martes, 31 de diciembre de 2013

Balance político 2013

Es alarmante para una fuerza política como la nuestra, el kirchnerismo, tener que escribir por segunda vez consecutivo que se va el peor año del ciclo histórico que se protagoniza. En realidad, hasta ha ingresado en zona de crisis esto último, lo del protagonismo (sin haberse extinguido, más vale, pero sí tal vez ahora se disputa el centro de la escena; quizás no: pero la sola duda mata), lo que no es menor para un espacio con las pretensiones proyectivas del oficialismo. Que, encima, ocupa nada menos que el gobierno nacional por tercer período consecutivo, dato inédito en la biografía argentina.

Digresión: vale la pena repetirse en algo tan trillado, a esta altura del partido, como lo es lo de la triada que hoy conduce Cristina Fernández. Porque, en general, a la hora de los análisis se requiere de herramientas comparativas. La novedad las mezquina, y por ende la lectura del asunto deviene más complicada. No parece menor este apunte cuando se observa que la explosión bloguera, que caracterizó sobre todo a la recuperación del Frente para la Victoria tras derrota frente a las patronales agrarias, ha disminuido en intensidad. Es evidente: los escenarios que abrió el triunfo de 2011, por desconocidos, imponen a quienes estábamos acostumbrados a otra cosa dificultades que nos cuesta superar.

No en vano somos una expresión, cultural, de un gobierno que marcha complicado.

2008 había sido tremendo, pero sobre el final hubo la estatización de AA.AA. y de la administración del sistema previsional para sostener la llama encendida. 2009, peor: por la derrota electoral de Néstor Kirchner en provincia de Buenos Aires. Pero, sobre el final, ley de medios, AUH y otros mediante, hubo la recomposición que funcionó a modo de inauguración de lo que se coronaría en 2011 con la reelección de la presidenta CFK. Ahora es distinto: YPF no logró torcer el saldo de 2012 como el peor año de esta experiencia, y el 2013 que se va supera la marca sin, para más, ninguna compensación, máxime tras la caída ante la nadería de la comparsa ABL en PBA.

Alguien dirá que, finalmente, la ley audiovisual mereció la consolidación institucional que estaba pendiente en los tribunales. Una hipótesis para responder: al haber dependido ese moño de las firmas de los ministros de la Corte Suprema no pudo ser capitalizado climáticamente.

Mucho de lo sucedido en este diciembre tortuoso que cierra el año casi a modo de resumen del trayecto rocoso que ha sido la cuestión desde reasumida la jefa del Estado, es innegable, habilitan, por los modos en que discurrieron, a sospechar de manos negras tras los cortinados. Ello no obstante, conviene no contentarse apenas con la conspiranoia. Porque lo cierto es que, en todo caso, se trata de, sí, nafta apagando fuego: pero uno que, ¡ay!, ya existe. No está de más reparar en que es distinto lidiar con una llamarada para asado familiar que con otra que consume un edificio. Y que hay quienes colaboran para que lo primero devenga en lo segundo, y eso es una miserabilidad.

Se trata, pues, de no ofrecerles siquiera chispas para que puedan prender. Allí reside la habilidad política que se viene mancando.

La sensación que aparentemente mejor podría encuadrar y englobar al entero derrotero reseñado es la de un gobierno que va explorando los topes de la estrategia del combate a lo viejo. Y que requiere, por fin, de elaborar un nuevo orden. Donde las respuestas dejen de ser virtuosas por responder a los agotamientos de lo anterior, pasando de pantalla: hacia el diseño de un nuevo marco institucional y administrativo que permita, por ejemplo, prever desbarajustes como el eléctrico. Dicho esto en función de lo que deriva a partir de esta otra forma de manejarse y que provoca, por la contraria, las incomodidades reseñadas en el primer párrafo respecto de la iniciativa política.

A colación de lo último, conviene no perder de vista que el equipo decidido para encarar el tramo 2011/2015 decididamente no fue el mejor. La propia presidenta de la Nación reconoció esto al decidir el recambio ministerial como primera y, hasta ahora, casi única respuesta a la derrota en las legislativas de octubre --cuando y donde impactó electoralmente el descontento con el último bienio--. No sólo por las limitaciones y carencias de los ahora ex ministros: si bien ella no debía favores en términos de sufragios a nadie, se despreció la suma de capital que podía servir para afrontar mejor el horizonte angosto que dicta la imposibilidad constitucional de reelección.

El kirchnerismo no se ha entregado a su propia autorefutación como hicieran otros gobiernos que lo precedieron cuando se vieron su rumbo atorado por amenazas. Nadie con mínima honestidad intelectual le podrá reprochar contradecirse o haberse traicionado a sí mismo. Sus déficits tienen que ver ya más que nada con la ejecución --de ahí que el triunfo de 2013 haya correspondido a los que dicen hacer bien, aunque no se trate más que de atención de countries--, y con el callejón que le supone la convivencia con aquello que lo combate en términos programáticos.

No era esperable nada distinto, habida cuenta de dónde la decisión política ha definido cargar la cuenta por los costos de los desequilibrios, cuya existencia es lógica en cualquier tiempo prolongado de gestión: siempre en procura del resguardo del sujeto social que ha sustentado tres triunfos presidenciales; el de los más necesitados de la amplísima y heterogénea geografía nacional. Los ajustes no son malos per se, sino cuando se quiere hacer correr con ellos a quienes no pueden ni con sus propias almas y, por el contrario, merecerían recibir y no que se les quite aún más de lo que ya de por sí el mercado se ocupa de rapiñarles.

La acción contra el oficialismo está destinada a, precisamente, no permitir que opere con virtuosismo las correcciones necesarias. No es casual que los conflictos aparecieron cuando, tras el tramo de reparación, de necesidades homogeneas, guiado por Kirchner.

Se equivocan, como tantas otras veces lo hicieron, quienes lo dan por finiquitado. Le sobra para reconstituirse, sobre todo cuando se presta atención a la imbecilidad que tiene enfrente.

Y fundamentalmente, lo contrario conviene a muy pocos. A los menos. 

martes, 24 de diciembre de 2013

Lo que Jorge Lanata llama "la grieta"

En los últimos tiempos, ha tenido alto rating el intercambio --para debate le falta muchísimo-- acerca de lo que algunos han decidido llamar "la grieta". Una supuesta división irreconciliable que tendría atravesada al medio a la sociedad argentina en torno del posicionamiento de cada ciudadano respecto del kirchnerismo. Que, incluso, llegaría hasta las familias y las amistades. Al interior de las cuales, parecería, resulta ya imposible festejar un cumpleaños o una navidad en paz, debido a que las tensiones habrían separado hasta a parientes y compadres de añares. Todo ello pergeñado, por supuesto, por las pulsiones malvadas del gobierno K, con oscuros fines.

Uno está tentado de, para responder en tono chicanero o burlón, solicitarles, a quienes sostienen la tesis reseñada ut supra, las fuentes en que sustentan sus afirmaciones. ¿Cómo llega alguien a juntar datos que lo habiliten a sentenciar --con grado de seriedad considerable-- que existen familias que han dejado de frecuentarse por las discusiones que tuvieron acerca de la marcha del gobierno nacional (como hecho social relevante, entiéndase; es decir, de altas proporciones)? Es, eso, algo así como un conocimiento inasequible, en buena medida. Y, sin embargo, se paran ante la cámara y lo sueltan sin que se les caiga la cara de vergüenza.

En la vereda de enfrente a esta postura (o no, o vaya uno a saber), hay otros que dicen que en realidad nada de eso es veraz, que es todo una tramoya en la que están de acuerdo el oficialismo y otros que actúan de opositores para blindar sus parcelas y seguir durando en escena a costa de las rentas que otorgan los espacios institucionales que actualmente ocupan. Relegando, así, la agenda real (así la califican, sabe Dios cómo son capaces de establecerla con tal nivel de uniformidad como para que haya sólo una de ellas) de la ciudadanía. Que, ajena a esas controversias sólo aparentes, sufre de un deficit de representatividad. Es lo que se conoce como "negocio (o bien, "curro") del país dividido".   

Para nosotros, no es ni una, ni otra. Creemos que lo que se observa, en verdad, es que, en efecto, sí existe un cisma profundo a nivel de las elites nacionales.

Cuando hablamos de elites, ojo, no intentamos referir sólo potencia económica, bien que es ésa una porción importante del asunto. Más precisamente, se trata de sectores con capacidad de intervenir en los procesos de decisión del rumbo nacional (Estado, sindicatos, empresarios, intelectualidad, etc.). Lo cual siempre implica una tensión en cuanto al poder, que es lo que se juega en este tipo de trámites y que, como bien ha dicho José Natanson, supone una relación. Lo que da la idea de fluctuaciones entre esos actores, que es como se comprende mejor la dinámica que los envuelve. Y que explica lo que son, a veces, las mudanzas de alianzas socio/políticas, conforme aquello varía.

Debido a que la preservación de la sanidad en la noción de fluidez comentada es necesaria a efectos de que esos circuitos, que son los que mueven al país, funcionen a ritmo satisfactorio mientras las piezas del engranaje no sean afectadas, no subestimamos la cuestión, e intentamos problematizarla.

Sería deseable, pues, creemos, que existiera otro tipo de vinculación.

Pero vamos a lo central: da la sensación de que este tipo de litigiosidad se abre en el país cada vez que se pone en duda, siquiera mínimamente, la plenitud en el despliegue del programa que lo ha gobernado de modo dominante desde, más o menos, la Revolución de Mayo. No casualmente suceden estas cosas cada vez que no hay mero sometimiento desde el poder institucional al statu quo. Alejandro Horowicz lo puso en concreto en Tiempo Argentino, ayer: “Si Cristina Fernández tuviera que abandonar la Casa Rosada antes de que se venza su mandato constitucional (…) los poderes fácticos, los que no dependen del resultado de ninguna elección, restablecerían sus propios términos políticos. Es decir, la situación anterior a 2001.”

Asumido que hoy no logra (el establishment) hacerlo. No, al menos, sin… conflicto, claro. Cuando los saqueos del año pasado escribimos algunas palabras que, tal vez, vale la pena repetir en estas horas: “Apuntar todas estas cuestiones en horas en que se producen saqueos es tan insuficiente para explicarse la situación como propio de la ceguera política ignorar hasta qué punto puede llegarse cuando se es impotente políticamente en un marco en el que las reglas del trámite de disputas políticas parecen haber quedado de lado, y voluntariamente. Cuando se está dispuesto a todo contra un gobierno con el que se discute. El caldo en el que se cocina la trama de la irracionalidad que estamos conociendo.

Ahora bien, creer que esos alineamientos se reproducen de manera mecánica, idéntica y esquemática a nivel calle resulta, cuanto menos, ingenuo. Esto es, suponer que existen sujetos sociales para todos y cada uno de los distintos programas o pareceres que reclaman su parte en la cúpula societaria es un error de calibre grueso.

No es muy común, convengamos, que la gente pelee en las calles por lo que dijo Federico Luppi sobre Mirtha Legrand, ni tampoco por si tiene razón la presidenta CFK o bien Paolo Rocca en el diferendo que los separa en relación a los modos de consecución de rentabilidad económica. No por fuera de un tramo de ciudadanía sobrepolitizado e hiperinformado, aún cuando a partir del kirchnerismo las tendencias a favor de estas últimas crecieron.

Por tanto, si falta nada menos que la materia prima del hipotético gap social, mal podría hablarse de su existencia.   

¿Hay, entonces, grieta? Sí. El tema es dónde, por qué y cómo se la resuelve. O más aún: si conviene, y a quién, que sea saldada.

lunes, 9 de diciembre de 2013

Cuidado

Si se repasa con un mínimo grado de honestidad intelectual la ley de seguridad interior de la nación, no hay lugar a debate alguno: José Manuel De La Sota no tenía razón en su reclamo por Gendarmería al gobierno federal.

El berretaje siempre tiene a mano el mismo libreto, pobrísimo: a De La Sota le negaron apoyo de fuerzas federales de seguridad para que el conflicto (cuyo copyright delasotista siempre omitirán, convenientemente) se lo devore. Miserabilidad, acusan. El recetario sirve tanto para excusar la incompetencia del jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires ante reclamos gremiales en el servicio de subterráneos, como las, por lo menos, sospechosas conexiones --todas ellas bastante bien documentadas-- que vinculan al gobierno socialista de la provincia de Santa Fe con los negocios narcos de su policía.

El argumento es fácilmente rebatible: aunque con intenciones críticas respecto del oficialismo nacional, el periodista Jonathan Viale leía, en América TV, el miércoles pasado, una serie de otros episodios calientes en los que, requerida que fue, la presidenta CFK acudió en auxilio de opositores iguales a De La Sota, como Maurizio Macrì o Hermes Binner. Viale suponía que con eso se verificaba la animosidad de Cristina para con el jefe de Estado de la provincia mediterránea. Sólo que extravió en el camino consignar el ¿pequeñísimo detalle? del procedimiento que hizo posible todas esas incursiones interestaduales, y al que DLS se negó.

El federalismo, de este modo, reconoce un límite: la responsabilidad política; una cuenta, la de los costos, para cuya cobertura permanentemente se exige la mano de un pedazo de los bolsilos kirchneristas: corresponda (legalmente hablando, claro) o no, vale reiterar.

Lo que sucedió fue bien distinto: el gobernador cordobés pretendió evitar que el gobierno nacional pudiera aparecer habiendo resuelto el desastre que la liviandad inverosímil de su gestión local generó. Sobró y, peor, compadreó a las fuerzas policiales que venían en estado de ebullición creciente. Y más tarde, subestimó las consecuencias de la dinámica que había desatado: su ministra de Seguridad despreció de modo público la variable del requerimiento de colaboración federal, y él mismo eligió intentar el contacto con la presidenta de la Nación… a través de Twitter. 

Una vez que De La Sota tuvo real noción del asunto, tomó la ruta más corta de la política argentina: culpar a Cristina, lo que siempre sale barato; sobre todo, en los litigios interpretativos que se disputan mediáticamente, y que --como bien dice Mariano Grimoldi-- genera hechos políticos.

Y en eso estamos.

Si Gendarmería actuaba en Córdoba por fuera de la legalidad, cual se reclamó, y en medio de las trifulcas bajaba a alguien (lo que era perfectamente posible, dado el tamaño de los desmanes), hoy se estaba en medio de un escándalo de derivaciones mucho más tremendas de las que, de por sí, ya hay que soportar. Ese escenario es despreciado sólo porque no sucedió. Claro: ninguno de los que cacareó carga sobre sus espaldas con el peso de la firma que hubiese habilitado las acciones (mal) exigidas.

Hasta acá, no mucho más que descripción factual. Pero hay que pasar a los sin embargo.

- - -

El amigo editor del excelente Los Huevos y Las Ideas da en la tecla: ‘la gente’ dice “Cristina es la presidenta y no hace nada”. Y aunque no tendría por qué hace algo de la cualquier manera que se pidió, el desgaste se lo come igual. Y lo que le sigue a Córdoba no es moco de pavo.

Cuando se menciona “la posibilidad perdida” para el gobierno nacional de quedar como el solucionador de la cuestión, en realidad se está desmintiendo que es la presidenta de la Nación quien juega en la cancha chiquita del aprovechamiento politiquero. Los cerebros (es un decir) del massismo bloguero así entienden esto: aparte de eso, suelen decir que hay que hacer lo que sea que a uno se le reclame; sin importar qué ni cómo. Es la natural cortedad de miras de la lógica ABL sobre la que pedalea el Frente Renovador (intendentismo, ocupados en la inmediatez y la delgadez conceptual de un semáforo), y que ellos se encargan de teorizar (de nuevo: esto por llamarlo de algún modo).

Con todo, no se puede sino recoger el guante.

El dilema a resolver en adelante es cómo se construye una gobernabilidad de la irracionalidad. De este estado de cosas que se parece bastante a un todo vale. En el que, aparentemente, ya fundamentar, estar a Derecho son cosas que han perdido rango de respetabilidad. Fundamentalmente, se trata de evitar que la cosa no quede en manos de solucionadores de la precariedad de De La Sota. Que pueden hacer mucho daño, independientemente de su buena o mala voluntad, debate en el que es poco interesante ingresar.

No es fácil escribir en medio de la fiebre. Y con tantos otros expedientes que puede disparar todo esto. Es, pues, la única conclusión, ésta, creemos, que se puede extraer en medio de la tristeza por algo que era evitable.   

Y de las urgencias por una trama que puede acarrear consecuencias nefastas para todos.

lunes, 25 de noviembre de 2013

El regreso

Tres son, a nuestro modo de ver, los factores que determinaron el más amplio recambio ministerial que dispuso la presidenta CFK a diez años de inaugurado el actual ciclo político.

No se trata sólo del aspecto cuantitativo: también de los sitios tocados; y, más aún, de los personajes involucrados. Con, obvio, la salida de Guillermo Moreno como emblema del asunto en comentario. El susto que provocó la salud de Cristina Fernández, primero; y el más obvio de todos ellos. A eso debe sumarse, por un lado, la necesidad de homogeneizar el equipo económico en función de los desafíos que imponen a futuro algunas luces amarillas que se advierten en el tablero de los números. Por último, se traduce en el Poder Ejecutivo el escenario organizado por el voto 2013.

Un gabinete de ministros expresa, más/menos, los sustentos en que se apoya un gobierno. En ese orden de ideas, Jorge Capitanich representa el avance relativo del peronismo partidario y gobernante que acompaña a la presidenta de la Nación en la coalición de poder que ella conduce y sintetiza.

Cristina advierte el triunfo de algunos caciques provinciales en las últimas elecciones y, racionalmente, paga en consecuencia.

* * *

Puede pensarse en una resignación ideológica oficialista, si se quiere ignorar los antecedentes de quien nunca ha procedido de esa forma. Por el contrario, se trata de política de la más básica; esto es, tomar nota de lo que, a fin de cuentas, ésta es en mayor medida: relación de fuerzas. En tanto se dialogue con esa realidad, se puede permanecer en escena. De lo contrario, estaremos hablando de cualquier otra cosa.

Luego de las PASO 2011, escribimos que la UCR, pese a contar con importantes espacios de gobierno a lo largo y a lo ancho del territorio nacional, no figuraba en la competencia grande porque el partido, de modo programado, opta por no contenerlos en cargos internos y candidaturas nacionales, prefiriendo en cambio a tipos sin votos ni anclaje territorial que, en consecuencia, no logran poner a esas estructuras a trabajar a su favor. En la base de esa desinteligencia está la explicación de las fugas de intendentes boinas blancas a campamento massista. Porque, por ejemplo, un tipo que acaba de ganar ampliamente, como Julio Cobos, es relegado por nadie (eso es Mario Negri) en la conducción del bloque de diputados nacionales radicales.

La estampida pejotista, anunciada tras el éxito electoral reciente del Frente Renovador, en cambio, sigue en veremos. Y no casualmente. Las mayorías legislativas del Frente para la Victoria dependían, dependen de una garantía de futuro político que requiere de articularse con la marcha del presente. Y eso se hace involucrando a quienes aspiran, con derecho de taquilla, a 2015, a revalidar sus pergaminos en el día a día del hacer, el nuevo idioma en que se comunica la fauna dirigencial.

A fin de cuentas, la Presidenta no es la sorda y ciega que se cuenta. Y aspira a tener parte en el trámite sucesorio.

* * *

Como bien ha dicho el amigo Ricardo, naufragó en las urnas la idea de bloquear candidaturas ajenas, viene la de construir el camino propio. Ello no implica encerrarse ya mismo en un nombre propio determinado, más bien en la arquitectura del panorama venidero.

Se cuenta, para tal empresa, con la gestión de gobierno. Pero la enfermedad de CFK expuso el límite de la estructuración que ella misma dibujó en 2011, cuando no se vio necesitada de pagar tributos a nadie por su impresionante elección de 54 puntos, pero a la vez se quedó sin material de absorción --dirigentes con relevancia propia específica-- de crisis socio/políticas que, muchas veces, fueron implosiones al interior de su propia tropa (con Moyano y Massa como ejemplos por excelencia de esa debilidad). Al mismo tiempo, debió multiplicarse en la tarea para activar a un elenco de asesores que difícilmente podía andar sin la intervención de su conductora.

En adelante, se impone otra forma de guiar la maquinaria hacia idéntico rumbo, quizás por rutas diversas y variando velocidades.

* * *

Otra metáfora auxiliará, creemos, mejor al entendimiento de las modificaciones decididas por la Presidenta. Imagine el lector un asado: ella seguirá siendo la que define si se come a punto, jugoso o bien cocido. Los ministros son los parrilleros encargados. Algunos de ellos, sólo necesitan que se les diga cómo se quiere cada corte y ya saben qué hacer. Cuánta brasa meterle, cuándo y cómo agregarle, a qué altura va la parrilla, y demás. Sin que les tengan que andar encima. Eso son Capitanich y Axel Kicillof. O, por ejemplo, Florencio Randazzo: ya tenía orden de qué hacer con los concesionarios de ferrocarriles cuando verificase incumplimientos. Una vez que los constató, fue y actuó; no hacía falta más.

Otros, como Juan Manuel Abal Medina o Hernán Lorenzino, requerían más de estar preguntándole seguido a Cristina: si agregar o no carbón, si ya era hora de darlo vuelta, cuánta sal meterle, etc. O de, directamente, esperar a que ella les indicara que un pedazo se les estaba arrebatando. Además, hace falta que los parrilleros sepan explicar, para contener, a los comensales, que exigen velocidad en servir la comida, y que ésta encima salga en el punto que desean. Lo cual no siempre es posible en tiempo y forma requeridos. El que haya entendido esta imagen, comprenderá también por qué Cristina hizo estos últimos movimientos. Fundamentalmente, aunque es el que más duele a la víscera sentimental de quienes la acompañamos, el de Moreno. 

Si el mensaje de 27 de octubre último fue el reclamo de eficiencia, bien vale que tenga chances de ascender el cerebro de prodigios como el plan Pro.Cre.Ar o las reestatizaciones de YPF y AA.AA.

El polémico ex secretario de Comercio Interior, en cambio, será recordado por su lealtad entusiasta e inconmovible, su laboriosidad incansable y su honestidad. Y por su buena leche ideológica: jamás Moreno exploró soluciones a partir del sacrificio de los bolsillos populares. No siguió la senda de Ricardo López Murphy, a quien apenas llegó al Ministerio de Economía no se le ocurrió mejor cosa que hacer pagar a la educación pública la cuenta de la fiesta regresiva. Una constante en 20 años de democracia hasta el arribo de Néstor Kirchner a la presidencia de la Nación.

Todo eso le valdrá un reconocimiento de mayor justicia cuando el tiempo haga reflexionar mejor a los ánimos. Pero hoy no se puede perder de vista que (se insiste, sin proponerselo) Moreno muchas veces acabó perjudicando a las bases sociales que quiso defender, porque erró en las instrumentaciones.  

Durante la campaña de este año dijimos más de una vez que no se vive de buenas intenciones: y no puede uno no aplicarse el axioma a sí mismo, por duro que resulte.

sábado, 9 de noviembre de 2013

Cambio de pantalla

El buen kirchnerista es el que no puede con su propio genio. Así que, aunque había dispuesto un receso temporal del blog, retomo, sólo para decir una cosita más sobre el cacerolazo de ayer. Finalmente, fue un fracaso rotundo. Acá nos preguntábamos si políticamente no cabía indagar en el posible agotamiento de ese legítimo mecanismo de protesta. Efectivamente, el recurso a la acción directa ha perdido el enorme poder de fuego que exhibiera hace apenas un año. Carlos Pagni escribió sobre el primer 8N que si existiera un líder que hablase a los manifestantes, aquello no habría existido. Es decir, faltaba la representatividad del descontento.

La política, gustos al margen, ha canalizado ese déficit, inaugurado en los casi 38 puntos de distancia con que la presidenta CFK venciera hace dos años. Por ende, la ebullición ha cesado, y el partido cambia de cancha. Todo esto marca, quizá, dos cosas: los contornos del programa de los vencedores del 27 de octubre, por un lado; y la constatación de que un sistema político requiere de opciones con viabilidad seria, por el otro.

El reverso de victorias tan alegres y contundentes como la de 2011 fue la deriva cacerolera, inconveniente, y que por suerte ha mutado, si bien no de modo que agrade a quien esto escribe. Ni los triunfos ni las derrotas son, entonces, tanto como lo que parecen decir de entrada. El tiempo es lo que los ubica conceptualmente.

La democracia republicana sentencia sin atender a nuestras urgencias de coyuntura.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Cacerolazos: lo que fue de un año a hoy

Había decidido, previo a las elecciones, que luego de comentarlas tomaría un descanso de los posteos. Alejarse de los sucesos para comprender mejor lo que viene. Además, un tiempito, hasta la asunción de los diputados electos, siempre hay en el que pasa nada. Ideal para, entonces, decir ídem. La realidad en Argentina es tan dinámica que, finalmente, ni 48 horas habían pasado desde el mazazo que nos vimos obligados, por razones de dominio público, a seguir en el ruedo unos días más.
                           
Mañana habrá otro cacerolazo, a doce meses del que pasó a la historia como 8N. El proceso social que tuvo origen allí, escribimos, desembocó en el escenario que organizó el voto de hace 10 días.

El juego democrático ahora contiene formalmente a la cosmovisión que sustentó y motivó el caceroleo. Eso reconfigura los modos de tramitación de los conflictos, porque ciertas demandas que se sentían insatisfechas ahora han encontrado medios de canalización institucional. No parece ser que compartan esa lectura los promotores de la movida, que esta vez se anuncia contra los tres poderes del Estado (nace del fallo de Corte contra Clarín por la ley de medios). Insistirán en idénticas tácticas.

Siempre fue una perogrullada discutir el derecho a reclamar así; ahora, también. Es lícito, en cambio, cuestionar la validez de reincidir en el método sólo porque tampoco luego de lo que inicialmente esos sectores consideraron un triunfo en las urnas se está a gusto.

En cualquier caso, será cuestión de costos y beneficios. Política, en definitiva. Siempre lo fue. Pese a que la repudien.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

La adecuación de Clarín

Clarín presentó una propuesta para su adecuación a la ley audiovisual ante la AFSCA. Deberá ser analizada, y a partir de ella se pueden abrir muchos nuevos laberintos. Jurídicos, políticos y otros. Ya hay quienes, en la perpetua e inexplicable obstinación por reinventar escenarios a la izquierda aún del castrismo que los impulsa, con desprecio del impacto que en la realidad eso pueda tener, acusan pactos espurios entre el kirchnerismo y el Grupo Clarín por debajo de la mesa, que nos dejaría a todos los que defendemos esta ley como verdaderos imbéciles.

Que se curtan consigo mismos los que tienen la necesidad de jugar el papel de iluminados y agredir a los demás. No es la primera vez que agitan esa posibilidad. Ya no sucedió, pero insisten lo mismo. Igual, no es el punto: otros creemos que ciertas cuestiones, en determinado momento, escapan de la voluntad originaria de sus ejecutores. Se les independizan.

La ley audiovisual es un capítulo destacado en la historia de las luchas políticas del campo popular en Argentina. Al margen de su letra y de su futura aplicación, eso ya no cambia. El impacto trasciende el universo de aplicación del articulado. Clarín tuvo que ponerse a Derecho. Algo tan sencillo como debería resultar eso, la igualdad ante la ley, por inusual, ha adquirido estatuto revolucionario en Argentina. Demencial, claro; pero así tocó.

Mucho pueblo ha acumulado méritos en la pelea por torcer una correlación de fuerzas (muy) adversa. La capitalización de esa gimnasia reivindicativa es cosa juzgada. Queda a futuro, si se la sabe reactualizar.

No habrá testaferro que pueda con eso.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Cuando no hay sentencia que venga bien

No les bastaron en 12 años los votos obtenidos en elecciones presidenciales. Con Néstor Kirchner, porque no pudo revalidar en un balotaje el famoso 22,24% con que secundó a Carlos Menem en la primera vuelta de 2003. Con Cristina Fernández, primero por la pavada --peligrosísima como terminó resultando-- de la “legitimidad segmentada”; y luego, porque el 54,11% que la consagró en 2011 era, en realidad, demasiado poder. Lo cual invalidaría su triunfo. Dos años después, parece que un 32,64% de los votos tampoco satisface.

No les bastan las leyes que sanciona el Congreso de la Nación. Porque han dispuesto --en base sepa Dios a qué criterio-- que el hecho --normal en cualquier sistema democrático del mundo moderno-- de la existencia de bloques legislativos oficialistas alineados al gobierno con que comparten proyecto político implica una disfuncionalidad institucional. Y a eso, encima, lo llaman, en el colmo del irrespeto, escribanía. Pese a que cuando uno estudia el relevamiento de las leyes de países del, así denominado, primer mundo, se encuentra con que prácticamente la totalidad de ellas nacen de proyectos del respectivo poder ejecutivo en cada caso.

Dicen que por más que una ley haya sido sancionada bajo todas las formalidades de la legalidad vigente, a cualquiera que se sienta afectado por ella le asiste el derecho de discutir ese asunto en los tribunales. Como si hiciera falta, para que una perogrullada de semejante calibre sea cierta, que lo afirmen ellos. Ahora que también han perdido en ese territorio, resulta que tampoco vale. Y el que, hasta hace pocos meses nomas, era considerado el garante último de la vigencia de la democracia republicana, ha devenido en delincuente común sólo a partir del comentario liviano de una maniática desquiciada cualquiera con escasísimo rango de representatividad.

Los datos, desprovistos de cualquier procesamiento analítico subjetivo, hablan de un sistema institucional, medido en relación a lo que se consideran parámetros ideales en la materia, bastante sólido. Si agotadas todas las instancias del mismo el descontento continua, y encima adquiere rasgos violentos, quizá cabría preguntarse si los que están levantados contra el Estado de Derecho no son quienes en cambio venden profesar un culto cuasi religioso de sujeción a sus términos dispositivos.

Hagamos el esfuerzo de no desconfiar de nadie. A lo mejor no tenían idea del verdadero significado de la ley (no de la 26.522, de Servicios de Comunicación Audiovisual; sino en general). Bienvenidos a ella, pues. Es esto.

Tienen, obvio, la chance de modificarla si nos les agrada. Pese a que tal cosa les molesta cuando viene impulsada desde el campo popular. Marcelo Leiras afirmó en Le Monde Diplomatique que “el primer síntoma de la madurez de los partidos argentinos fue la disposición a aceptar los resultados de las elecciones aún cuando fueran adversos”. Hablaba de los ’80. Ahora no nos referimos solo a comicios, pero vale la cita, enseña, como guía de conducta. Cuestiones, códigos que se han perdido.

Mientras dure lo actual, sería conveniente que la corten con eso de romper todo cuando pierden.   

viernes, 1 de noviembre de 2013

La derrota del guapo de barrio

El doctor Gustavo Arballo, con su excelente comentario al fallo definitivo de Corte Suprema en la causa que planteó Clarín contra la ley de medios, llamó la atención respecto de que el fundamento del decisorio estaba más cerca de las deficiencias probatorias del multimedios que de los argumentos que a favor de la 26.522 esgrimen sus defensores cuando y donde tienen oportunidad de hacerlo. La Corte, por resumirlo de modo sencillo, dijo que más que un triunfo del Estado nacional se trató de una derrota de Clarín, que es a quien correspondía llevar la carga del caso que acaba de finalizar.

Esa forma de clausurar el asunto revela mucho acerca de lo que aquí terminó discutiéndose. Que ya de por sí no era libertad de expresión, y no terminó siendo derechos patrimoniales tampoco.

Como bien explica Mariano Grimoldi, el mercado castiga por estas horas el agotamiento de la versión que Clarín históricamente difundió de sí mismo: su capacidad de posarse por encima del Estado de Derecho como estrategia comercial. Que lo llevó a creer que ahora podría vencer judicialmente sin necesidad de argumentar nada; apenas con el sencillo expediente de, metafóricamente hablando, agitar la mayor longitud de su miembro. Como ha venido haciendo desde su fundación en 1945, habida cuenta que, desde entonces, creció casi exclusivamente a expensas de favores gubernamentales.

Ese comportamiento se verificó (y, más: estalló) de modo patente con el baile papelonero que se comieron sus abogados el día de las audiencias públicas que, previo a definir el pleito, convocó el máximo tribunal.

La inteligencia sobre la que cabalga la resolución de este contencioso puede proyectarse a otras dimensiones de la marcha nacional. Es cierto, pues, que la Corte, desafiando la noción meramente caprichosa a través de la que Clarín intentó excepcionarse de la ley, intervino en el clima político actual: no es menor la enseñanza de una sentencia que pondera, siquiera por la negativa, la importancia de vencer en un debate con razones a escasos días del triunfo en las urnas de la pobrísima --considerando la complejidad de la vida pública-- lógica ABL.

Articulaciones y derivaciones simbólicas y culturales, que les llaman.

martes, 29 de octubre de 2013

29O (primeras impresiones acerca del fallo de la Corte sobre la ley de medios)

La Corte Suprema de Justicia hace política. Vaya novedad. El fallo publicado esta tarde estaba listo hace tiempo, los integrantes del máximo tribunal fueron calibrando el mejor momento para firmarlo.

Y no había mejor oportunidad que ésta: apenas confirmada la derrota electoral más dura en diez años de existencia del gobierno que lideró la sanción de la ley audiovisual. De hecho, Clarín siempre organizó su estrategia de desacato a la ley 26.522 a través de los tiempos electorales: calculando que un debilitamiento del kirchnerismo en ese territorio se replicaría automáticamente en el de la desinversión a que se ve obligado. Ocurrió exactamente al revés. Porque Ricardo Lorenzetti decidió hacer valer, a base de muñeca política, que le sobra, su lugar. Cuidando de no quedar pegado a ninguna de las partes del litigio. En beneficio propio, más vale. 

Será gracioso ver cómo hace ahora Clarín para argumentar denuncias sobre hipotéticas presiones del gobierno nacional a la CSJN a escasas 48 horas de haber sentenciado mediáticamente el fin del ciclo kirchnerista.

Que, explicaron, se encamina rumbo a dos años de esterilidad política.

- - -

Nosotros, a propósito de lo anterior, hemos dicho: “La desinversión de Clarín que ordena la 26.522 (…) consumirá, hasta agotarse por completo, no sólo todo lo que resta del mandato de la presidenta CFK --que, inexorablemente, finalizará el 10 de diciembre de 2015--, sino, además, más que muy probablemente también el de quien resulte ser elegido para sucederla hasta el año 2019. (…) Dicho sencillo: no habrá, al menos por largo tiempo, y esto es casi indiscutible, posibilidad de articular aprovechamiento político con la puesta en regla de Clarín.”

Eso por una advertencia previa que había aportado el jurista Gustavo Arballo, en su blog, el 25 de septiembre de 2009.

Que decía: “(…) los actores grandes del mercado de medios audiovisuales van a iniciar una guerra de guerrillas contra la Administración, litigando en sede administrativa y luego en sede judicial los mecanismos de transición. Cosa muy complicada, la cirugía bucomaxilofacial de la hidra de mil cabezas va a llevar tiempo y un pallet de anestesias y cautelares. (…) El cronograma y las bazas de esa transición no la puede controlar absolutamente el gobierno, no porque no pueda ser mayoría en la autoridad de aplicación, sino porque hay algo que se llama ‘control judicial’, que va a ser aquí persistentemente requerido y monitoreado, y uno piensa, prestamente ejercido.”

Esto es lo que se viene. La constitucionalidad de la ley, que de por sí ya implicó un laberinto judicial, abre paso a muchos otros, a los fines de hacer operativos los mecanismos que han recibido convalidación constitucional. El impacto en el plano específico que importa al asunto demorará aún más en hacerse efectivo, notorio y eficiente. Lo que, en cambio, sí será inmediato es lo que surge del dato político: la capacidad del Grupo Clarín de operar para mantenerse al margen de la ley encontró sus límites. Ahora en Tribunales, antes había sido en los poderes electivos.

Eso se está haciendo sentir en “los mercados”, como bien cuenta acá Mariano Grimoldi.

- - -

“Para los defensores de la ‘democracia abstracta’, esos que festejan la ‘continuidad’ inaugurada en diciembre del ‘83, el fetichismo de las urnas sigue siendo el corazón del sistema político. Los que no compartimos las alegrías fáciles, señalamos que democracia sin igualdad ante la ley (igual delito, igual pena), con impunidad sistémica para los crímenes de lesa humanidad, una democracia que conservaba en las tinieblas a los beneficiarios de la dictadura burguesa terrorista del ’76, no es siquiera formal; más bien se trata del mismo programa del partido del estado bajo control parlamentario; tan así, que votaras lo que votaras los mismos hacían lo mismo para beneficiar del mismo modo a idéntico bloque (…)”


Y agregaba: “(…) en lugar de celebrar ‘continuidades’ como las tres décadas democráticas nosotros festejamos discontinuidades, puntos de ruptura, estallidos sistémicos. (…) Y si bien el oficialismo logró elevar el escandaloso piso de la catástrofe social (un país que produce alimentos para 350 millones de personas, no logra alimentar decorosamente a 40 millones) no logró plasmar un nuevo proyecto colectivo, ni cambiar el bloque de clases dominantes, ni terminar de alterar el sistema de valores compartidos.”

Este expediente discurre por el carril de un quiebre, como lo pide Horowicz. Implica un avance en dirección a la domesticación de Clarín. A la liquidación de su capacidad de influir en los procesos políticos, sociales, culturales y económicos del país, como lo ha hecho en forma determinante, y sin pausa, desde su fundación en el año 1945. Y que en realidad forma parte del comportamiento táctico/estratégico de un sujeto colectivo, a cuyo provecho se estructuró el orden socioeconómico inaugurado el 24 de marzo de 1976. Es decir, excede al actor de esta causa.

Este tipo de sucesos escapan de la voluntad inicial de sus productores en sus efectos, generalmente. Se proyectan hacia los restantes componentes del consorcio que el holding propiedad de Ernestina Herrera de Noble conduce, expresa, sintetiza y vocea.   

A horas de celebrarse los 30 años de la recuperación de la democracia formal, un mojón, una herramienta importante en la carrera hacia la democratización material de la sociedad.

- - -

No es, pues, menor el detalle del voto en soledad de Carlos Fayt a favor de Clarín. Acá no haremos mérito en ningún sentido del ministro más longevo del tribunal, pero el dato objetivo es contundente: Fayt asumió su cargo actual y desarrolló la mayor parte de su mandato durante la denominada democracia de la derrota, el período de nuestra historia durante el cual el Estado no fue otra cosa que la instancia de mera convalidación de decisiones orquestadas de modo extrainstitucional.

La puesta en crisis de esa epistemología todavía encuentra resistencias a la somatización en lo jurídico, refugio de los privilegios que ahora sufren interpelación. Pero quizás cada vez sean menos. Ojala. 

lunes, 28 de octubre de 2013

Los laberintos de una derrota electoral que no liquida un ciclo histórico (primeras reflexiones)

Toda elección contiene, aporta dos elementos. Distintos, pero que se intervienen recíprocamente. 

Producen, pues, por un lado, un determinado dibujo institucional. Y, a la vez, organizan un clima político, a través de la traducción de otro, anterior, a partir y a través del cual se concurre a las urnas. Son un cóctel de pasado, presente y futuro. El descontento para con la gestión del gobierno nacional ha merecido recepción parlamentaria. Ahora comenzará otro tipo de debate. Mejor. Porque siempre será preferible que haya canalización formal de estas cuestiones. El fenómeno cacerolero, explotando sin rumbo no era buen consejero.

Pero: maticemos. La presidenta CFK habló en uno de los reportajes que recientemente concedió de la cosmovisión de país sobre la que se edifica el espacio que ella conduce, con el peronismo tradicional como eje. El debilitamiento que desde ayer sufre esa manera de entender al gobierno y al Estado, al margen que en muchos casos se ha alimentado del repudio hacia déficits de eficiencia, que no ideológicos, del oficialismo, es el que determina que el resultado no pueda ser calificado de otra forma que la siguiente: el kirchnerismo perdió las elecciones legislativas de 2013.

Entonces, hay que pasar a discutir la dinámica que vincula al llamado mensaje de las urnas con la fría matemática de las bancadas legislativas que emergieron de esta renovación. El kirchnerismo conserva fuerzas casi intactas medidas en términos de bloques parlamentarios. Sin embargo, son varios los dirigentes que se han ganado un boleto para discutir la puja sucesoria que se aproxima.

Los recursos políticos aspiran a un horizonte propio, también. Y si el Frente para la Victoria no puede ofrecer eso, lo que no equivale al latiguillo reeleccionista descartado ya incluso por la propia Cristina Fernández, lo que no tendrá, no es ya posibilidades para 2015, sino, y peor, posibilidad de incidir en los dos años que aún le restan de mandato. Para una fuerza que pedalea sobre un programa de transformaciones, es demasiado arriba lo que se hace la cuesta.

De todos modos, se cuenta, y no es menor, todavía con el gobierno nacional y varios provinciales. Hay con qué intentar la remontada: se trata --tan sencillo, pero a la vez complejo-- de querer modificar el asunto. De hacer política, en definitiva.

- - -

Hay quienes dicen que el kirchnerismo no podrá emprender una remontada similar a la de 2009 porque “ahora” ha surgido una opción distinta al interior del propio peronismo. La candidatura de Francisco De Narváez hace cuatro años también estuvo apoyada en sectores disidentes del partido. Y aunque Sergio Massa ostenta un rango superior al del colombiano en todo concepto, fundamentalmente porque tiene habilitada la alternativa presidencial, él mismo, según se desprende de la radiografía de su voto y de sus declaraciones, ha elegido crecer articulando hacia sectores del no peronismo. En parte porque ocupa un lugar que estaba disponible sin él haber tenido parte en su construcción: de ahí su oferta electoral policromática.

Varios de los gobernadores kirchneristas remontaron la mediocre performance que habían tenido en las PASO. No está clausurada para Cristina la opción de armar con ellos, mixturando eso con la gestión.

El significado del sufragio, siempre, pero más en esta oportunidad porque --se reitera-- proviene desde un enojo plagado de imprecisiones, es difícil de determinar con precisión quirúrgica. Hay por delante la tarea de revitalizar la agenda de sectores a los que pretende dirigir su representatividad el kirchnerismo. De forma tal que recupere terreno en el debate público el universo que sustenta un programa de tal calibre.

Si se logra eso, el litigio sucesorio será mucho más sencillo.

domingo, 27 de octubre de 2013

Hoy se cosecha la siembra de Néstor Kirchner

En los últimos días, se difundió un spot/tributo a Néstor Kirchner, de cuyo fallecimiento se cumplen tres años en el día de la fecha. Vengo a proponerles un sueño, se llama. Frase que formara parte de su discurso de asunción presidencial en 2003. Se recuerdan, en el video, además, otros pasajes destacados de aquella inauguración, repetidos a coro por distintas personalidades del mundo artístico y del común, en conjunto con la voz de Lupín. La más famosa de las cuales, según el consenso mayoritario, es la promesa que hizo de no dejar sus convicciones en la puerta de entrada de Casa Rosada.  

A mi criterio, en cambio, lo más importante que dijo NK ese día fue que él aspiraba, en nombre de la dirigencia política toda, a cambiar los paradigmas desde los que se analiza el éxito o el fracaso de una gestión.  

Con esa definición se iniciaba en Argentina, con todos los matices que pueden caber al respecto, el tiempo social que hasta entonces la democracia (que cumplirá 30 años dentro de pocos días) no se había permitido integrar a sus programas de gobierno. Cada cual evaluará si el kirchnerismo cumplió o no en esa materia. Lo que es indudable, porque está fresco, es que por estas horas se está votando y las fuerzas opositoras, al menos discursivamente, han debido incorporar aquel concepto de Kirchner. Han variado los costos políticos de decir, o de callar, ciertas cosas.

Durante la campaña para estas elecciones se oyó hacerse mucho hincapié en la necesidad de subrayar las continuidades esenciales que existen entre los distintos gobiernos en tres décadas desde recuperada la democracia. Porque todas explican el país actual. A partir del lunes tocará trabajar para soldarlas más allá de lo retórico. A horas de sufrir la que probablemente será la peor derrota electoral en diez años de existencia, a quienes integramos el espacio oficialista nos debería quedar al menos el sabor dulce de ese aporte.

Si bien de modo extraño, hoy verificamos que, tal vez, se va afianzando una de las máximas aspiraciones que tuvo Kirchner al asumir. (Quizás no tanto, y en todo caso ése será el mejor combustible para lo que sigue en adelante.)

A su memoria vaya como homenaje a 36 meses de ausencia física, pues.

jueves, 24 de octubre de 2013

El futuro llegó hace rato

Acá tenemos costumbre de respetar la veda, aunque en la red no es obligatorio.

No sabía bien qué decir que pudiera resultar original como cierre previo a la emisión del sufragio del próximo domingo. Por otro lado, desde lo analítico tampoco queda mucho por agregar. Sobre todo, estando el resultado puesto: Sergio Massa va a ampliar su triunfo del 11 de agosto pasado. El asunto será, a partir del lunes que viene, intentar descular el escenario que organizará este voto de cara a 2015.

Hace un par de horas me dio por revisar en Facebook el muro del programa Pro.Cre.Ar. Por entremedio de mensajes de alegría y agradecimiento, pude encontrar tramitando el asunto a gente a la que le conozco repugnancia por el gobierno nacional. Y está muy bien. El kirchnerismo va camino a perder una elección aún con la entrega de millones de AUH y Netbooks, de miles de propiedades y, por mencionar otra al azar, de la televisación gratuita del fútbol.     

Esta elección, entonces, va a entregar como conclusión que el pueblo ostenta una madurez y una calidad ciudadana muy superior de la que se desprecia en ciertos análisis que con el fin de lastimar políticamente desatienden otras heridas que pueden producir al mismo tiempo.

La segunda novedad interesante será el casi seguro ingreso del trotskismo al Congreso Nacional. Un avance gigantesco en términos de pluralidad democrática.

Las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias, como política que se pretende de Estado --cosa que habrá que comprobar luego de la sucesión presidencial, dentro de dos años--, debutan con la paradoja de reportar sus primeras consecuencias con beneficios para un partido en cuyo ideario pedalea principalmente la idea de combatir al Estado como ropaje destinado a encubrir relaciones de dominio clasista. Y tienen, en buena medida, razón de pensar así. Pero también ya han logrado un milagro para la candidatura presidencial de Altamira, marca que van a superar. Nada es tan fatal, pues.

- - -

Es muy probable que, en lo inmediato, nadie vaya a reconocer en esto méritos al oficialismo. Es lógico, se trata de un rasgo identitario típico de la competencia comicial. Lo central, de todos modos, es que éstas y otras cuestiones vayan confundiéndose en el paisaje con naturalidad, que será la mejor forma de aportar espesor republicano a la democracia argentina, a 30 años de recuperada ella definitivamente. Ahora, se trata de cualificarla. Tampoco se puede negar al kirchnerismo derecho a recordar su aporte a estos respectos. Es parte del juego.

En realidad, no sé si estoy diciendo lo correcto, o si logro expresar lo que pretendo con toda la exactitud que requiere. Y quizá no importe tanto, tampoco. En cualquier caso, el domingo no empieza el futuro. Ni cosa parecida. Porque nunca eso tiene fecha de inicio si es cierto que hay la voluntad de conservar intactas ciertas conquistas que, se reitera, dieron un paso gigante: la indisponibilidad electoral. Es el saldo de una derrota. ¿Será conformarse con poco?

Es lo de menos. Que así sea, y ya.

lunes, 21 de octubre de 2013

Ley de AUH: ¿es realmente tan necesario eso?

Resulta llamativo que se diga que la mejor forma de proteger a la Asignación Universal por Hijo es sancionarla por ley. Eso, cuentan quienes así lo entienden, la blindaría frente a posibles intentonas de quienes tuvieran en mente desactivarla. Una visión, a criterio de este espacio, extremadamente formalista de la política, ésa.

El elemento institucional, más vale, merece ponderación significativa. No se trata aquí de decir lo contrario, sino más bien de matizar su incidencia en la ecuación general de las cosas. Así como la ideología, opinan generalmente los mismos que acá se intenta rebatir, no puede ser el único valor que se computa en la discusión pública --dictamen con el que se puede coincidir perfectamente--, los ropajes jurídicos no implican garantías ad eternum. Es decir, no pasa por negar que el Congreso intervenga al respecto, sino por mensurar bien los fundamentos que sustentan tal curso de acción.

Las mayorías legislativas pueden variar, y aún sin necesidad de que ello suceda los acuerdos partidarios pueden acudir en auxilio. Más bien debiéramos inquirir en la voluntad programática de los actores que componen el actual escenario dirigencial argentino: si, como se insiste, todos están de acuerdo con la AUH, ¿cuál es la cuestión con que sea DNU y no ley? No deroguen el DNU y ya. Los costos serían los mismos en cualquiera de los casos. Esto genera ruido. Distinto sería meter esa ayuda social en la Constitución Nacional. Para cuya reforma se requieren, sabiamente, mayorías agravadas. Pero, recuérdese, ya se ha dictaminado que aquí “la Constitución no se toca”. 

La AUH es un decreto sencillamente porque así se reconfigura con mayor facilidad el universo sobre el cual impacta, lo que ha ocurrido varias veces desde que se la instituyera.

Arturo Sampay enseñó que reglamentar ciertos asuntos a veces puede equivaler a neutralizarlos en la práctica. Y caído el general Perón, con huelga constitucionalizada y todo, hubo palo para los obreros. Aún cuando se declamaba conservar las conquistas sociales del primer peronismo.

Da como para pensar en las equivalencias históricas.

viernes, 18 de octubre de 2013

Pensando el poder más allá del 27O

En los últimos días se ha podido leer dentro del kirchnerismo --al cual este espacio no dejará de pertenecer en función de reveses electorales o multas de tránsito-- que varios interpretan como esperanzadoras ciertas declaraciones de Sergio Massa. Que anduvo alertando con que luego de 27 de octubre la presidenta CFK “insista” con la re reelección --que nunca intentó, siquiera--, o con el “avance sobre la Justicia”, que acá llamamos reforma de los tribunales y el sistema judicial. 

Cuestiones semánticas al margen, pues son lo de menos, entendemos que los/as compañeros/as harían mal en concluir “si Massa dice eso es porque la cosa se puede estar dando vuelta”. Pues, no.

Que quede claro desde ahora, y para que no sigamos dando vueltas con cuestiones ya resueltas: el massismo va a repetir el 27 de octubre venidero su triunfo del 11 de agosto último, de seguro con mayores márgenes. No hay golpe en la cabeza, para tranquilidad de Joaquín Morales Solá, Luis Majul, Alfredo Leuco y Nelson Castro, que vaya a alterar eso. Punto, y pasemos a otro tema. La discusión pasa a ser, entonces, y en realidad ya está siendo, la del escenario post eleccionario y el que comienza a organizarse a partir de ello tanto como a organizar la carrera hacia la sucesión presidencial de 2015.

Para ir rápido al punto: el jefe del Frente Renovador ha iniciado la construcción de su razón de ser a partir de su asunción como diputado nacional.

Tanto él como sus laderos han instalado sus respectivas imágenes desde el hacer en el día a día de la gestión municipal, donde el impacto se nota mucho y rápido. Eso le bastó para imponerse en una disputa en la que el valor gestión adquirió un relieve de rango superlativo. Pero en adelante le toca ver cómo podrá destacarse en medio de 257 pares, la mayoría de los cuales cuentan con mayor experiencia que él en esas ligas. Porque, además, la agenda que mayormente intentarán articular legislativamente tiene cabida en la PBA y no en Nación, que es donde recalará la figura de mayor peso.

La variable institucionalista puede ser la ruta por la que aguantar arriba en el ranking durante dos años en los que las realizaciones se notarán menos.

Manuel Barge, histórico del peronismo tradicional y referencia obligada a la hora del análisis del mismo, explicó, en una entrevista con la Agencia Paco Urondo, que, mientras Martín Insaurralde retuvo el voto más duro del peronismo (los del segundo y tercer cordón del conurbano de PBA, donde la proporción, cuenta Barge, fue 65/35 a favor del FpV), Massa representó una variante encargada de “vaciar de contenido los votos que, en teoría, tendrían que haber ido para el no peronismo, los republicanos, o sea votos que fueron para Alfonsín en el ’83 y en el ’85.” Y agregó que captó a un electorado que requiere de alguien “que dé una imagen lo menos peronista posible. Que sea peronista pero que no lo parezca.”

Incluso Luciano Chiconi dijo cosas parecidas apenas anunciada la candidatura del intendente de Tigre: “Las pretensiones de la candidatura de Massa están claramente relacionadas con esa eterna búsqueda voraz que tiene el peronismo por capturar nuevos esquemas (tanto simbólicos como prácticos) de representación.”

El Frente Renovador tuvo la virtud de ofrecer una construcción más seria, porque nace desde anclajes territoriales y estatales, y con posibilidad de duración consolidada. El sistema político se había desequilibrado con peligrosidad durante 2012, cuando la seguidilla cacerolera explotó en el vacío de una representación opositora que no era tal desde que el segundo espacio en las elecciones generales de 2011 había acabado a casi 40 puntos de distancia de la triunfante Cristina Fernández.

En cualquier caso, queda claro, como hasta el hartazgo hemos venido diciendo, que no habrá lugar para continuar lo bueno y cambiar lo malo, habida cuenta que Massa ha crecido a partir de sectores fuertemente contradictores del oficialismo nacional. Sólo se trata de seguir confirmándolo. Verificando cómo el personaje en cuestión va amoldando sus acciones a los contornos del tipo de representatividad que las urnas le han dictado. Racionalidad instrumental de la más pura.

Al kirchnerismo le toca, de aquí y hasta el 27 de octubre, reducir daños, impidiendo que ingrese el Frente Renovador a su territorio representativo. Y de allí en más, iniciar la reconquista de los sectores oscilantes que lo acompañaron en 2011 y ahora se han ido con el massismo a base de, como dijera el filósofo quilmeño Aníbal Fernández, probarse como mejor garante del cuidado de los garbanzos. A tales efectos, ante todo requiere de ofrecerle al peronismo una alternativa de poder hacia 2015, frente a la incertidumbre que representará un FR crecido a través de las realizaciones a la hora de tener que reinventarse parlamentariamente. Las elucubraciones han explorado un parate debido a la convalecencia de CFK. 

Sin embargo, la posibilidad de reconfigurar el gabinete en función de iniciar un bosquejo sucesorio puede que indiquen que ella está pensando en esa dirección.  

miércoles, 16 de octubre de 2013

Revelaciones, confirmaciones

"El escándalo complicó las posibilidades de Daniel Filmus para conseguir la reelección como senador en la Capital, que ya estaba en seria discusión", comenta en La Nación de hoy Joaquín Morales Solá sobre la operación Juan Cabandié.

¿Y contra quién decíamos nosotros en Segundas Lecturas, el lunes --es decir, antes de que se publicara la columna de Morales Solá al respecto--, que estaba dirigida esta maniobra? Nos auto citamos para recordarlo: "(...) la banca que Daniel Filmus ocupa por la minoría de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, y que buscará revalidar dentro de 15 días, deviene fundamental, decisiva."

Hoy Joaquín Morales Solá, sincericidio mediante, ha develado el misterio (que, en realidad, no lo era), otorgándole la razón a nuestra hipótesis. El objetivo del establishment el próximo 27 de octubre es el Senado. Más específicamente, evitar que Filmus conserve su lugar en el cuerpo. Eduardo Van Der Kooy, en Clarín --también del día de la fecha--, va por un carril similar: “(…) la indecencia pública y ética del candidato del FPV porteño propagó su onda expansiva contra Martín Insaurralde, el postulante K bonaerense, contra Daniel Filmus, que debe revalidar su banca de senador por Capital (…)”.

Son demasiado fáciles estos señores. Muy obvios. Se les notan los hilos, y se les escapan de los labios --inconscientemente, por acostumbramiento a la impunidad o porque sencillamente creen que todos los demás somos imbéciles-- las mugres que organizan.

No más por decir, su señoría.

* * *

Hoy nos enteramos por intermedio de Romina Manguel que la Corte Suprema de Justicia estaría cerca de publicar el fallo sobre el planteo que respecto de la inconstitucionalidad de la ley audiovisual promovió el Grupo Clarín S.A. contra el Estado nacional, con victoria 4 a 3 a favor de la posición oficial.

Extrañamente, o quizás no tanto, el domingo último, Joaquín Morales Solá y Eduardo Van Der Kooy, en coincidencia, deslizaron, en sus respectivas y habituales columnas de opinión, acusaciones contra distintas figuras del gobierno nacional, llegando incluso a la propia presidenta CFK en dicha tesitura, por supuestas presiones que habrían ejercido sobre la Corte a los fines de conseguir una sentencia, a favor por supuesto, antes de la elección del próximo 27 de octubre.

Cuando uno leyó esas versiones, con el duopolio sonando a coro de modo tan evidente, podía intuir que venía por este lado la cosa: la conveniente apertura de paraguas, que le dicen.