viernes, 21 de septiembre de 2012

Callejón cacerolero II

Vamos a poner en claro, resumiendo, algunas cuestiones que quedaron boyando respecto del post anterior, acerca del caceroleo y un interrogante que disparó, a saber: que uno diga que en términos de proporcionalidad lo del jueves 13 septiembre no modifica nada de modo sustancial, no equivale a negar que varias cuestiones del escenario político serán, en adelante, distintas.

Es decir, el 55/45, oficialismo/oposición, establecido en octubre último es lo que uno entiende que no se ha alterado. Incluso la encuestadora opositora Poliarquía publicó en La Nación hace pocas semanas un trabajo en el que arroja 51/47, siempre a favor del gobierno nacional. Es decir, no existe gap importante entre los números del oficialista Artemio López y los de una usina del pensamiento adverso al suyo. Aún si se admitiera una reversión, por decir algo, de 10 puntos en detrimento de la imagen de la doctora Fernández --es decir, sosteniendo valores pero en términos invertidos--, la situación no es nada dramática para el oficialismo.

Alguna vez Carlos Pagni alertó a su tropa que el 35% kirchnerista --escribía Pagni en 2009/2010, me da paja fiaca buscar el link ahora, pero prometo que estoy respetando la esencia de lo dicho por el periodista opositor de LN-- implicaba, por sus características de solidez y cohesión, y por su estructuración en torno de un liderazgo y programa únicos e inconmovibles, un dilema de gobernabilidad para lo que entonces se aventuraba que ineluctablemente se venía: el poskirchnerismo, que tantos best seller originó.

Si con un 35% de adhesión se conservaba, según cráneos no oficialistas, poder de fuego, hoy en día, con un panorama general no muy distinto al de entonces --salvo por el pequeño detalle de que las fuerzas propias en la correlación de fuerzas al interior del peronismo han aumentado--, mucho menos. Sobre todo, frente a un panorama de oposición todavía mucho más dispersa e incapaz de construir visibilidad alternativa consolidada ninguna.

El asunto es otro, y coincidimos en ello con analistas opositores: la posibilidad de que se establezcan lazos de solidaridad entre la, ha de admitirse, amplia franja de descontentos que existe. Un populismo opositor, digamos. Y se reitera: la novedad pasa por el hecho de personas que si el año pasado eran consultadas acerca de su opinión sobre el gobierno nacional contestaban “no me gusta”, y que si son inquiridas hoy expresan “no los aguanto más”. La radicalización del segmento antikirchnerista; más aún, la consolidación de la existencia de tal cosa.

El general Perón solía discutir con John William Cooke, que le reclamaba definiciones más tajantes respecto de la lucha de clases, refutando a Bebe con aquello de que “si vamos solamente con los buenos, entonces nos quedaremos con muy poquitos”, por lo que planteaba la conveniencia de extender la configuración populista para el esquema de representatividad del movimiento.

Y no es que acá se quiera acusar a nadie de maldad ni cosa por el estilo, pero lo cierto es que:

a) Si se pretende continuar con el proceso de transformaciones inaugurado en 2003, será ineludible, para el kirchnerismo --nótese que no digo, e intencionadamente no lo hago, para la presidenta CFK--… ganar elecciones: es decir, convocar mayorías.

Y conviene atender a que dentro del 54,11% existe una franja, minoritaria pero no desdeñable, que pretende de este espacio lo que la motivó a optar por él el año pasado: preservación de la certeza de que otorgar la administración del país a cualquier opositor/a es una irracionalidad demencial; sin pretensiones revolucionarias, ni siquiera reformistas: paz y administración.

b) Conectado a lo anterior, y en aras, además, de garantizar un juego político negociable, razonado y sensato, y un día a día sin tener que estar ganando la calle todas las semanas, reconfigurar ciertas variables de gestión que permitan al gobierno nacional, sin alterar los núcleos programáticos centrales, canalizar las expresiones sociales que refutan varios aspectos cuya revisión no supondrán dolores de cabeza mayores.

- - -

La opción que por la Presidenta hicieron en 2011 muchos ciudadanos/as que no se definen ideológicamente como aspecto central de la decisión de su voto, permite ser optimistas respecto de la capacidad del gobierno nacional de adecuarse a ese nuevo estado de situación: el de haberse constituido en ventanilla única de reclamos y/o reivindicaciones para la sociedad argentina. Y la obligación de representarlo que supone.   

Más aún: muchas veces se dijo del kirchnerismo que sería incapaz, luego de la mega crisis con las patronales agrarias y el conglomerado de medios dominantes, de perforar su condición minoría intensa. Ello no solo se refutó en las PASO: más aún, en dos meses, de agosto a las generales de octubre, el FPV logró incorporar 1.102.838 votos; lo que lo llevó del 50,21% de las primarias al 54,11% final por todo concepto. Dicho de modo sencillo: nada es irreversible en política: pero eso si, justamente, se hace política.

Se trata de asumir en su completitud la anatomía que la sociedad hizo emerger en las últimas elecciones, simplemente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Piense distinto, con pluralidad y objetivamente, aquí: