando por el nacimiento del Mercosur con Menem y Cardoso y el no al ALCA que alumbró el UNASUR de Kirchner/CFK-Lula/Dilma, la relación fue dejando atrás las hipótesis bélicas y transitó a la integración, las sinergias se explican solas.

José Natanson hizo un aporte esencial, hace ya un par de años. Brasil quiere proyectarse como jugador de grandes ligas. Para ello, la diplomacia PT entiende que se requiere de tener ordenado el vecindario. Por eso Lula y Dilma han colaborado a favor de la estabilidad y el progreso del subcontinente. La forma PT de tramitar la geoestrategia es un menú más amable.

No obstante que coincidamos en relación a que el Mercosur se debe inexorablemente una cirugía para revitalizarse, no debería sorprender que Neves esté pensando en desnaturalizarlo por completo. Se trata de elegir entre lo complicado y lo terminal. 

La política internacional en tiempos de mercados regionales condena a quienes los transitan en soledad.

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