lunes, 13 de mayo de 2013

Néstor Kirchner, la película II


El 6 de enero comenté acá, luego de haber podido finalmente verla, la película sobre NK de Paula De Luque. Reiteramos lo entonces dicho al respecto: es pésima.

Ahora pudimos ver la de Adrián Caetano: tampoco me satisfizo.

Dije entonces: "Lo cuentan plano, lineal, predestinado. (...) Néstor jamás eludió --se lo puede ver en You Tube, el día que fue como invitado a 6, 7, 8-- lo que significó Duhalde como capítulo de su historia: asumió, con absoluta naturalidad, que pactó, por necesidad, con él; y con eso lo sinuoso de los carriles por los que discurre, no exenta de contramarchas, la traza de un proyecto político, por entremedio de las complejidades que dictan las contradicciones que se imponen a partir de los márgenes caprichosos que se dibujan al interior de las disputas propias de la vida misma, en general; y de la lucha política, en particular. Todo ello implica una riqueza que la película de De Luque, pintada con trocha gorda, elude, en tanto elige desatender las particularidades de, justamente, lo humano, rugoso por definición."

Caetano sí elude el endiosamiento de un Mesías que Néstor Kirchner obviamente no fue; entiendo que más bien intentó subrayar cierta coherencia histórica, sostenida en su accionar gubernamental en distintos ámbitos a través de largos años de carrera política y del énfasis dedicado a ciertos rasgos de una personalidad común, sencilla.

El amigo Lucas Carrasco, quien en su blog me caracteriza correctamente como “fervoroso kirchnerista” (de paso, agradecemos la mención, como siempre), dijo alguna vez, en un reportaje que le hicieron pocos días después del fallecimiento de Néstor Kirchner, que el kirchnerismo concitaba adhesiones multitudinarias debido a que, habiendo expuesto que el drama argentino hasta 2003 se fundaba en la dualidad que implicaba que el poder real no fuera el de las instituciones de la república, aportó la novedad de que se hacía posible la rebeldía desde el oficialismo.

Allí está el meollo que ninguno de los dos films supo abordar con acierto, en especial el de De Luque.

Demasiadas veces uno hace abuso del término complejo sin estipular con exactitud a qué hace o quiere hacer referencia.

En el caso de Néstor Kirchner, lo esencial pasa, más allá de su trayectoria particular, por la comprensión del proceso histórico de resignificación política que desató un personaje que, formado durante la frustración del tercer peronismo y habiendo escalado a la vida pública como elemento integrante estable del elenco dirigencial de la democracia de la derrota (ciclo 1983/2001), llegó a la presidencia como resultante de nada menos que el estallido del sistema político/institucional cuando la caída de Fernando De La Rúa; la más grave crisis que en la materia haya atravesado este país. Y cuya resolución, ojo, aún está en disputa.

En definitiva, y poniéndonos muy marxistas, cómo hizo un dirigente burgués para, interpelando con armas sistémicas a los topes que enmarcaron la dinámica política nacional, poner en crisis el statu quo vertebrado en veinte años de democracia post dictatorial. Uno que hizo de la, apenas, instancia de convalidación legal de negocios privados. La reversión (cuando menos los puntos suspensivos) de aquello parió el único espacio con sujeto social, militancia, capacidad de convocatoria y movilización y entusiasmo, en tanto devolvió a la política su sentido de instrumento del mejoramiento concreto de la vida de la sociedad.

Un personaje vale históricamente por su trascendencia colectiva, no por sus especificidades personales, que explican en lo menos los procesos políticos.

Ese trazo todavía está a la espera de, vaya paradoja para el kirchnerismo, un relato que lo evoque acabadamente en toda su dimensión.        


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Piense distinto, con pluralidad y objetivamente, aquí: