lunes, 15 de septiembre de 2014

El significado político de la irreversibilidad

La semana pasada comenzó con las repercusiones del triunfo de la alianza PRO/UCR en la ciudad cordobesa de Marcos Juárez. Mal analizado, para variar.

Como dijéramos aquí luego de la contundente victoria de Gerardo Zamora en Santiago del Estero, la proyección representativa de una elección local a escala nacional resulta muy compleja, y no se puede reducir al mero intento de reproducir tendencias, suponiendo que las expresara. Todo lo cual se acentúa en el caso en comentario. Lo escribió Carlos Pagni en La Nación la mañana siguiente al comicio: eligió no caer en el ridículo de anunciar un vendaval republicano a partir de un territorio que, recordó, es más chico aún que el graciosamente mítico Perico alguna vez agitado por Carlos Menem luego de las legislativas de 1997. 

Episodios tales, antes que la radiografía de una correlación de fuerzas determinada, pueden ser el punto de partida desde el cual experimentar hipótesis de construcción partidaria. El componente local, siempre el de mayor relevancia, lo explicó Manolo Barge: el partido de gobierno en Marcos Juárez, vecinalista, se quebró, lo que favoreció a la confluencia que promueve la candidatura presidencial de Maurizio Macri. Y algo más: ya en 2010 se pretendió augurar complicaciones para el Frente para la Victoria por su derrota en la misma localidad. Con el epílogo por todos conocido. En resumidas cuentas, concluyó Manolo, nada cambió sustancialmente todavía en cuanto a los pilares de la política macro actual a raíz de lo sucedido en MJ.

Este paso de comedia por sí sólo alcanzaría para ilustrar acerca de la precariedad de la política opositora.

Pero el capricho de la Historia en situar algunos sucesos en llamativa simultaneidad agrava todo. Porque resultaron, los siete días inmediatamente previos, los mismos en que se encadenaron la sanción de la Ley de Pago Soberano, la promulgación de la nueva moratoria previsional --con que serán cubiertos el 100% de personas en edad de jubilarse--, la aprobación por mayoría abrumadora en la Asamblea General de ONU de un proyecto del G77+China para establecer un procedimiento internacional de reestructuración de deudas soberanas contra la oposición de EEUU, Gran Bretaña, Alemania y Japón y la confirmación oficial china de que el Griefault no afectará ni las inversiones comprometidas ni el swap de monedas por U$S11.000 millones.

Y otros dos más impactantes: una vez más, el Papa invitó a una reunión a solas a la presidenta CFK, justo cuando ella va camino a refrendar lo actuado por la ONU sobre el conflicto buitre; y la presentación pública de Máximo Kirchner en el marco de un acto imponente que convocó La Cámpora en el estadio de Argentinos Juniors.

Durante una entrevista con Eduardo Anguita en 2012, Alejandro Horowicz dijo algo que puede servir como guía explicativa a los efectos de este texto: “Desde que se constituyen los bloques regionales en el mercado mundial (Unión Europea, NAFTA, etc.), la posibilidad de hacer política, de verdad, con estas condiciones, supone la UNASUR. Sin una estrategia sudamericana vos no tenes nada. Y la Argentina es escandalosamente provincial. (…) Todos creen que es más importante la interna radical de Trenque Lauquen que lo que sucede en el PT o en el sindicato de los metalmecánicos en San Pablo, que es mucho más importante como política sudamericana.” Más ilustrativo respecto de las diferencias estratégicas sustanciales que marca el kirchnerismo respecto de sus adversarios (lo que intentamos explicar ahora), difícil de encontrar. (A partir del minuto 48:00)

Así, pues, lo que se observa a la fecha es que el kirchnerismo opera sobre la escena a través de un tablero que incorpora mucha mayor cantidad de botones. Una cancha de dimensiones superiores. De eso modo llamamos acá, por caso, a articular la postura de Francisco en relación al rol de los mercados financieros en la marcha socioeconómica global, expuesta en su encíclica Evangelii Gaudium; con la dinámica internacional que pone en crisis la hegemonía norteamericana en el concierto de naciones por el crecimiento de China, Rusia y el resto de los BRICS, más el intento de domesticación del esquema de negocios que de todo ello se tradujo en Argentina (discusión por las nuevas leyes de abastecimiento y de creación de tribunales del consumidor), en función de una encrucijada que, más vale, repercutirá en la competencia interna. Y no hace falta aclarar que más allá de ello (diríase, burdamente, en el día a día del tipo de a pie) también.

La esterilidad opositora para intervenir en el debate parlamentario por la ley de pago soberano alarmó, con el proyecto alternativo de Sergio Massa al respecto, que hacía agua peligrosamente (por la posibilidad de dispare de la cláusula RUFO) por donde se lo mirara, como cúspide: garantizaba por ley hoy pago a 100% a los holdouts, mejorando la calidad de esos bonos.

Lo expresó mejor Mariano Grimoldi: “El oficialismo es la única formación política con capacidad para entender el alcance histórico real del conflicto con los buitres por la deuda externa. Los demás, piensan el mundo con los libros de hace 30 años, son incapaces de imaginarse algo distinto. El gobierno nacional, en cambio, decidió que Argentina sea vanguardia en los cambios de correlación de fuerzas y relaciones de poder entre las naciones que se darán en el mundo de acá a los próximos 50 años, y decidió asumir un rol activo en ese proceso. No está garantizado el éxito, puede salir mal. Pero haciéndole caso a Griesa estaría garantizado el fracaso y la humillación. Así, no.” 

Todo el cuadro habla de maniobras un poco superiores a una discusión casi de punteros. Que no está mal, ojo. Todo lo contrario. Salvo, claro, cuando se trata de todo el programa con que se cuenta, máxime frente a encrucijadas trascendentales.

* * *

¿Cómo entender la irrupción de Máximo Kirchner en este contexto?

Antes hacíamos mención del muevo mojón en los avances socioeconómicos de esta década, con el segundo programa de inclusión jubilatoria. Y la jefa de Estado suele recordar, y lo bien que hace, cada vez que se refiere a estos asuntos, que no se trata de magia, sino del producto de lo que se construye para sustento material de los derechos reconocidos (antes de las conquistas, hay que cobrar impuestos). Pero hay algo, más importante, que incide: las bases para el sostenimiento de todo eso en lo concreto. Los sujetos que encarnan, se diría. En el último número de El Dipló, Gabriel Kessler expone sobre la agenda social de la última década. Menciona avances, retrocesos y matices en distintas áreas (trabajo, distribución del ingreso, educación, vivienda, inseguridad, salud entre otras) y marca asimetrías, en una tendencia general de avances.

Pero cierra con algo más interesante: todo, opina, se hace posible porque “la igualdad está instalada como una demanda creciente de gran parte de la sociedad, omnipresente en el lenguaje de las reivindicaciones y en la lente con la que se miran, evalúan y critican distintas situaciones y políticas.” Ése es el quid de la cuestión.

Está claro que ningún otro espacio excepto el kirchnerismo puede hoy producir hechos como el de Argentinos Juniors. 
En adelante, se trata de preguntarse el para qué de todo eso. El lema de la convocatoria, #IrreVersible, habla a las claras. Más allá de ser --como pidiera Néstor Kirchner y se titula la biografía de la organización-- la fuerza propia del gobierno nacional, 40 mil personas se congregaron para gritar que no se dejarán correr fácilmente de la construcción del próximo escenario, a partir del cual surgirá un programa de gobierno, que no sólo un nuevo presidente. Jorge Asís (que, como Pagni, no por opositor eligió además idiotizarse, y analiza con honestidad intelectual y realismo) salió por Twitter a anunciar que se daba por notificado de la relevancia del suceso. Una plataforma más amplia convoca en mayor número. 
Porque, a la vez, requiere de apoyarse en ella. Así, la dinámica se retroalimenta.

El aviso está dado: quien quiera que sea depositario de la sucesión, deberá conjugar todo lo reseñado hasta este renglón. Nunca menos, pero leído como construcción político/partidaria en acción. En eso estamos.

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