domingo, 4 de agosto de 2013

¿El triunfo cultural del campo nacional y popular?

Lucas Carrasco plantea hoy en su columna dominguera en el diario Crónica que varias de las cuestiones centrales de lo más ponderable del programa kirchnerista estarán garantizadas al margen del resultado de las próximas elecciones legislativas, porque, argumenta, “ya no sólo Massa sino el grueso de la dirigencia y partidos se muestran a favor de las principales políticas sociales y económicas del gobierno”. Agrega, en apoyo de su tesis, que las expresiones más recalcitrantemente opositoras y las que actúan directamente sus intereses sectoriales no superan el rango de la marginalidad.

Ésa fue nuestra postura, también, al inicio de la campaña. Cuando el surgimiento del Frente Renovador parecía ser el de una apuesta que podía sobrevolar por encima de las internas del bloque de clases dominantes.

Con el correr del asunto, ya lo dijimos también, Sergio Massa y compañía han sido incapaces de sostener la que parecía querer ser su lógica al inicio de la contienda. No tuvo, no tiene con qué salirse de la dinámica de confrontación que rige hoy la política nacional, el litigio entre el kirchnerismo y la cuasi totalidad de la conducción de AEA, la Asociación de Empresarios Argentinos. No cuenta con lo necesario para alterar las condiciones de disputa de poder actuales.

Ha terminado, el massismo, entonces, por ser otra más de las tantas expresiones en cuyo interior se alojan tensiones del establishment en el escenario de la política argentina, y va camino a operar el programa de sus negocios. La superior construcción del kirchnerismo queda evidenciada cuando sus fotos destacan ejemplares de mucho mayor rango que los de cualquiera de sus competidores y despliegue nacional consolidado. Las gráficas que circulan por Internet detallando quiénes de los candidatos en danza votaron las leyes más significativas de la década inaugurada en 2003, dan en el clavo más allá de la chicana del llamado de atención a los que se ausentan o votan a favor de negocios privados.

La fuerza de la presidenta CFK está ocupada en destacar que aquello que se le reconocen como logros han sido posibles a partir de una propuesta fuertemente instalada en toda la geografía nacional. Sólo así ha conseguido torcer las consecuencias "naturales" que ordenarían las comparaciones entre los actores en pugna.

En tanto el drama de lo que se viene en la escena política argentina es el del poder, habida cuenta de la ausencia, por fuera del kirchnerismo, de opciones con potencia institucional para plantarse como lo ha hecho muchísimas veces el Frente para la Victoria, lo que le vale ser tratado como una anomalía histórica, el ramillete de expedientes que según el editor de República Unida de la Soja se han consolidado, lejos de eso, corren grave peligro aún con un triunfo del FpV en 2013 si no resolviera una sucesión a la altura de sus fortalezas de estos días dentro de dos años.

Así como la marcha de las cosas se ha llevado puesto el discurso de buenas intenciones de Massa, suponiendo que lo creyésemos sincero, igual de fácil se puede barrer con conquistas sociales como la Asignación Universal por Hijo y la estatización de la administración del sistema previsional. Pasó en los ’90 con partidos mucho más fuertemente constituidos. Y aún con el kirchnerismo como lo hemos descrito a lo largo de este texto en la cancha, la ley audiovisual y la reforma de los tribunales no rigen; sancionadas en el Congreso y toda la bola.

Ya no se trata sólo de actitud y convicciones ideológicas: es la mera arquitectura de las relaciones de fuerza la que lo determina. 

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