jueves, 24 de abril de 2014

La última curva de la autopista republicana: PRO

Se ha escrito mucho durante estos últimos días sobre la reciente constitución del consorcio electoral Frente Amplio UNEN.

Cuando la oferta analítica abunda, como sucede actualmente aún a despecho de los tiempos dictatoriales que --dicen-- vivimos, resulta difícil encontrar ángulos desde los cuales plantear originalidad. Si este texto, por decir algo, abordara la cuestión del terreno ciudadano en el que intentará sembrar la nueva alianza, con justicia podría ser acusado por plagio, o bien de repetitivo. Nos interesa, por tanto, adentrarnos en la polémica abierta en torno de la conformación definitiva del conglomerado. Cuya resolución será, de seguro, aplazada. Probablemente hasta bien entrado el año 2015. 

Incorporación de Maurizio Macrì a la propuesta republicana: sí o no. A esta hora, la pregunta del millón en dichas latitudes.

Pero, volviendo, se lo hará dejando sentado, se insiste, que aquí no se quiere divagar en cuanto a sociología del sufragio. Son bastante más simples nuestras aspiraciones.

Yendo al meollo del asunto: a nuestro criterio, en esta jugada se trata de poner las estructuras del radicalismo al servicio de una candidatura nacional potente. Para decirlo de modo más acabado: explorar la confluencia entre el desarrollo territorial y los niveles superiores de decisión, que gozan de mayor resonancia mediática pero flaquean en cuanto a electorabilidad. Ésa es la dificultad irresuelta de la UCR desde 2001: reflejar arriba lo que es fuerte abajo para concretar la competitividad que, en algún punto, amenaza. Luego de la abrumadora derrota que sufrieron ante la presidenta CFK en 2011, fueron ganando cabida unos cuantos malestares que buena cantidad de intendentes radicales del interior hicieron conocer con motivo de la exclusión que sufrieron en cuanto al diseño de la fórmula presidencial. [Cosas que ya hemos dicho: 1 y 2]

Eso deriva en holganza, planificada, a la hora de militar el binomio de candidatos. Y la consecuencia necesaria, lógica, previsible fue la brecha que se abrió entre el Frente para la Victoria y todos sus rivales. Antes lo habían sido los radicales K. El funcionamiento del aparato requiere del aceite de la expresión en términos de representatividad. 
Néstor Kirchner se las dio: Julio Cobos vicepresidente.

Algunos de esos enojos se fueron revirtiendo a partir las elecciones legislativas nacionales de 2013. A las cuales, conviene recordar, el partido llegó presidido por alguien impulsado por el grupo de alcaldes antes referenciado, y que lo había sido él mismo en la capital santafesina: Mario Barletta. La sustancialidad y solidez del nuevo emprendimiento, entonces, se pondrá en juego en relación a la incidencia que vayan a tener los territoriales boina blanca en debates como el que está abierto alrededor del posible entendimiento con Macrì. Algunos gobiernos locales del partido que fue de Hipólito Yrigoyen ya de hecho comparten sus respectivas administraciones con lo poco que tiene el PRO armado en las provincias. 

No fue auspicioso para el debut que se ausentara del acto el intendente de Córdoba capital, Ramoncito Mestre, quien habla mucho por boca de Oscar Aguad, quizá el más enfático y explícito a la hora de la promoción de una convocatoria al jefe del gobierno porteño. Viejas riñas con Luis Juez, de la pata progre del cóctel. En estas escaramuzas se juega el destino de FAU: ¿privilegiarán territorio y votos (Mestre) en las consideraciones a elaborar, o sobrerrepresentación ideológica sin urnas (Juez)? En definitiva, si aspirarán al PEN en serio de una buena vez por todas, o se conformarán con apenas renovar las bancas de Ernesto Sanz, Gerardo Morales y compañía. La ruta que les permitirá eludir nuevos sapos conduce a que apoyen los oídos sobre los distintos localismos. Que, según se cuenta, son más proclives de lo que se conoce al hijo de Franco.
                                                      
Poco se habla a lo largo de este post de Fernando Pino Solanas, Victoria Donda, Margarita Stolbizer, El Hijo de Alfonsín y demás negados al macrismo. Se explica fácil: no cortan ni pinchan. Sus huidas no compensarían lo que suma Macrì.

Es cuestión de que pase el tiempo para comprobar si valdrá, o no, lo que más pesa en el porotómetro.

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