miércoles, 2 de abril de 2014

Deslizamientos

Se dio, finalmente, se está dando, lo que anunciara en su momento el tucumano Ricardo Tasquer, editor del siempre recomendable blog Los Huevos y Las Ideas
La alvearización del kirchnerismo, tesis estelar suya para 2014. 
O lo que Horacio Verbitsky denominó ajuste heterodoxo.

La proliferación de inventiva en cuanto hace a definiciones sobre lo que sucede desde la devaluación de enero último indica que no se trata de una cuestión tan sencilla como pretenden quienes chicanean ahora inverosímiles --teniendo en cuenta el lugar desde el que lo hacen-- corridas por izquierda. Los matices que caben a las correcciones que hay en marcha (por el tiempo y los modos en que se están tramitando), el colchón de la construcción socioeconómica previa y el sostenimiento de pilares como la AUH, la actualización jubilatoria y la negociación colectiva hacen de la tarea analítica una empresa cuesta arriba en este caso.

Un kirchnerismo abocado a los cambios con que las urnas ordenaron acompañar al mensaje de continuidad en las imperfecciones de ésta, genera una oposición menos dispuesta a conservar lo que antes prometía de lo actuado por el gobierno nacional desde 2003. Eso reposiciona al oficialismo nacional en el tablero. Adversar, en adelante, implica trabajar sobre las dificultades que encuentre la presidenta CFK en su trabajo de revisión de variables agotadas. Luciano Chiconi, desde el massismo, dice que no hay garantía para los dirigentes del Frente para la Victoria de vencer al Frente Renovador si se ofertan electoralmente como “continuidad de algo que es distinto”.

Trasladado, entonces, el debate político a la cuestión de la eficiencia, ganan, al interior del dispositivo gubernamental, espacio proyectivo aquellos mayormente dedicados a tareas conectadas a lo cotidiano. Dícese, hoy día, gestión. 
Por caso, Florencio Randazzo. Pero esos son, hoy, todavía apenas globos de ensayo.

El asunto es que, como método preventivo a la hipótesis de éxito del kirchnerismo a través de su reconfiguración programática, el corrimiento opositor de sus ya de por sí muy tímidas referencias al conservacionismo de “lo bueno” se acelera. Lo contrario a lo que le decía a este comentarista un recientísimo garrochista durante un intercambio en las redes sociales: a la alvearización gubernamental, entiende, habría que responderle diferenciando nestorismo de cristinismo. Toda vez que estudia lo que llama giro a la derecha de modo descontextualizado y sin matizar en el plano de las opciones disponibles. En función de que, así, se genere un polo cultural que exprese la voluntad de retorno a etapas expansionistas.

Ese programa peca por duplicado.
Primero, en cuanto a la incertidumbre respecto de, justamente, el combustible con que alimentar el expansionismo, dato que a nadie se le escapa; pero, además, por la contradicción esencial que ello conlleva en relación a las apoyaturas sociales opositoras realmente existentes.

Esto se verifica cuando se presta atención a la concurrencia de distintos fragmentos del arco partidario antikirchnerista a cazar todos en un mismo bosque electoral. Ya sea en los casos del anteproyecto de Código Penal y/o de los recientes y sospechosos linchamientos, donde se pelean entre sí a ver quién rompe primero el termómetro de la reacción; o bien con la gira de Sergio Massa por EEUU la semana pasada, en la que se soltó a abjurar de líneas centrales del ciclo inaugurado en 2003, por mucho que puertas adentro sus voceros quieran embellecer sus decires. Y sistemáticamente se reitera que, en seguida de la marcación (crecientemente retrógrada) de agenda del massismo, aparecen, en fila india, radicales, socialistas y macrismo a hacer coro en idéntico espíritu.

Muy lejos, pues, de la pretensión de ciertos cerebros renovadores ex FpV hasta 2011, de que el FR bucease en la misma pecera que el kirchnerismo.

En política, el voluntarismo tiene el límite de los intereses que se litigan.

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