martes, 4 de febrero de 2014

La autonomía porteña como metáfora de la imposibilidad de trascendencia del PRO

La excelente experiencia del Metrobús y la burrada gigantesca que se mandaron con las vacantes en las escuelas del distrito, confirman, a la vez, una teoría que aquí venimos maquinando desde hace tiempo acerca del funcionamiento del gobierno de Maurizio Macrì en la Ciudad de Buenos Aires, y también respecto de la naturaleza político/jurídica de la capital del país como hija que es --en sus actuales contornos-- de la reforma constitucional de 1994.

El problema es que no se sabe si CABA es municipio o provincia. O qué cuernos es.

En realidad, no es ni una cosa ni la otra. Es una ciudad autónoma. Pero muy pocos son los que pueden explicar qué quiere decir eso sin chamuyar.

Entonces: cuando Macrì tiene que funcionar como intendente (Metrobús), lo hace, y lo decimos en serio, bastante bien. A un nivel razonablemente satisfactorio. En cambio, a la hora de las tareas propias de un gobernador (gestión educativa), patina de las formas más torpes, inverosímiles, exasperantes que se puedan concebir. Esto último, en buena medida, porque administrar provincialmente requiere de un nivel de integración regional que se ve dificultado por las pretensiones, ya no autonomistas, sino directamente separatistas del universo porteño; fundamentalmente, de su ciudadanía.

El destino de Macrì, así, está directamente relacionado con las pulsiones de encierro del distrito que conduce: muy difícilmente, pues, algún día logre trascender la frontera de Avenida General Paz.

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