sábado, 22 de marzo de 2014

La huelga de los docentes bonaerenses

Como siempre sucede en Argentina, la discusión por un litigio de gestión dispara incontable cantidad de otros debates. Que tengan que ver con el expediente principal, o no. Bien o mal intencionados. Está bien que así sea: se trata de política, es legítimo que los actores aprovechen los resquicios que encuentran para colar lo suyo. 
Uno aspiraría a un poco de otra tesitura en ciertas temáticas, claro.
Ya nos hemos expedido sobre esto, no vale la pena insistir ni pecar de ingenuos.

El paro por tiempo indeterminado que ha impedido el inicio de clases en las escuelas públicas de la provincia de Buenos Aires, a raíz del desacuerdo en la paritaria docente, no es la excepción. Donde se cruzan las internas que debe afrontar la conducción del sindicato negociador, acosada por victorias trotskistas en niveles inferiores de la estructura gremial; el proyecto presidencial de Daniel Scioli --y la supervivencia de eso dentro del kirchnerismo-- y demencialidades como las del vicegobernador Gabriel Mariotto proponiendo, para tramitar el conflicto, una inconstitucionalidad gigantesca (mirada a la luz de la normativa de OIT, de rango constitucional para nuestro país en materia de huelga): no hay que caer en el todo vale resultadista de Sergio Massa.
Mejor, primero, desmalezar; para entender el meollo.

La provincia de Buenos Aires alberga a, aproximadamente, un 40% del total de la población argentina (38 y piquito). Pero recibe, en la actualidad, apenas el 20% de la masa tributaria coparticipable. Ahí está toda la explicación del asunto, conviene no darle tantas vueltas. No tiene mayores dificultades comprenderlo. La complejidad vendrá a la hora de resolverlo. 
Ni los recitales, ni la publicidad oficial, ni Fútbol Para Todos (que, además, es cubierto por el presupuesto nacional; no con el provincial, el protagonista de este drama). Ése es todo el tema, siempre, en cualquiera de los problemas que últimamente venimos discutiendo: transporte, seguridad, educación: la superpoblación que afecta al Gran Buenos Aires. 
Que la hace, casi, inviable. Como bien la denomina Jorge Asís.

Cuando Scioli explica no tener el dinero que haría falta para satisfacer los reclamos salariales de los gremios de maestros dice una verdad casi tan grande como el Estado que gobierna. No cuenta con recursos, es, tal cual, así.

Gracias a Alfonsín padre (supuesto gran estadista de nuestra historia nacional), y al Pacto de Olivos, el procedimiento para modificar la ley de coparticipación federal es más complicado que lograr que la bellísima Lola Ponce se fije en el autor de este blog: imagínense, nomas, usted, estimado lector. Alfonsín quiso, con la reforma constitucional de 1994, crear un distrito híper pertrechado de billetes (para, apenas, alumbrado, barrido y limpieza; respecto del resto piden transferencia de estructura impositiva) para garantizar buenas gestiones gubernamentales de su partido ad eternum, como catapulta hacia la recuperación del poder grande, en la Capital, donde antes siempre ganaban los radicales. El PRO actualmente recoge esos frutos.
Le salió muy bien: la UCR recuperó el gobierno nacional en 1999 a través del entonces jefe de gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. No incluyó en su ecuación de probabilidades las destrezas de Fernando De La Rúa, que le arruinó el kiosco. Pero eso ya es harina de otro costal.

Es decir, lo que haría falta hacer, modificar la ley de coparticipación federal, está prácticamente fuera del menú de opciones. Súmese a esto que la patria cacerolera ya determinó que la Constitución Nacional debe quedar así como está.
Democráticamente, claro.

Así las cosas, lo más probable es que la cuestión se termine resolviendo como sería deseable que no se hiciera: poniendo el gobierno nacional (o sea, la presidenta CFK) lo financieramente necesario para zanjar las diferencias (no muy grandes, pero inabordables para la PBA). Y todo para, luego, tener que seguir aguantando que la traten de conchuda y de puta cuando (y porque) se ocupa de conseguir lo que hace falta para que el Estado, sencillamente, funcione, siquiera de la manera precaria que lo hace aún hoy en muchos de sus segmentos.

Gobernar supone esas ingratitudes.

(La tarea de repensar y reconfigurar la sintonía fina del país, entonces, va a seguir igual de subjerarquizada que lo está en este texto --donde aparece entre paréntesis, al final y desconectada del cuerpo principal como metáfora descriptiva de su realidad--, en tanto implica un conmoción de intereses en los cimientos mismos del edificio nacional, para la cual hace falta más que un poder ejecutivo federal: también una oposición que quiebre lanzas con estructuras anquilosadas que bloquean el avance en la lista de pendientes de un modo que no signifique cubrir heridas de bala con curitas. Un programa alternativo.
Es una empresa de Estado, no de facción: pero acompañarla supone compromisos riesgosos. 
La reforma del Código Penal no es buen augurio en este sentido.) 

2 comentarios:

  1. "La provincia de Buenos Aires alberga a, aproximadamente, un 40% del total de la población argentina (38 y piquito). Pero recibe, en la actualidad, apenas el 20% de la masa tributaria coparticipable. Ahí está toda la explicación del asunto, conviene no darle tantas vueltas. No tiene mayores dificultades comprenderlo. La complejidad vendrá a la hora de resolverlo." Resolverlo es muy sencillo: hay que cobrar impuestos como se debe a los ricos de la provincia, o sea hay que apropiarse de la renta agraria. Y reinvertirla en industria. Por supuesto que "hay que romper lanzas", pero con la Sociedad Rural y cía., no con las provincias pobres.
    Que no van a largar un peso y lo bien que hacen. ¡ Gracias a Menem y a Alfonsín por el cerrojo a la reforma de la coparticipación ! Buenos Aires, Córdoba, Sante Fé deben buscar en sí mismas sus recursos. Por supuesto es absurdo esperarlo de Sciolis, Binners o De La Sotas. Pero es el único camino. La larga marcha de la prosperidad argentina hace escala en la apropiación de la renta agraria para volcarla en la industrialización. Cualquier otro "plan de desarrollo" es verso.

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    1. Eso es cierto, pero sobre todo en el caso de CABA, Santa Fe y Córdoba. La PBA tiene un problema en este sentido, pero también merece una atención nueva la superpoblación del Conurbano de PBA.

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