sábado, 29 de junio de 2013

Kirchnerismo, massismo: la discusión central de la hora

Cristina Fernández comenzó a ganar las elecciones presidenciales de 2011 a partir del mismo momento en que sus opositores creyeron haber triunfado en las legislativas de 2009. Ese dato sirve para explorar el análisis de los últimos movimientos en el tablero político.

En efecto, no sólo no advirtieron, los distintos trozos del antikirchnerismo, lo extraordinario de las notas distintivas que colorearon los comicios en que quitaron la mayoría parlamentaria al Frente para la Victoria (a la salida del conflicto entre oficialismo y patronales agrarias, en el inicio del choque del gobierno nacional con la prensa comercial dominante, y con el impacto de la crisis económica global pegando de lleno: con 1% de destrucción de empleo y caída de 3% de PBI); además, para que exista un derrotado es necesario que haya a su vez un vencedor, y en aquel entonces fue imposible determinarlo.

Cuando el doctor Alfonsín perdió las legislativas de 1987 fue a manos de la renovación peronista, y nadie dudaba de ello. Al doctor Menem le pasó lo propio en 1997, ante la Alianza; y el doctor De La Rúa en 2001 cayó frente al que se vayan todos que estalló unas semanas después de las elecciones en Plaza de Mayo y en todo el país. Bien, ¿y en 2009?

Triunfó Macrì en Ciudad de Buenos Aires, De Narváez por muy poquito en la provincia de Buenos Aires, Luis Juez y la UCR en Córdoba --el primero en senadores, los segundos en diputados-- y hubo casi un empate técnico entre Reutemann y el Partido Socialista. En definitiva, nadie. Y así y todo, el kirchnerismo resultó la fuerza que mayor cantidad de adhesiones recogió a nivel nacional. En 2009 tanto como en 2011, y ahora no será la excepción, como venimos sosteniendo aquí, el drama resultó el mismo: la ausencia de fuerzas nacionales competitivas alternativas a la del oficialismo.

Hoy Reutemann es prácticamente un ex político, Macrì, Juez y De Narváez van camino a sumarse a esa categoría, Binner comienza a experimentar el mismo dilema que aqueja a los Rodríguez Saá y a De La Sota --no poder ser vencido en su propia provincia, pero tampoco trascender esas fronteras-- y los radicales, que hace dos años ya habían perdido su carácter de partido nacional para pasar a ser una federación de gobernadores, han descendido aún más en su rango, por cuanto ahora agrupan sólo algunas intendencias importantes.

Para peor, aquello, la fragmentación de triunfos en mosaico a lo largo y a lo ancho del territorio, fue saludado desde las interpretaciones de la prensa comercial dominante. “Qué bueno que no ganó nadie, todos tienen poquito poder”, se celebró, de manera cínica, perversa, estúpida. El mensaje era obvio: qué bueno que nadie va a ser capaz de efectuar modificaciones sobre las estructuras del poder real, habladas por la crema del periodismo opositor. En efecto, así fue: entre 2009 y 2011 el Congreso nacional no logró sancionar una sola ley. El estado ideal de cosas, la parálisis legislativa de las operaciones del poder institucional sobre el statu quo, el empate conservador.

Ahora bien, eso, que sirvió en una renovación parlamentaria, se reveló incapaz a la hora de la cita presidencial. Y como decíamos hace días, el buen diagnóstico es un insumo esencial a la hora de la práctica política. La suposición respecto de un clima social predominantemente antikirchnerista organizó las estrategias de la última elección general, y se convirtió en el requisito de cualquiera que desease aceptación como integrante del pelotón opositor.

La desigual pelea entre la única fuerza política nacional y sus rivales invertebrados tuvo como corolario lógico inevitable los 37 puntos que separaron a la presidenta CFK de su más inmediato vencido.

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Entonces, ¿qué supone la aparición del intendente de Tigre Sergio Massa y de su Frente Renovador (FR) en la escena grande, a partir de lo estudiado?

Los integrantes del nuevo armado hacen esfuerzos por aparecer como alternativa y no como oposición al Frente para la Victoria. Han existido pronunciamientos a favor de la Asignación Universal por Hijo, del programa de desendeudamiento, de la política de DDHH y de la ley audiovisual. La presencia del intendente de Almirante Brown, Darío Giustozzi, como elemento privilegiado del frente es un indicador en ese sentido, por su muy reciente pertenencia kirchnerista. El límite, dicen, es la re reelección, que nunca ha sido un programa político concreto por fuera de la histeria del Partido Clarín. O el pacto con Irán, que incluso CFK admite que no le cambia la vida a nadie

Sostuvimos, la primera vez que nos referimos a este asunto, que la percepción del establishment es que el FR no es tropa propia, y que por tanto habrá intentos de operación al interior de la novedad. Y así fue: durante la primera semana posterior al anuncio de las candidaturas, cuando se confirmó la candidatura de Massa, han aflorado las presiones a por “manifestaciones concretas”, léase más definidamente opositoras, del jefe comunal de Tigre respecto del kirchnerismo.

Y en menor medida, versiones sobre la posibilidad, a futuro, de un aprovechamiento de esta nueva estructura por parte del intendente porteño Maurizio Macrì, cuya impotencia política es la nota distintiva de la hora, habida cuenta que ha sido incapaz de presentarse en varios distritos. ¿Y por qué Massa, de resultar vencedor, debería compartirlo con quien no es capaz de hacer pie más allá de la General Paz?  

El massismo ha decidido incorporar al kirchnerismo, su significancia histórica, como parte de su propuesta. Dicho con crudeza: supone, en caso de derrota del oficialismo, que no habrá deskirchnerización como a partir de 1955 se intentó la desperonización de Argentina a partir del derrocamiento del general Perón, y que es el programa que intenta imponer el Grupo Clarín como condición sine qua non para ser admitido como opositor. Y de otro modo: ofrece un piso distinto de discusión política si se consolida como la opción más fuerte a la del gobierno nacional. Esto es, garantiza la salida fronteras afuera de la disponibilidad electoral de determinadas cuestiones que estuvieron en cuestión durante los últimos años.

Hay expedientes cuya continuidad en el tiempo dejarán de formar parte de la incógnita, y no es cierto que eso ya estuviera claro: abundan expresiones del PRO en contra de la AUH, por caso. Ése es el dato saliente de la aparición del FR, y que genera la incomodidad del resto de las oposiciones para con la novedad. Pero es una necesidad del massismo si, a futuro, quiere pasar de pantalla hacia la competencia nacional, en tanto requerirá de acordar siquiera mínimamente con el kirchnerismo, en tanto único dispositivo de poder consolidado de modo acabado. Contestaron a la jefa del Estado sobre la expresión fin de ciclo, en definitiva; lo que ha sido explícito en boca de Giustozzi.

Para el kirchnerismo, entonces, se tratará, como dijéramos hace tiempo, de convencer acerca de la necesidad de sostener los niveles de conflictividad y tensión con el poder real como clave para la expansión de conquistas como las que ahora encuentra que algunos comparten.

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