lunes, 23 de julio de 2012

Qué les pasó (2 de 2)


Decíamos que las peripecias sufridas tanto por Hugo Moyano como por Daniel Scioli en sus respectivos intentos de disputar el liderazgo partidario de Cristina se explican mejor a partir del estudio de sus incapacidades tácticas/estratégicas en la conducción de los espacios internos que encabezan, y no a defecciones personales para con la Presidenta. Anotamos que sobreestimaron sus posiciones en la correlación de fuerzas.

Moyano se hizo secretario general de CGT sólo a partir de que Néstor Kirchner le otorgó la carta del privilegio en la interlocución Gobierno-CGT, con que HM contó hasta hace muy poco. Sólo así pudo compensar lo que era, es y siempre ha sido su posición desfavorable en el conteo de porotos cegetistas.

El camionero dejó de lado ese dato, clave en el proceso de construcción de su poder; más aún, pretendió ir en contra del mismo. Así las cosas, su espacio enflaqueció muchísimo: numéricamente hablando, y también en espesor conceptual y programático. Ni que hablar en términos de coherencia, apenas se observa el zig-zag declarativo y que, en términos de definiciones, protagonizan sus espadas más importantes, la mayor cantidad de ellos cuadros muy valiosos --su hijo menor y formado, Facundo, más Piumato y Schmidt, entre otros; versus los rebuznos su hijo mayor y bruto, Pablo, o el igualmente chato (y pro patronal) Venegas--.

Por esa hendija, se insiste, se coló la posibilidad que aprovecharon sectores que vehiculizan a través de Moyano sus cuitas particulares con el Gobierno, pero que guardan para con la representación obrera contradicciones insalvables. Ergo, el programa político de la CGT Moyano carece de bases de sustentación sólidas para discutir con el kirchnerismo que integró o acaso aún integra.

Daniel Scioli, por su parte, ha sido electo gobernador dos veces consecutivas, ambas con su boleta pegada a la de CFK. Tanto en 2007 como en 2011, Cristina obtuvo mayor cantidad de votos que él.

Los que lo quieren transformar en su gran esperanza blanca, en el hombre que les permita hacer implotar al kirchnerismo, sostienen lo contrario, a partir del mero cotejo de porcentuales entre la Presidenta y el gobernador. Mal hecho: ellos surgen de los votos afirmativos validamente emitidos --en la categoría gobernador los suele haber en mayor cantidad que para presidente--, y además existen categorías de extranjeros habilitados a elegir mandamás local, pero no nacional. A valores similares, fue Cristina la que primó siempre. Además, suena medio increíble que alguien decida tragarse el sapo de un presidente que no quiere para tener el gobernador que sí desea.

(Vale decir, dato de color, que poca falta haría tal análisis: con sólo observar una boleta de elecciones generales, que en provincia de Buenos Aires ha tenido 5 y 6 cuerpos según el año que se hable --en 2011, a diferencia de 2007, se eligieron allí senadores nacionales--, y en la cual la de gobernador va en medio de ellos --en tercer y cuarto lugar, respectivamente--, torna ridícula la suposición de posibilidad de arrastre de gobernador a presidente; en todo caso habrá sido viceversa.)

La sucesión de cruces de los últimos días mostró un Scioli aislado de organicidad activa al interior del PJ más allá de su propio equipo de gobierno. No le responden intendentes importantes, por caso; ni tampoco la CGT Moyano, que pareció apoyarlo en algún momento, fue más allá de un cotorreo de micrófono. Por fuera de encuestas que suelen mostrarlo con más apoyo que Cristina pero siempre en años no electorales, los apoyos de La Plata son más bien endebles.

Números, por otra parte, cuya veracidad debe ser puesta en duda. De otro modo, ¿cómo entender que una Presidenta cuya ponderación popular es supuestamente menor a la propia le marca el juego tan fácilmente? El mejor de los escenarios, el de encuestas de opinión que lo mostrarían primando en una puja que además no está claramente establecida, no del todo al menos, lo deja a Scioli igualmente mal parado.

No sorprende: ¿o acaso se cree en serio que se trata de un pusilánime que acepta la supuesta imposición de un vicegobernador y el igualmente presunto copamiento de la legislatura local? Ocurre que es lo que le marca la correlación de fuerzas, no tiene cómo, ni quiso intentar, evitarlo. Probó ahora ver si esa tendencia había cambiado, al comprobar que no se llamó a silencio prontamente.

Hasta nuevo aviso, claro; pero no debe esperar que algo cambie si no opera en función de que así suceda. No podrá con las complejidades a las que debe enfrentar si continúa, como hasta ahora, cuidando el mango y cultivando su imagen y nivel de relacionamiento personal con lo extra institucional, de lo que se beneficia no más que él; herramientas, por ende, a partir de las que le es difícil establecer alianzas firmes.

En definitiva, Moyano y Scioli son segmentos del kirchnerismo. Sus fortalezas se explican, ante todo, por el rol que ocupan en tanto expresiones del esquema colectivo que integran en los planos específicos en los que a ellos les toca intervenir como representación particular del mismo. El intento de convertirse en nueva síntesis de todo ello, supone la necesidad de una reconfiguración total de lógica de acción política, muy distinta a la que están acostumbrados ambos. La opción de la ruptura, encima, a la fecha, supone un salto al vacío total y absoluto; por fuera del kirchnerismo no existe sujeto social, fuerza capaz de sustentar alternativa alguna. 

Y Cristina es, también por estas horas, el punto único de garantía de continuidad del marco que mejor los ha contenido, tanto a Moyano como a Scioli. Tanto como el punto de crisis, en tanto entiendan que liderar supone la necesidad enfrentarla. Un brete demasiado complejo como para intentar desanudarlo con tan poca maña como la que hasta ahora han exhibido. 

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