domingo, 22 de julio de 2012

Qué les pasó (1 de 2)


Discutir lealtades o traiciones --tanto como pulsiones despóticas--, puede resultar interesante, de hecho remite a elementos que deben incluirse en la ecuación del análisis político. Está claro que son valores caros al peronismo; pero sirve poco para explicar disputas políticas, sobre todo internas.

Lo que no debe hacerse jamás es sobredeterminar la incidencia de ninguna variable, cualquiera ella sea. Otro tanto, explicaban Artemio López y Eduardo Rinesi, sucede con la cuestión ideológica. Nada es todo. En cuanto hace a Scioli y Moyano, lo menos interesante del caso, porque responde a la lógica liberal de centrar exclusivamente la atención en individualidades, es discutir una fidelidad que además no creo que le deban a CFK, sino a sus propias bases representativas.

Lo colectivo es más rico, y ofrece mejores respuestas o guías explicativas. Entonces, no se trata de giros personales, sino de impericia para la conducción política por parte del gobernador bonaerense y del camionero. Sus espacios no se han desplegado con fuerza sino al interior de la amplia gama que conduce la Presidenta. Fuera de allí, está por verse si logran evitar la testimonialidad tipo Alberto Fernández o Felipe Solá.

Es decir, y atendiendo que “más vale pájaro en mano”, ambos apuraron una apuesta muy tipo “salto al vacío”, posados sobre pies de barro, desatendiendo antecedentes frescos que demuestran cabalmente la fatalidad de empresas similares y haciendo caso omiso a los fierros reales con que contaban para lanzarse, especialmente con tanta antelación --datazo, éste, siendo que ciertamente habrá disputa interna de cara a 2015, haber apurado los tiempos--. Que se ha repetido ahora. Fracasaron como conductores, erraron táctica y estratégicamente.

Dicho de otro modo: Moyano no está ahora aliado a Magnetto ni a Pando, pero sí ha abierto un espacio en su hoja de ruta que, por el motivo que fuere, ha permitido realineamientos tales que hubieran resultado inimaginables y que no suenan para nada atractivos como programa político para el movimiento obrero.

Y entendiendo, se insiste, la inteligencia que informó a dichas movidas, la misma que para la hora del análisis acá repugnamos, no suena que resulte muy apropiado que encima se pretendan encarar agitando peronómetros.

Con ese último dato a mano, y tal como ha dicho el amigo Lucas Carrasco, fácil era, pues, prever un desenlace con victoria de Cristina.

2 comentarios:

  1. Muy bueno, como siempre.
    Creo que lo que asusta de Scioli al kirchnerismo cultural, es precisamente esa capacidad para ensanchar su base de apoyo por centro y derecha.

    Abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo creo que quiere ser. Y tiene derecho, digamos. ¿Por qué debería no querer? Pero, evalúa mal sus fuerzas. Debería pensarlo todo de nuevo. Pero es cierto algo que decís, el kirchnerismo toma fuerzas de la disputa y Scioli no cree en la disputa. Ahí hay un conflicto. Hace a algo que yo decía sobre Alberto Fernández hace un tiempo: la discusión sobre qué es el kirchnerismo y sobre cómo es. Quizás estamos asistiendo a la explicitación por parte de Scioli de su desacuerdo acerca de lo que significa lo que integra.

      Abrazo.

      Eliminar

Piense distinto, con pluralidad y objetivamente, aquí: