martes, 23 de septiembre de 2014

Poder, luego se existe

“Los que hablan de ciclos argentinos de 10 a 14 años me sorprenden: ¿piensan que es un determinismo y no el resultado de intereses con poder?”, dice en Twitter el amigo Ricardo, editor del magnífico Los Huevos y Las Ideas.

Da en el clavo, a nuestro criterio. En ese sentido, la discusión 2015, lejos de lo que se pretende en contrario, será de las más trascendentes desde recuperada la democracia en 1983. Porque, justamente, se cumple el término apuntado por el colega tucumano. Quizás también por ello no casualmente se insiste tanto en lo contrario. Ocultar la trama de la disputa que se aproxima. Conviene prestar atención, a todo esto, a que la discusión electoral en Brasil parece transitar una tónica similar: son matices, cuentan algunos, lo que diferenciaría a Marina Silva de Dilma Rousseff.

Tampoco es cuestión de negar que, es evidente, los gobiernos del posneoliberalismo sudamericano han sufrido los problemas del crecimiento, tanto en cuanto a su resolución como a la representatividad de esas demandas. Ahora bien, una cosa es eso y otra, muy distinta, negar el trasfondo de los sustentos materiales de cualquier sistema que se precie de tal.

Hay tres datos importantes que observar a propósito de esta cuestión, a nuestro ver. Primero, algo que siempre hemos repetido aquí, lo más interesante de observar a la hora del análisis de una fuerza política no son las características particulares del candidato sino las apoyaturas sociales que expresan. Segundo, la vocación evidente de sectores del establishment por un futuro gobierno sin mayorías parlamentarias; esto es, al que resulte más fácil interpelar desde su incapacidad de operar la realidad. Finalmente, pero conectado a esto último, la necesidad del FpV de proyectarse esta vez a partir de, primero, la consolidación de sus construcciones provinciales. Creciendo desde lo particular hacia lo general.

Pero, fundamentalmente, el dilema para el kirchnerismo pasará por convencer de que si la social continúa siendo la prioridad tope del plexo de demandas, eso no resulta posible en cualquier sistema de alianzas ni de situación de poder institucional.

La vinculación que construyen la presidenta CFK y el Papa Francisco, así las cosas, no resulta fortuita ni inocente. 

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