martes, 29 de octubre de 2013

29O (primeras impresiones acerca del fallo de la Corte sobre la ley de medios)

La Corte Suprema de Justicia hace política. Vaya novedad. El fallo publicado esta tarde estaba listo hace tiempo, los integrantes del máximo tribunal fueron calibrando el mejor momento para firmarlo.

Y no había mejor oportunidad que ésta: apenas confirmada la derrota electoral más dura en diez años de existencia del gobierno que lideró la sanción de la ley audiovisual. De hecho, Clarín siempre organizó su estrategia de desacato a la ley 26.522 a través de los tiempos electorales: calculando que un debilitamiento del kirchnerismo en ese territorio se replicaría automáticamente en el de la desinversión a que se ve obligado. Ocurrió exactamente al revés. Porque Ricardo Lorenzetti decidió hacer valer, a base de muñeca política, que le sobra, su lugar. Cuidando de no quedar pegado a ninguna de las partes del litigio. En beneficio propio, más vale. 

Será gracioso ver cómo hace ahora Clarín para argumentar denuncias sobre hipotéticas presiones del gobierno nacional a la CSJN a escasas 48 horas de haber sentenciado mediáticamente el fin del ciclo kirchnerista.

Que, explicaron, se encamina rumbo a dos años de esterilidad política.

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Nosotros, a propósito de lo anterior, hemos dicho: “La desinversión de Clarín que ordena la 26.522 (…) consumirá, hasta agotarse por completo, no sólo todo lo que resta del mandato de la presidenta CFK --que, inexorablemente, finalizará el 10 de diciembre de 2015--, sino, además, más que muy probablemente también el de quien resulte ser elegido para sucederla hasta el año 2019. (…) Dicho sencillo: no habrá, al menos por largo tiempo, y esto es casi indiscutible, posibilidad de articular aprovechamiento político con la puesta en regla de Clarín.”

Eso por una advertencia previa que había aportado el jurista Gustavo Arballo, en su blog, el 25 de septiembre de 2009.

Que decía: “(…) los actores grandes del mercado de medios audiovisuales van a iniciar una guerra de guerrillas contra la Administración, litigando en sede administrativa y luego en sede judicial los mecanismos de transición. Cosa muy complicada, la cirugía bucomaxilofacial de la hidra de mil cabezas va a llevar tiempo y un pallet de anestesias y cautelares. (…) El cronograma y las bazas de esa transición no la puede controlar absolutamente el gobierno, no porque no pueda ser mayoría en la autoridad de aplicación, sino porque hay algo que se llama ‘control judicial’, que va a ser aquí persistentemente requerido y monitoreado, y uno piensa, prestamente ejercido.”

Esto es lo que se viene. La constitucionalidad de la ley, que de por sí ya implicó un laberinto judicial, abre paso a muchos otros, a los fines de hacer operativos los mecanismos que han recibido convalidación constitucional. El impacto en el plano específico que importa al asunto demorará aún más en hacerse efectivo, notorio y eficiente. Lo que, en cambio, sí será inmediato es lo que surge del dato político: la capacidad del Grupo Clarín de operar para mantenerse al margen de la ley encontró sus límites. Ahora en Tribunales, antes había sido en los poderes electivos.

Eso se está haciendo sentir en “los mercados”, como bien cuenta acá Mariano Grimoldi.

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“Para los defensores de la ‘democracia abstracta’, esos que festejan la ‘continuidad’ inaugurada en diciembre del ‘83, el fetichismo de las urnas sigue siendo el corazón del sistema político. Los que no compartimos las alegrías fáciles, señalamos que democracia sin igualdad ante la ley (igual delito, igual pena), con impunidad sistémica para los crímenes de lesa humanidad, una democracia que conservaba en las tinieblas a los beneficiarios de la dictadura burguesa terrorista del ’76, no es siquiera formal; más bien se trata del mismo programa del partido del estado bajo control parlamentario; tan así, que votaras lo que votaras los mismos hacían lo mismo para beneficiar del mismo modo a idéntico bloque (…)”


Y agregaba: “(…) en lugar de celebrar ‘continuidades’ como las tres décadas democráticas nosotros festejamos discontinuidades, puntos de ruptura, estallidos sistémicos. (…) Y si bien el oficialismo logró elevar el escandaloso piso de la catástrofe social (un país que produce alimentos para 350 millones de personas, no logra alimentar decorosamente a 40 millones) no logró plasmar un nuevo proyecto colectivo, ni cambiar el bloque de clases dominantes, ni terminar de alterar el sistema de valores compartidos.”

Este expediente discurre por el carril de un quiebre, como lo pide Horowicz. Implica un avance en dirección a la domesticación de Clarín. A la liquidación de su capacidad de influir en los procesos políticos, sociales, culturales y económicos del país, como lo ha hecho en forma determinante, y sin pausa, desde su fundación en el año 1945. Y que en realidad forma parte del comportamiento táctico/estratégico de un sujeto colectivo, a cuyo provecho se estructuró el orden socioeconómico inaugurado el 24 de marzo de 1976. Es decir, excede al actor de esta causa.

Este tipo de sucesos escapan de la voluntad inicial de sus productores en sus efectos, generalmente. Se proyectan hacia los restantes componentes del consorcio que el holding propiedad de Ernestina Herrera de Noble conduce, expresa, sintetiza y vocea.   

A horas de celebrarse los 30 años de la recuperación de la democracia formal, un mojón, una herramienta importante en la carrera hacia la democratización material de la sociedad.

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No es, pues, menor el detalle del voto en soledad de Carlos Fayt a favor de Clarín. Acá no haremos mérito en ningún sentido del ministro más longevo del tribunal, pero el dato objetivo es contundente: Fayt asumió su cargo actual y desarrolló la mayor parte de su mandato durante la denominada democracia de la derrota, el período de nuestra historia durante el cual el Estado no fue otra cosa que la instancia de mera convalidación de decisiones orquestadas de modo extrainstitucional.

La puesta en crisis de esa epistemología todavía encuentra resistencias a la somatización en lo jurídico, refugio de los privilegios que ahora sufren interpelación. Pero quizás cada vez sean menos. Ojala. 

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