lunes, 28 de julio de 2014

Señales inconvenientes

La política argentina no ha cambiado mucho desde que aquí hicimos un parate largo. Es cierto que el vicepresidente Amado Boudou ha sido procesado por los tribunales federales en la causa Ciccone, pero esa formalidad procesal no implicó ninguna variante crucial en el juego electoral. Los costos a pagar por ese asunto tramitan independientemente de su devenir judicial. 
Todo lo demás se repite casi idéntico.

Cuesta advertir hacia dónde derivará la trama, lo cual agrega espesor a la incógnita que, de por sí, supone una sucesión presidencial. En especial la de un ciclo histórico largo. Ese dato que falta, el de las tendencias sociales (“lo que quiere la gente”), es lo que determina un escenario de ballotage. No existe aún empatía, capacidad de expresar institucionalmente, porque no se puede construir representación en la incerteza. 
En la importancia de la necesidad de definir antes lo sistémico que lo subjetivo se coincide a ambos lados del mostrador.

Lo que sí ha generado un cimbronazo capaz de reformular la discusión 2015 es la sentencia de la justicia norteamericana que pone al país a elegir entre algo parecido a un default o echar a perder el desendeudamiento de 10 años y convertirse de nuevo en presa fácil de los mercados financieros.  

Al respecto, a excepción de Macri, que ya ha explicitado su opción por lo segundo, la oposición hace ruido con balbuceos. Lo cual genera legítimas dudas acerca de su capacidad para gobernar, si no atinan a opinar sobre un tema de Estado tan decisivo.

No se sabe, entonces, mucho acerca del futuro. Pero sí de lo que no debería ser.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Piense distinto, con pluralidad y objetivamente, aquí: