domingo, 22 de septiembre de 2013

La sangre y el tiempo

El gesto de paz del general Perón mientras se desarrollaba el golpe gorila de 1955, renunciar para evitar el derramamiento de sangre amenazado por el Ejército --prometían bombardear la destilería de YPF en La Plata--, la histórica decisión en la disyuntiva entre la sangre y el tiempo --según lo resumiera él mismo--, donde eligió evitar el sacrificio de vidas obreras a cambio de su continuidad en el gobierno nacional, aunque eso a la larga trajo asesinatos lo mismo --algo sobre lo que no se podía discernir en medio de la asonada--, constituyó uno de los hechos políticos de mayor nobleza en nuestra historia.

Perón apostó entonces a la política, con racionalidad de hombre de Estado en las circunstancias del caso. Privilegiando a la ciudadanía como eje central de su accionar. Salvando las enormes distancias con que corresponde matizar la comparación, fue algo similar a lo que hizo el comandante Hugo Chávez cuando intentaron derrocarlo de la presidencia de Venezuela en 2002. Felizmente, en aquel caso, para Venezuela tanto como para la región, con final exitoso inmediato.

Milcíades Peña, historiador y político trotskista, cuando se inició la acción militar, crítico furioso del peronismo y todo como era, pidió armas en la CGT para aportar a la defensa del gobierno con que era tan duro. Porque, contaría luego, más allá de sus diferencias con Perón, no tenía dudas respecto de que lo que lo adversaba y se venía era peor para aquellos cuya vida dedicó (Peña) a defender. Dicho sencillo: captó dónde estaban las contradicciones políticas esenciales. Es decir, en la dicotomía peronismo/antiperonismo. No había, no hubo, sin embargo, armas para los trabajadores. Lo que motivó que se enojara aún peor con el tres veces presidente de la Nación --con razón o no, juzgará cada cual--.

La distancia que separa a un estadista, que produce cambios concretos en la realidad de los pueblos, de un idealista, que son necesarios y valorables pero no superan el rango del horizonte intangible.

Merece Perón una reivindicación por todo aquello.

Bien, pues, por la presidenta CFK, que lo ha destacado hace instantes. Ha sido, hasta acá, lo mejor que se pudo extraer de los reportajes que le ha hecho Hernán Brienza a la primera mandataria, a nuestro criterio.

2 comentarios:

  1. Perón tenía EL DEBER institucional de defender su gobierno. Las leyes lo obligaban. Y también el imperativo político: "Debemos proponernos como nuestro más alto deber preservar la vida y duración del Imperio Británico y la grandeza de esta isla, y no dejarnos engañar por ilusiones sobre un mundo ideal que sólo significa que otros y peores controles ocuparán nuestro lugar en el futuro" **. ¿ Qué tal ? OTROS Y PEORES OCUPARAN NUESTRO LUGAR. Suerte para el Reino Unido que Churchill pensaba así. Suerte para los EEUU que Lincoln pensaba así. Evitar el derramamiento de sangre. Por favor.
    ** Discurso de W.S.L. Churchill ante la Comisión de Asuntos Extranjeros del Partido Conservador. Marzo de 1936. Extractado del libro "Se cierne la tormenta", Capítulo XII, "La pausa cargada. España. 1936-1937". (Si esto no es ganar una discusión ...)

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    1. ¿Su nombre? Porque contestar anónimos, a esta altura del partido...

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