lunes, 27 de mayo de 2013

De estos 10 años y en adelante

Aquí no somos amigos de definiciones tales como la de década ganada.

Entendemos, por nuestra parte, que la complejidad de la política, sobre todo en tiempos en que las estanterías políticas, socioeconómicas y culturales sufren conmociones e ingresan en el territorio de la tensión interpelante, implica un recorrido a través de carriles sinuosos, no exento de contramarchas.

No es lineal la traza de un proyecto político, pues ella discurre por entremedio de las complejidades que dictan las contradicciones que se imponen a partir de los márgenes caprichosos que se dibujan al interior de las disputas propias de la vida misma, en general; y de la lucha política, en particular.

Todo lo cual supone una riqueza que la trocha gorda de una fórmula semántica tal es incapaz de abarcar en su completa dimensión.

Ahora bien, si en cambio elegimos encarar el análisis a partir de los sujetos sociales concretos en que se encarnan los procesos políticos, nos encontraremos con que a la hora de la pugna concreta y real por la hegemonización del poder del Estado --que no es ni debe ser per se una mala palabra jamás-- el kirchnerismo cuenta de su lado con la mayor parte de los mejores elementos de la sociedad en orden a la consolidación de un programa de gobierno con eje la promoción de los intereses populares.

Se pudo comprobar que la vitalidad y el entusiasmo del kirchnerismo, teóricamente en declive, están intactos. Era necesario, a la salida de unos cuantos episodios en los que movimiento cacerolero financiado por los fondos buitre había mostrado las uñas de un bosquejo opositor vertebrado como inicio de una refutación histórica del ciclo actual, que fuerzan un clima de derrotismo y final de etapa en apariencia inexorable e irreversible.

Y el dato más alentador es el carácter sólido y articulado de ese colectivo en torno de la conducción de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y de un racimo de las mejores decisiones de gobierno que ha conocido este país en más de medio siglo --que ya huelga enumerar-- como sustrato cultural identificatorio; más precisamente, desde el derrocamiento del general Juan Domingo Perón de la presidencia de la Nación el 16 de septiembre de 1955.

Así las cosas, pues, cada cual analizará, a la luz de su escala de valores, sea que se nutra ella de una perspectiva individual o bien colectiva, si el que se inició el 25 de mayo de 2003 y finalizó hace cuarenta y ocho horas fue un período positivo o no en términos de conquistas ya efectivizadas, errores, defecciones, cuestiones que quedaron en el rango de lo promisorio y deudas pendientes, y lo que surja de la ecuación que ofrece esa coctelera.

Interesa más ahora enfocar en lo que inicia a partir del día de la fecha, y conviene para ello entonces insistir en que la caja de herramientas disponible, la movilización popular imponente y decidida que se observó en los festejos por la recordación de la Revolución de 1810 en Plaza de Mayo, supone un elemento formidable a los fines de operar en el gobierno nacional las reinvenciones que se requieren para cubrir aquello que fungía de combustible del accionar de Eva Perón.

El peronismo se justifica "mientras haya un pobre en la patria", en tanto ello significará siempre que restan aún desafíos por interpelar.

En buen romance, en adelante resta empujar los topes del kirchnerismo --y los, por así decirlo, sistémicos todos en sí mismos-- lo más que sea posible hacia la radicalización de la epistemología de que se alimentaron sus mejores momentos, al tiempo que se galvaniza la construcción de las redes que contengan cualquier hipotético y futuro intento de regresión retardataria. De otro modo, la concentración del sábado, tanto como cualquier otra similar que venga --y puede, vale reiterar, haber muchas más como ellas, de seguro--, habrá sido en vano.

Se trata de interpretarlo más como punto de partida que como balance.

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