viernes, 2 de agosto de 2013

Lo que se dice futuro

El repudio al supuesto negocio del país dividido se convirtió en un carril muy transitado durante los últimos meses, incluso compartido por gente de muy diversa procedencia.

Nosotros ya nos hemos pronunciado de sobra al respecto: estamos muy lejos de acordar con que se trate, la confrontación, de un ardid. Lejos de eso, es la consecuencia lógica y natural de la puesta en cuestión de negocios concretos muy importantes, que poco tiene de relato, y más bien remite a bolsillos de payaso demasiado importantes como para desmerecer las implicancias que en términos de las conquistas sociales de los últimos diez años han supuesto.

El massismo, al inicio de la contienda comicial venidera, en teoría, venía a recorrer una ruta construida por encima, al margen de esa epistemología. Como si por sí sólo bastase para dejar de lado las tensiones estructurales que afectan la trama del país. Y al margen de que puede ganar las elecciones tranquilamente, porque eso no asegura que así y todo luego logre establecer nuevas condiciones que reemplacen a las actuales.

Lo que hay en juego ya está en marcha, e ineluctablemente exige definiciones a su respecto.

Lo expresado hasta acá se puede ejemplificar de mil maneras distintas, pero el propio Sergio Massa ha terminado por resignarse a esa dinámica, lo que se ha verificado en varios de sus gestos desde mediados de la campaña en curso.

De nuevo ahora con la incorporación de Eduardo Amadeo a su frente, llamado renovador.

Veremos, pues, cómo con esa incorporación, la de un antikirchnerista militantemente confeso, furioso y agresivo, sostiene aquello de la amplia avenida que prescinde de las veredas. Cómo para insistir en la “necesidad de mirar hacia el futuro”. Cómo para convencer de que así se plantea una “agenda de gestión concreta para ‘los problemas de la gente’”. Cómo para esconder que se trata, el suyo, de uno más de los tantos espacios al interior del cual se juegan intereses del establishment.

Finalmente queda claro que no alcanza con el mero voluntarismo para torcer los vientos de la historia.

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