viernes, 13 de septiembre de 2013

Tevez a la Selección

Ahora que parecería que Alejandro Sabella tiene, aparte de abrochada la clasificación, ya también definida casi la totalidad del plantel argentino que disputará el Mundial de fútbol del año que viene, se reavivó la polémica en torno de Carlos Tevez. Ya que, parece, no habrá Cristo que vaya a mover al DT de la Selección Argentina de su decisión de no contar con Apache en la nómina que disputará Brasil 2014.

La versión que de modo dominante se maneja para explicar la decisión del ex DT de Estudiantes de marginar al delantero de Juventus es que, parecería, "el grupo no lo quiere". O más precisamente, Messi y, en menor medida, Agüero, preferirían que siguiese (Tevez) afuera. Esto no debería sorprender a nadie. Pasa seguido. Un tal Diego Maradona también tuvo, cuando futbolista, su lista negra. Bilardo acataba eso: no por subordinación sino para contentar a su as de espadas. Entonces, se perdió el Mundial '86 Ramón Díaz, quedando el equipo con, apenas, Pedro Pasculli y Sergio Almirón para el caso que Valdano no pudiera actuar. Y no pasó nada grave, ello no obstó a que Argentina fuese campeón del mundo.

De todos modos, y sin ánimos de discutir la veracidad del rumor aquí replicado, hay también razones futbolísticas en las que, seguramente, Sabella podrá encontrar mejores argumentaciones para justificar la exclusión de Tevez. Que yo, por cierto, comparto (la decisión y las razones que la inspiran).

Es sencillo: un Mundial es un torneo muy corto para el cual se cuenta con un plantel ídem. De manera que lo inteligente, a la hora de las designaciones, es, entiendo, equiparse con variantes; es decir, que los suplentes tengan características distintas a las de los titulares. Porque, de lo contrario, uno corre el riesgo de quedarse sin herramientas para enfrentar adversidades que puedan variar durante el transcurso del torneo. Tevez es demasiado parecido a Messi y a Agüero: son, los tres, ejemplos de delanteros que arrancan tirándose atrás, cargando la pelota desde tres cuartos de cancha en adelante; y antes de eso, también. Existen, por supuesto, ciertas disimilitudes entre los tres, no existen dos players idénticos.

¿Esto significa que no hay que “llevar a los mejores”? No: simplemente, que, creo, hay privilegiar la posibilidad de contar con alternativas.

¿Resulta entonces que Palacio es mejor que Tevez? En lo que hace Palacio, lo que hizo contra Paraguay, sí. Fue al choque y al barullo todo el tiempo contra los defensores guaraníes, liberando espacios a la explosión, cayendo a los vacíos abiertos por el actual delantero del Inter italiano, de las figuras de Barcelona y de Manchester City. Eso Tevez no lo hace: no puede, no quiere y ya se ha demostrado las veces que compartieron equipo. Carlitos es mejor en otros rubros del juego, claro; incluso, probablemente, seguramente más valiosos en la ecuación general de un equipo que los que puede aportar Palacio. Pero para esos ya están Lío y Kun: y ellos dos sí son muy superiores a Apache, a mi criterio.

¿Esto quiere decir que nos arriesgamos a que si Messi y Agüero se lesionan temprano y no pueden disputar el resto del Mundial quedaríamos sin lo que ellos específicamente aportan? Y… sí. Es así esto. Se trata, también, de correr riesgos. Pero, de igual forma, hay que pensar que si en algún partido lo que ellos dos están haciendo no sirve, y se necesita algo fuera de manual, de lo previsto, menos inteligente sería privarse de ello. En el fútbol, como en la vida, hay que elegir.

No obstante todo, hay que decirlo: no está de más pensar en la armonía grupal. También ocurre que así se haga, y mucho. Que nos vengan a contar a los hinchas de Independiente si convenía o no al futuro de cualquier jugador en la institución caerle bien a Ricardo Bochini: podrían consultar esto con, por ejemplo, Alberto Brailovsky, quien llegó al Rojo proveniente de All Boys a inicios de los ’80 y tuvo que marcharse rápido, tras un paso sin pena ni gloria, porque a Bocha no le simpatizaba: sobre todo, la superposición; se trataba de un ‘9’ que se tiraba muy atrás, del tipo de estos petisos de la actual Selección Nacional que acá estamos comentando.

Igual que su admirador Maradona, Bochini siempre prefirió compañeros de inferior calidad técnica, por cuyos desempeños siempre sacó la cara a base de fútbol del más puro y lujoso que hacía figura de un, por ejemplo, Norberto Outes, alias madera, y con eso está todo dicho.

Esto requiere sencillamente de pensar el fútbol, no como una suma de individualidades, sino como un rompecabezas. Donde el éxito está en encontrar las piezas que mejor encastren entre sí. Ésa es la idea de colectividad que se debe privilegiar.

Y que Sabella lo tenga claro, al menos en lo que a los delanteros se refiere, es alentador.

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