viernes, 16 de agosto de 2013

Hacer de la crisis oportunidad

"Vísteme despacio, que estoy apurado." 
(Napoleón Bonaparte)

Es cierto lo que dice el amigo Ricardo en el más que recomendable blog Los Huevos y Las Ideas: Sergio Massa propone un desafío doble al kirchnerismo; y que, además --esto ya lo agregamos nosotros para completar el concepto--, corren en dos tiempos distintos.

Uno es de furiosa coyuntura, con --por lo tanto-- efecto inmediato en lo electoral y en términos del día a día, basado en la --así llamada-- gestión concreta (¿qué tenés para ofrecerle a la sociedad?, lo resume el bloguero tucumano). El otro, piensa en el mediano o largo plazo --según cómo sea que vaya a terminar procediendo el trámite--, con despliegue sobre el elemento partidario de lo político (¿qué tenés para ofrecerle al peronismo 2015?, abunda el pensador referido). El éxito de la narrativa que predica el massismo respecto de lo primero en relación a la discusión de las urnas, es decir, esto de que resulta posible una gestión del Estado despejada de conflictividad social, parió la derrota del Frente para la Victoria, que hace pedalear su programa sobre una epistemología radicalmente opuesta.

¿El Frente Renovador logró instalar un nuevo tiempo político desde sus todavía escasas dimensiones o simplemente leyó mejor algo que lo antecede y excede? Importa poco eso ahora: en cualquier caso que fuere, empatiza mejor con los vientos que soplan ahorita, y así entonces su triunfo sencillamente decanta. Ya lo dijimos el lunes.

Ahora bien: es conveniente no almorzarse la cena. Ojo, pues: porque la viabilidad del segundo trozo de la apuesta massista se sostiene en los cimientos que le pueda aportar la continuidad del éxito en el primero.  

Para 2015 faltan dos años aún. Una vida entera, para lo que aquí se acostumbra, en lo que tiene que ver con discusiones de poder. Y Sergio Massa se marcha ahora a revistar como uno más entre 257 diputados. Mientras tanto, la presidenta CFK continuará a cargo del gobierno nacional. Y también los gobernadores con pretensiones de dar el salto hacia las grandes ligas. Dependerán de la capacidad que puedan demostrar para sintonizar con una tonalidad distinta. Hay necesidades recíprocas, con todo, que generan el marco de oportunidad necesario para articular el sustento que hará falta para plantarse frente a las embestidas que presumiblemente pueden esperarse a partir de diciembre desde el Congreso de la Nación.

Y no son pocos, así las cosas, los recursos a que pueden echar a mano los perdidosos en las PASO para, si se deciden a actuar a fondo frente a la derrota --y esto supone incluir en la ecuación las demandas que se sienten irrepresentadas por el kirchnerismo y buscan nuevos patrocinantes--, reducir a los triunfadores a la irrelevancia que su porcentual de representatividad en la Cámara de Diputados indica en términos matemáticos absolutos: hay por delante la tarea de traducir esa superioridad numérica en la que importa, que es la de la política. Encima, al Frente Renovador le llegará pronto la hora de cumplir con la fortísima heterogeneidad que lo integra. Y de domesticar las pulsiones ajenas que intentarán conducirle la estrategia a contramano de las recetas que hasta ahora le resultaron, de amor y paz.

Andres Malamud cita al politólogo Ernesto Calvo para, justamente, aventurar que la cuestión durante los dos años que vienen pasará por el bloqueo de candidaturas adversas que hipotéticamente puedan emerger que por la construcción de las propias.

Algo de eso, no todo, habrá. Creemos.

Para Cristina Fernández el desafío pasa por recuperar la memoria del tiempo en que jugó con las reglas de sus rivales y levantó un muerto de dimensiones, a priori, mucho más significativas que las del que por estas horas lo amenaza. Al menos en lo que la formalidad institucional indica. Si se decide a tomar nota de que está transitando ahora en aguas hostiles, y a cambiar frente a tal cuadro los remos con que navega, puede tranquilizar a su tripulación y ponerla a trabajar para que, juntos, intenten evitar un naufragio que los amenaza a todos.

Por ahora, una vez más resulta, bajo determinadas condiciones, arriesgado en extremo pronosticar el fin del kirchnerismo. Si el kirchnerismo quiere que así sea, claro.

1 comentario:

  1. Yo nunca me diría "pensador", para empezar. Intelectual, quizás, ja.

    Ahora, fuera de joda, sí, hay tiempo si pensamos en los dos años que quedan, pero es imperioso que el kirchnerismo acorte la brecha de cara a octubre respecto a lo que el propio oficialismo considera importante y lo que la sociedad le está diciendo que tiene como prioridades. Lo otro se puede hacer sin armar tanto revuelo.

    Abrazo.

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