domingo, 12 de mayo de 2013

Blanqueo y renovación del litigio político esencial de la hora actual

Alfredo Zaiat explicó el sábado en P/12 que la gran diferencia entre el blanqueo actual y anteriores es la aplicación prefijada específica de éste.

No hubo entre las voces más emparentadas con el oficialismo nadie que se abstuviera de criticar, ya sea desde la perspectiva de la ética o bien a propósito de su sesgo inequitativo, lo cual desmiente, una vez más, aquello de la imposibilidad de disentir al interior del espacio kirchnerista. No es la primera vez que esto ocurre, ya había ocurrido antes; por caso, a propósito del engendro que supone la nueva ley de riesgos de trabajo.

De la amplia gama de contratos privados que admite el sistema jurídico argentino el único intervenido en términos de oportunidad, mérito y conveniencia es el convenio colectivo de trabajo. El Ministerio de Trabajo puede negarse a convalidar un acuerdo salarial, que se reitera es de carácter privado. Simplemente porque le parece mucho. Desde siempre. Bajo el pretexto de que impacta, por precios, en el bienestar general.

Resulta que en el desarrollo de su giro comercial, un empresario firma una cantidad enorme de contratos también de carácter privado, además del de sueldos. Logística, alquileres, servicios financieros, por caso. Y lo cierto es que, aunque menos, todos impactan en los costos. La realidad es que desde siempre el Estado ha querido tener bajo su control el conflicto social, combustible del Derecho del Trabajo.

Eso fue así hasta que, control de precios mediante, el gobierno nacional ha dicho que se revisarán todos los costos de la cadena, y ya no sólo el salarial. El financiero, con la famosa Moreno Card, por caso, también. El gobierno nacional corrigió en parte ese sesgo antiobrero de la juridicidad argentina.

Mariano Grimoldi explicó, sencillita, la alternativa posible al rumbo económico actual. Y lo quedó más claro de todo es quién pagaría esa otra opción.

El kirchnerismo está para salvar a los sectores asalariados del desarrollo “natural” de los esquemas económicos que seleccionan de modo arbitrario ganadores y perdedores, pero presentan teñidas de legalidad y naturalidad esas decisiones.

En el análisis de las disyuntivas económicas hay un buen auxilio para la toma de decisiones políticas. 

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