viernes, 3 de octubre de 2014

Hay que aprender a tomárselo en joda

Luego de décadas de intentos frustrados, el Código Civil y Comercial Unificado ya es una realidad. En términos técnicos, haría falta mucho más que un post para analizarlo. 

Desde la perspectiva política, implica un salto cualitativo sustancial en cuanto al carácter democrático de la nueva norma. Teníamos un texto cuya letra fue encomendada a un jurista que definió por sí sólo, refrendado en una votación legislativa a libro cerrado e indisponible para los representantes del pueblo. De lo que surgió una ley, aun cuando valiosa, plagada de fallas técnicas (de ahí tantas anotaciones: para salvar los yerros). Su reforma más importante a la fecha, la ley 17.711 de Guillermo Borda, tuvo lugar durante la dictadura del general Juan Carlos Onganía.

Hemos pasado a otro de redacción trasversal al interior de las instituciones de la república, pues participaron en este asunto los tres poderes del Estado. Un debate amplísimo que duró más de dos años, peregrinó por todo el territorio nacional en audiencias públicas en las que se otorgó (de modo casi inédito en la historia del Derecho Comparado) participación popular e hizo espacio a casi dos centenares de modificaciones propuestas respecto del anteproyecto originario.

El contraste descriptivo, además de ilustrar, editorializa por sí mismo.
Lamentablemente, no fue todo lo pluripartidario que hubiera merecido el esfuerzo de apertura construido a lo largo de tanto tiempo y por tantas personas de distintos orígenes, filosofías y convicciones. Una pena. Allá aquellos que eligieron perderse esta cita histórica. El nuevo Código no es perfecto ni mucho menos, más vale. Ni aspiraba a serlo porque no se persigue lo inexistente. Pero es infinitamente mejor que lo que teníamos hasta hoy. Y constituye un capítulo muy provechoso para la trayectoria democrática y republicaba de nuestro país.

(Es también una pena que este post deba apelar a tanta perogrullada para comentar una cuestión a la que le cabía un abordaje mucho más rico y complejo, pero comodoropyzación de la política arrastra a lo berreta a todos.)

No habrá, con todo, cacareo impedidor (opositor le queda enorme a la dirigencia adversaria) que borre este avance de la experiencia democrática argentina.

* * *

Últimamente se discute mucho respecto de la estrategia de la presidenta CFK de cara a 2015. Si es a la victoria o a la derrota. Tal vez el derrotero legislativo de las últimas semanas pueda orientarnos acerca del interrogante.

Venimos de la segunda moratoria previsional (500 mil nuevos jubilados, elevando la tasa de cobertura al 95%), de la ley de pago soberano de deuda en sede local y del paquete de nueva regulación del consumo (reformas a la ley de relaciones de consumo y producción, nueva justicia del consumidor y observatorio de precios). Esta semana que se termina alumbró el nuevo Código Civil y Comercial; la semana que viene, Diputados aprobará el Presupuesto 2015 y el Senado hará lo propio con la nueva ley de hidrocarburos, en acuerdo con OFEPHI. Están comenzando los debates en torno a la desincriminación del consumo de estupefacientes. Y van en marcha el nuevo Código Penal, la despenalización del aborto, (CFK no impulsará pero tampoco vetará, contó Horacio Verbitsky) la ley de acciones de incidencia colectiva y la reglamentación de los juicios por jurado.

Mayorías legislativas a prueba de balas en cuestiones mega conflictivas al margen, en cualquier caso, no parece bajo ningún concepto ser, ésta que acabamos de repasar muy por arriba, una agenda de fin de ciclo. Más allá de lo subjetivo, queda claro que no se está apenas administrando. Se trata de un año de cierre muy distinto, entonces, al de Carlos Menem, que justamente por eso finalizó sin turbulencias aún en minoría en la cámara baja.

Por otro lado, de la mano de las enseñanzas que al unísono pregonan de las muchachadas del PRO y del PO, con mucha de toda esta legislación hemos aprendido que el kirchnerismo consiguió lo que cualquiera habría creído imposible: una síntesis entre chavismo y neoliberalismo. Vaya prodigio de las Ciencias Políticas y de la Filosofía.

No hay lugar más que para el humor. Un aquelarre de dirigentes de distintas extracciones, algunos de respetable trayectoria militante previa, arrastrados por Elisa Carrió hacia los tribunales para pedir la clausura de un debate parlamentario por el nuevo CCyCU. En la chaqueña, que carece de la más mínima construcción política territorial concreta, se entiende. No tiene otro modo de trascender que la espectacularización. El resto, teme que los arrastre en el denuncismo (déjà vu Presupuesto 2010) . En sus respectivos casos, por complicidad con el kirchnerismo. El ridículo llegó a tal punto que no lograron acordar una única denuncia al presidente de la HCDN, Julián Domínguez. Una apuesta al pluralismo, también en materia penal.

Semejante nivel de desorientación política estuvo perfectamente metaforizado en bloques legislativos que confundieron el sitio en que les corresponde ejercer su representatividad.

Fueron las bancas vacías en este caso las que descorrieron el velo del ídem doctrinario.

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