jueves, 13 de marzo de 2014

Las implicancias del regreso de Michelle Bachelet

Pese a la ostensible distancia ideológica que separa a Sebastián Piñera de Cristina Fernández, el ex presidente chileno fue buen amigo del gobierno nacional durante su gestión.

Esa sintonía se materializó en cuestiones concretas y de relevancia superlativa como el Corredor Bioceánico Aconcagua, que para Argentina equivale a facilitar su conexión con el océano pacífico. Lo cual, sumado a las posibilidades de vincular a tal iniciativa la reconfiguración de negocios que ha encarado la gestión pública de YPF y las reformas que, si bien muy limitadamente, se propone Florencio Randazzo en materia de transporte, habilita a imaginar una diversificación del perfil productivo argentino y a pensar más ampliamente el proyecto de país.

Lo actuado durante sus presidencias por Lula en Brasil, Néstor Kirchner aquí y el comandante Hugo Chávez en Venezuela, evidentemente, forzó el surgimiento de una nueva derecha en el continente, democrática: Piñera en Chile y Juan Manuel Santos en Colombia son ejemplos en este sentido.

Así, los intereses de la relación bilateral entre Argentina y Chile se sostuvieron (más aún: se profundizaron) a pesar de los cambios de gobierno acontecidos al otro lado de la cordillera. Y es indiscutible y deseable suponer que eso no variará.
Las novedades con el retorno de Michelle Bachelet al Ejecutivo chileno, entonces, pasarán más por los equilibrios geoestratégicos sudamericanos que otra cosa. Conviene aprovechar esta oportunidad para relanzar el Mercosur, pues viene golpeado con la finalización del mandato (con posterior enfermedad) de Lula, los fallecimientos de Kirchner y Chávez, las dificultades internas que debieron afrontar Cristina Fernández, Dilma Rousseff y Nicolás Maduro, los conflictos institucionales en Paraguay y algunos tibios (y estructuralmente lógicos) deslizamientos aislacionistas de Uruguay.

Se trata de evitar la frustración del no al ALCA camuflada a través de la Alianza Pacífico, que se debilita tras irse mal Piñera de Chile y frente a la incertidumbre del calendario electoral en Colombia, quedando Perú casi en soledad en el subcontinente.
Las derivaciones golpistas en Venezuela, de este modo, pierden algo más del ya muy poco eco regional con que cuentan.

Alejandro Horowicz dijo alguna vez que la posibilidad para los países de intervenir con el peso de la autonomía en el mundo caracterizado por los bloques comerciales supranacionales requiere de elevar el rango de la integración regional. 
Algunas de las cuestiones enumeradas en el segundo párrafo, y varias advertencias académicas en relación a que la respuesta a los ataques monetarios especulativos que han sufrido varios de los países de Unasur en los últimos meses mejoraría si es coordinada de manera colectiva con instituciones de permanencia temporal, sustentan su hipótesis.
La dinámica internacional acaba de abrirle al kirchnerismo un territorio de fuga hacia adelante más que interesante.

Su programa a futuro es capitalizarlo políticamente.

1 comentario:

  1. Respecto del rol de Perú en la "alianza del Pacífico" —solo el océano merece ser escrito con mayúsculas en ese término—, realmente Ollanta Humala ha sido una desilusión. Dicen las malas lenguas que Felipe Wermus, alias Luis Favre, el hermano de Altamira que se tuvo que rajar de Brasil por verse envuelto en casos de corrupción, lo está asesorando.
    Saludos.

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