lunes, 30 de septiembre de 2013

Desconectar la igualdad

En la vida, y en política mucho más, uno puede, perfectamente, modificar sus posturas. ¿Cómo no? El asunto es qué motiva ese cambio y hacia dónde se lo direcciona.

Sergio Massa, desde que se hizo candidato a diputado nacional mutando de kirchnerista a opositor, ha iniciado un giro de corte regresivo en sus posicionamientos políticos. El último de los cuales ha sido la crítica que dedicó al programa de entrega gratuita de Netbooks por parte del Estado a alumnos de escuelas primarias y secundarias de todo el país (Conectar Igualdad). Bajo el disfraz de, en realidad, repudiar que se lo financie con "fondos de ANSES", expresión poco precisa, académicamente hablando --algo que el jefe del Frente Renovador sabe bien: fue director del organismo previsional y jefe de Gabinete del kirchnerismo cuando la estatización jubilatoria--.

Bastaría, para contestarle, decir simplemente que Massa mintió: porque Conectar Igualdad se sostiene en aportes del Tesoro Nacional y no en ninguno de los fondos que gerencia ANSES, organismo que en el caso en cuestión hace sencillamente la logística del trámite. Lo cual, de por sí, habla a las claras de las calidades ejecutivas del que se presenta como el campeón de la gestión y el hacer; máxime siendo que se trata de alguien que ha participado de capítulos de esta iniciativa. Sin embargo, se le escapó un detalle que requería de algo tan sencillo como leer el decreto 459/10 que instituyó el reparto de computadoras. Así y todo, pifió (¿pifió? ¿o, más bien, "pifió"?). Las ventajas de ser el caballo del comisario mediático: que no te escruten la palabra con lupa. 

Pero vale la pena darle una vuelta adicional a lo que subyace detrás de la queja infundada del intendente de Tigre como pronóstico de acción de gobierno.

Conectar Igualdad, se insiste entonces, no se cubre con las rentas que generan las inversiones que ejecuta ANSES a través del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS), la masa de recursos que recuperara el Estado con la nacionalización de 2008. Dinero que habían aportado los antiguos afiliados al régimen de AFJP --que lo administraban en la timba financiera--. Ésa, se ha dicho hasta el hartazgo ya, no es, pues, “plata de los jubilados”, cuyos haberes mensuales se sustentan a través del descuento al salario de los trabajadores activos actuales y no del stock antes descripto.

Horas antes de las PASO, Massa ya había deslizado, llevado que fue a rendir examen de disciplinamiento ante destacadísimos ejemplares del establishment, que el sistema previsional podría, él en el gobierno mediante, explorar nuevamente territorios de la economía privada.

Que, a estos respectos, equivale, más específicamente, a hablar de los bancos.

El futuro, de esta forma, significa el retorno a una economía que deje de pensar sus excedentes en función de la rentabilidad social para derivarlos al desarrollo de la financierización. Lo que más bien tiene olor a pasado. Uno demasiado fresco: abrir segmentos de los negocios públicos a la intervención en el gobierno de ellos a las decisiones mercantiles particulares organizadas según la epistemología que dibujan oferta y demanda desatadas a su libre albedrío.

Después de todo, se trata de mantener lo malo y corregir lo bueno. ¿No era así, acaso







(Cambia, todo cambia. Massa, cuando elogiaba, hace muy poquito, 
en 2010, el programa Conectar Igualdad)

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