jueves, 5 de septiembre de 2013

La arquitectura que subyace detrás de algunos sinceramientos

El esfuerzo que hacen las distintas espadas con que cuenta el massismo en la red de blogs para disfrazar de otra cosa lo evidente es admirable. Con una prosa que se pretende sofisticada, pero que a fin de cuentas dice tanta nada como el propio Massa, a la hora de mover las piezas en la cancha grande, sin embargo, emergen los hilos del círculo rojo que organiza los topes del trámite.

El FR es, apenas, el armado de que se valieron quienes elevaron la categoría ‘territorio’ a las cimas del altar en el análisis político.

Y no es que sea un elemento menor la territorialidad, pero la sobrevaloración del mismo pone de relieve a qué rango de insignificancia pretenden limitar la discusión pública. Alejandro Horowicz supo decir que el bloque de clases dominantes argentino tiene para el país un programa apenas de country: vivir de rentas, mejorar servicios y poquito más. Compárese eso con los discursos opositores actuales, y del análisis razonado de las variables se obtendrá el partido que está jugando ese sector de la clase dirigente.

Si no augurara conflictos indeseables para el país, sería gracioso asistir al momento en que Massa se debiera poner a cumplir con la enorme cantidad de contradicciones que ha insistido en alojar al interior de su dispositivo electoral. Nadie con él al mando pagaría, según va prometiendo en diversos mostradores, impuestos. Así se revela, mejor que de cualquier otro modo, el retorno a una política amanuense del establishment que en verdad propone Massa para reemplazar a un kirchnerismo que intentó hacer política con aquél.  

La presidenta CFK corrigió en parte el delirio que suponía la iniciativa del FR en materia de Ganancias, aunque sin dejar de implicar una jugada regresiva en materia fiscal. Pero demostrando que, a fin de cuentas, si en este litigio se trata de comprobar quién gestiona mejor también en ese aspecto ella supera a su ex jefe de gabinete: por el agregado de que ella aportó sustentabilidad al movimiento, estrechando márgenes a la tentación del retorno a los mercados de deuda como método de financiación del gasto corriente, una melodía conocida. Todo vuelve.

Cristina tiene para con el futuro el deber de articular su mejor entendimiento de lo macro con el impacto que eso puede suponer en “la agenda cotidiana de la gente”.

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Cuando a Maurizio Macrì se le escapó que ni él ni Massa gobiernan siquiera sus propios juegos políticos, no hizo más que completar la metáfora que sobre titulares y suplentes había lanzado CFK tres días después de las PASO. Y es bastante evidente que eso suceda si uno aspira a administrar un recetario que no vaya más allá del ABL. Mariano Grimoldi advirtió que la realidad lo pone a uno donde le da la gana, haciendo ilusorio el deseo de saltar por encima de los conflictos estructurales abiertos por los bloques de poder si no se cuenta con las relaciones de fuerza necesarias para torcer esa dinámica, desatada con independencia de voluntades particulares.

El problema político que en esto tuvo el kirchnerismo fue afrontar semejante cuadro sin agitar opciones potables de continuidad en el poder, porque esa finitud marcó el límite de su capacidad para extender las disputas en este punto. Dicho fácil: si el kirchnerismo eligió al menos intercambiar golpes con algo que con razón llama poder permanente, debió advertir lo disfuncional que a propósito resultaba el “Cristina eterna”, en el que ni el FpV creyó jamás.

Todavía está a tiempo de superar ese callejón. Más le/nos valdrá. 

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