jueves, 7 de noviembre de 2013

Cacerolazos: lo que fue de un año a hoy

Había decidido, previo a las elecciones, que luego de comentarlas tomaría un descanso de los posteos. Alejarse de los sucesos para comprender mejor lo que viene. Además, un tiempito, hasta la asunción de los diputados electos, siempre hay en el que pasa nada. Ideal para, entonces, decir ídem. La realidad en Argentina es tan dinámica que, finalmente, ni 48 horas habían pasado desde el mazazo que nos vimos obligados, por razones de dominio público, a seguir en el ruedo unos días más.
                           
Mañana habrá otro cacerolazo, a doce meses del que pasó a la historia como 8N. El proceso social que tuvo origen allí, escribimos, desembocó en el escenario que organizó el voto de hace 10 días.

El juego democrático ahora contiene formalmente a la cosmovisión que sustentó y motivó el caceroleo. Eso reconfigura los modos de tramitación de los conflictos, porque ciertas demandas que se sentían insatisfechas ahora han encontrado medios de canalización institucional. No parece ser que compartan esa lectura los promotores de la movida, que esta vez se anuncia contra los tres poderes del Estado (nace del fallo de Corte contra Clarín por la ley de medios). Insistirán en idénticas tácticas.

Siempre fue una perogrullada discutir el derecho a reclamar así; ahora, también. Es lícito, en cambio, cuestionar la validez de reincidir en el método sólo porque tampoco luego de lo que inicialmente esos sectores consideraron un triunfo en las urnas se está a gusto.

En cualquier caso, será cuestión de costos y beneficios. Política, en definitiva. Siempre lo fue. Pese a que la repudien.

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