viernes, 4 de octubre de 2013

Las fronteras del Círculo rojo

A aquello que Maurizio Macrì llamó Círculo rojo, 6-7-8 lo denomina La Corpo; Alejandro Horowicz, bloque de clases dominantes; y Carta Abierta, poderes fácticos. En cualquier caso, se lo entiende fácil diciendo establishment. Y ahí nadie podrá decir que no comprende qué se quiso decir. Cuando el intendente porteño puso blanco sobre negro acerca del comportamiento de esos sectores le hizo a la discusión pública el nunca redundante favor del sinceramiento. De lo que era un secreto a voces.

La reacción, de entre intranquilidad y desaprobación, que mayoritariamente siguió a aquellas declaraciones de Macrì, evidencia un salto cualitativo de la ciudadanía en relación con la calidad institucional. Esas subyacencias, respecto de cuyos accionares fue creciendo la concientización, ahora ya no son tan mansamente aceptadas.

Entre que sus implicancias en el proceso que llevó al derrumbe de 2001 se hicieron demasiado evidentes, el indudable aporte cultural y material que la década kirchnerista hizo a favor de correr el velo con que desde el Estado siempre se favoreció a estos elementos y la explosión del acceso masivo y horizontalizado a la información que se ha dado concomitantemente con la crisis económica mundial --que ha permitido un examen minucioso sobre las responsabilidades de los sectores financieros en el desastre--, lo que antes era impunidad vergonzosa y vergonzante ahora ha ingresado en el territorio del escrutinio popular.

Falta, pero esto colabora en la reconfiguración de los modos en que se ejerce la gobernabilidad.

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En su libro La Nueva Izquierda, José Natanson cita al intelectual chileno Marcos Ominami para explicar la supremacía electoral de la Concertación hasta el año 2009 al otro lado de Los Andes.

Allí se explica que mientras el clivaje que organizó la política chilena fue el lema Sí-No, bajo el cual discurrió la campaña para el referéndum del año 1988 que definió la salida del poder de la dictadura de Augusto Pinochet, la derecha, emparentada por obvias razones al recuerdo del genocidio, no pudo revertir su situación desventajosa. Macrì expuso sobre el Círculo rojo para recuperar el favor que ese sector ahora dispensa a Sergio Massa. Si uno se pregunta por qué el tigrense no explora discursivamente más allá de vaguedades como “la ancha avenida del centro”, tiene que prestar atención a aquello que ya no es rentable asumir.

Resta comprobar si la misma resistencia que se observa hoy para con ciertos discursos logra correlato frente a hechos de igual corte regresivo. Si llegase a haberlos.

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