domingo, 13 de enero de 2013

La estrategia presidencial de Daniel Scioli

Interesante nota ésta (http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-211752-2013-01-13.html) que publica hoy Página/12, de José Natanson, sobre las particularidades que caracterizan a las personalidades políticas de Daniel Scioli, Sergio Massa y Maurizio Macri. Y sobre las coincidencias y diferencias que existen entre ellos.

Salvo, en honor a la verdad, por un detalle: dice Natanson que en 2011 Massa compitió con “un color diferente para la boleta municipal (un naranja oscuro más parecido al de De Narváez que al azul del Frente para la Victoria), obtuvo 17 puntos más que la lista de Kirchner”. Bueno, lo cierto es que no es De Narváez sino Scioli el adicto al color naranja, pero en verdad tanto el gobernador bonaerense como el intendente de Tigre compitieron, como se observa en la imagen que ilustra la parte inferior del post, con la boleta azul del FpV.

Pero me interesa más destacar otra cosa acerca de la nota de Natanson. Dice el autor: Scioli “sabe que el kirchnerismo químicamente puro no lo soporta, pues considera (…) que su ADN lo inclinará irremediablemente hacia la derecha, pero sabe también que, como sucedió con la vicepresidencia, la gobernación y las testimoniales, lo necesita. (…) aspirará a la Presidencia si Cristina no juega, y a esa esperanza se aferra. Se trata en realidad de la construcción, lenta y paciente, del ‘número dos’”.

No se trata de negar lo escrito por el autor, porque coincido con lo por él señalado en ese punto, sino de agregar un elemento que no computa y que me parece central en la definición elaborada por Scioli de permanecer dentro del kirchnerismo a pesar de varios desencuentros que entre las partes han sucedido, eludiendo obstinadamente lo que en la misma edición escribe Horacio Verbitsky: “Cristina volvió a dejar en claro que para colmar sus aspiraciones Scioli no tendrá otro remedio que enfrentarla. Eso es lo que le planteó en forma aún más explícita Néstor Kirchner en 2010. Y el gobernador no se animó.” (http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-211744-2013-01-13.html).

Resulta de considerar de modo más global el panorama en el que se insertan las disputas políticas hoy día en Argentina. Esto es, evaluar las correlaciones de fuerzas entre las que discurre el trazo estratégico de Daniel Scioli. Y se trata de, por llamarla de algún modo, mera racionalidad instrumental.

La cuenta sería la siguiente: si el gobernador bonaerense corriera detrás de la oferta, supuestamente tentadora, que con insistencia se le hace desde lo que fuera el Grupo A, es decir, la coronación con una candidatura taquillera de un armado hipotéticamente amplísimo que podría encontrar en él una prenda de unidad al tiempo que la única garantía de éxito por la popularidad que cantarían las encuestas de opinión, quedaría (Scioli) en posición subordinada.

Para otra oportunidad quedará la consideración de lo que esos números implican en tanto surgen de la consideración de un Scioli ‘parte’ de un proyecto que no conduce, mientras que lo que mediría como cabeza de armado es aún categorialmente una incognita. Resulta imposible comparar lo que sólo en apariencia es idéntico, en tanto se observa a la persona y no a su rol en un colectivo, dato clave de cualquier construcción política.

Dicho con sencillez: no sería él quien guiara los movimientos que lo depositen en una candidatura sino que, por el contrario, estaría yendo a cumplir el rol que le asigna un elemento al día de hoy extraño a su universo de actuación.

Por el contrario, aguardando a la teórica inevitabilidad de un kirchnerismo corriendo a buscarlo ante la inexistencia de alternativas viables, Scioli dispondría del quiero del truco, la conducción de la trama situacional en tanto estaría ajustada a lo por él proyectado como ruta a transitar (“competiré por la presidencia en 2015 sólo en tanto Cristina no quiera hacerlo”), lo que resulta una ventaja comparativa muy considerable.

En definitiva, es no por otra cosa que mera conveniencia propia y lógica táctica que Scioli no cede a las tentaciones. Ocultar esta trama, en la hipótesis de que el gobernador fuera a ser tan atractivo en las urnas, implica toda una definición por parte de quienes no desean ninguna forma de continuidad del kirchnerismo, lo que Natanson descarta de plano en Scioli, que sería una variante ‘pos’ y no ‘anti’ del proceso conducido por la presidenta CFK

2 comentarios:

  1. Y si... básicamente Scioli tiene la elección de 2015 virtualmente ganada. Cristina no va a ir por la re-reelección, las posibilidades son ínfimas y aún así dudo que ella misma quiera seguir.

    Es evidente que en Argentina la transición está al caer, no sé si decir a la derecha pero sí a un gobierno mas "dialoguista", o en otras palabras mas certeras, mas dispuesto a negociar y perder un cacho que a apostar a fondo todo el tiempo. ¿Será bueno o malo eso? Calculo que tendrá pros y contras. Me parece que puede ser una experiencia interesante en tanto Scioli no se aleje demasiado de sus raíces. Y tengo la sensación de que así será: no tiene mucho margen para hacerlo. La presidencia la tiene en el bolsillo, pero para eso tiene que ser garantía de mantener ciertas reparaciones que el kirchnerismo hizo. Dudo que alguien vote a Scioli para que privatice YPF, o para que vuelvan las AFJP, o para que reprivaticen el fútbol, o para que eliminen la AUxH. Por ende, si se da la lógica, vamos a tener cuatro años mas de kirchnerismo pero, quizá, a los abrazos con Magnetto y un par de monerías para la gorilada. Un poco mas de represión para garantizar la "seguridad", un poco mas de manos apretadas con el FMI y demás para darles tranquilidad de que Argentina es un país que los escucha y hace los deberes, etc, etc. Quizá es ahí, en el plano económico, dónde habrá que parar las orejas y ver que hace el pos-kirchnerismo-dialoguista de Scioli. Pero estoy seguro, segurísimo, de que las grandes reformas del kirchnerismo no se tocan.
    Abrazo.

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    1. Yo siempre he dicho que no es muy posible, ni probable, que Scioli vaya a hacer tabla rasa con todo lo operado por el kirchnerismo desde 2003, ni mucho menos. No hay condiciones para eso, a menos que se quiera reprimir y mucho, tipo 2001. Y no creo que Scioli quiera, ni que estén dadas las condiciones más allá de los gurkas que no tienen peso real en el escenario. Será, por definirlo de algún modo, un conservadurismo popular.

      Ahora bien, no pusiste nombre, ¿a quién le estoy contestando?

      Abrazo.

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